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17/04/2021 10:11 CEST | Actualizado 19/04/2021 10:50 CEST

“Hacer un vuelo transatlántico en avión se asocia a un riesgo de tromboembolia y pocos dudan en irse de vacaciones a Cancún”

Vacunarse contra