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21/05/2019 07:26 CEST | Actualizado 21/05/2019 07:26 CEST

Europa, acosada; la democracia y el Estado de bienestar, en peligro

Tom And Steve via Getty Images

Europa, comenzó su proceso de unidad contemporánea -antes hubo otros a espada, arco, cañones, gas mostaza, sangre y fuego- proyectando un ‘mercado común’. La realidad es que tras la gran matanza que fue la segunda Guerra Europea –luego se mundializó- algunos visionarios europeos idearon una fórmula, bastante simple y a la par de una sofisticada pero eficiente complejidad para abordar varios desafíos a la vez.

Francia y Alemania eran los dos grandes enemigos jurados. Una manera de evitar nuevas fricciones que terminaran en mortales hazañas bélicas en el futuro consistía sencillamente en amigarlos. Parecía imposible. La Primera Gran Guerra y la Segunda –dejando de lado al régimen colaboracionista de Vichy- los había enfrentado a muerte. Alemania, por ejemplo, se lanzó siguiendo al cabo Adolf Hitler por la humillación que recibió en el Tratado de Versalles por el bando aliado ganador que le impuso unas indemnizaciones que, para muchos alemanes, los convertían en esclavos por generaciones. Eso fue una lección que se tuvo en cuenta por los vencedores de la Segunda: primero, el Plan Marshall, después, eficaces instrumentos, políticos, económicos  y militares de colaboración multilateral.

Así que la fórmula fue crear una organización, o dos –como ahora veremos- en que ambos enemigos se sentaran juntos y compartieran un proyecto común.

El club económico-político fue el Mercado Común, Comunidad Económica Europea a partir del Tratado de Roma, de esa misma Roma actual que está empeñada no solo en volver a matar a César sino en resucitar a Mussolini de la mano de Salvini y su aquelarre de amigos.

Pero aunque este paso era importante, faltaba otro im-pres-cin-di-ble. No es posible construir una nueva potencia regional con vocación de tener influencia mundial sin tener un potente flanco militar. Y ahí entraron la UEO, que no acabó de nacer –quizás ahora estemos en una nueva gestación, a la fuerza ahorcan- y la OTAN. Como nos decía su secretario general, el alemán (precisamente) Manfred Woerner en la sede de Mons, la Alianza Atlántica “es la más formidable maquinaria de paz de todos los tiempos”.

Hoy sobre esta afirmación no cabe discusión. Los hechos lo demuestran. Aunque en la España de los 90 estas palabras sonaran a marciano. Pero sí. La OTAN volvió a sentar a los dos enemigos frente a frente; y, como decía Helmut Schmidt, una de sus funciones inherentes era vigilar a Alemania. Pero no solamente: la transparencia interna permitía que todos estuvieran al tanto de todo lo que ocurría en todos sus miembros. No cabía ni cabe  posibilidad alguna de repentinas sorpresas.

La crisis económica se resolvió desde una visión neoliberal y conservadora. Sin olvidar que también fue creada por una visión neoliberal y conservadora (y hablando claro, puñetera, gamberra, desconsiderada y avariciosa).

La Unión Europea fue cobrando forma, y pronto se desarrollaron sus instituciones, en paralelo a los beneficios de la solidaridad – Felipe González contribuyó decisivamente a la creación de los fondos de cohesión entre el Norte y Centro europeo, más rico y desarrollado, y el Sur, más pobre y atrasado-. Aparte de los planes sobre todos los aspectos imaginables, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos se ha convertido en un imprescindible instrumento para la defensa de los ciudadanos y de los consumidores frente a los poderosos.

El balance de esta etapa ‘postbélica’ es extraordinariamente positivo para todos; pero la Gran Recesión ha descubierto importantes puntos débiles en el armazón. Utilizados con mala fe por los emergentes nacionalismos y populismos, pueden constituir una grave vía de agua en el casco. Pero taparla con presteza y con materiales políticos resistentes depende de las políticas; y esas políticas dependen  a su vez de los ciudadanos: de ustedes.

La crisis económica se resolvió desde una visión neoliberal y conservadora. Sin olvidar que también fue creada por una  visión neoliberal y conservadora (y hablando claro, puñetera, gamberra, desconsiderada y avariciosa) de la economía. No se tuvo en cuenta a la ciudadanía, a la gente. El discurso salvador se centraba únicamente  en salvar al capital y los ingentes beneficios de la única industria no productiva, la financiera, mimada a su vez por los reducidos impuestos y, encima, por los regalos fiscales indirectos o directos.

Así, tanto en Estados Unidos (ver a los Premios Nobel Stiglitz y Krugman, entre otros) aumentó la desigualdad entre ricos y pobres; los ricos se hicieron más ricos mientras los pobres, ‘además de cornudos, apaleados’, se hacían más pobres; las clases medias, convertidas en huchas como los cerditos de barro que se rompen  para sacar el dinero, entraron en el umbral de la pobreza, y fueron ellas las que financiaron la recuperación económica.

Pero los tramposos profesionales echan todas las culpas a Europa; y la UE bastante tiene con las suyas. El declive británico tras el paso de Margaret Tatcher, no fue culpa de Bruselas, fue culpa de las estrategias desreguladoras y fieramente privatizadoras de la ‘Dama de Hierro’. Claro que el hierro no tiene entre sus ventajas la de pensar.

Lo mismo ocurre en España, a pesar de ser receptora neta de fondos europeos, el despilfarro, la corrupción y las recetas ultraliberales del Partido Popular, han causado un daño enorme al Estado de bienestar, fundamento de la ‘civilización’ europea actual: todos sus pilares están bajo mínimos. El relato de la derecha suele afirmar que el PP genera riqueza  y que cuando llega el PSOE provoca crisis y ruina; pero las cosas no son tan sencillas. Ahora, concretamente, ha sido el PP el que ha dejado al país en coma inducido.

La Autoridad Fiscal ha reconocido que el aumento del salario mínimo a 900 euros no ha producido la avalancha de despidos y paro que se vaticinaba. Lo cierto es que las cifras de empleo y afiliación a la SS han subido porque como dice Krugman estos fondos aumentan el consumo, y el consumo aumenta la actividad de las fábricas.

El excanciller de la RFA  Helmut Schmitd, ya anciano (92 años) y en silla de ruedas, lanzó en el congreso del SPD celebrado en Berlín en diciembre de 2011 un encendido discurso que era una enmienda a la totalidad de las políticas de austeridad bulímica encarnadas  por Angela Merkel, pero que respondían al ideario neoconservador y a los intereses de los grandes lobbys internacionales del ‘complejo militar industrial’ sobre cuya injerencia en la tarea de gobernar advertía el ex presidente norteamericano Eisenhower.

Schmidt defendía en aquella ocasión una visión socialdemócrata y solidaria de Europa, y anunciaba que en caso de proseguir la estrategia neoliberal de la canciller CDU, tanto la RFA como la UE – Europa, en suma- irían por el mal camino.

La Autoridad Fiscal ha reconocido que el aumento del salario mínimo a 900 euros no ha producido la avalancha de despidos y paro que se vaticinaba.

“Alemania en Europa y con Europa”, proclamaba. Muchos observadores lo resumían de forma parecida, como Rafael Poch en La Vanguardia (5/12/2011) : “El discurso en clave nacionalista del ‘matón alemán’ está rompiendo Europa”.

La aparición sorprendente de los nacionalismos y populismos, que creíamos  desterrados, cada día más calcados de los de entreguerras, pone de relieve que Europa será más posible mientras más posible sea una Europa social, solidaria y unos gobiernos eficaces y más cercanos a los ciudadanos.

Esto no se consigue votando precisamente a los que quieren destruir, como las manzanas podridas en el cesto,  Europa desde dentro; ni a los que con sus insensatas políticas ultraliberales al servicio de la avaricia han socavado los cimientos sociales de la Unión.

Todos los europeos tienen en sus manos, el próximo domingo 26, el poder de enderezar lo que está torcido,  de hacer que la idea del europeísmo vuelva a generar ilusión: una Europa cercana, de los ciudadanos, con un Parlamento con mayor poder, que tenga como prioridades el progreso, la justicia social, la solidaridad, y que sea gestionada con eficiencia, y en la que la ilusión sea compatible con el realismo. Una Europa, en fin, que aprenda las lecciones que la han puesto otra vez al borde del abismo.

Con una UE en declive, atacada al unísono por una pinza diabólica entre el Brexit y ‘democracias totalitarias’ salidas del ‘congelador comunista’, con nuevos enemigos dentro y fuera, con un aliado (los EEUU de Trump) que está haciendo todo lo que puede para debilitarla y destruirla, con la ayuda de la Rusia de Putin y de los extremismos, nostálgicos del nazismo, el fascismo, el bolchevismo o los tirano- banderas sudamericanos, nada está seguro y todo se vuelve incierto.

Sería una idiotez, aunque esto a algunos les suene a cursi, ‘friki’ o ‘vintage’, poner en riesgo el periodo de paz y progreso más largo y fructífero de nuestra historia.

Por su propio interés, usen la cabeza.

 

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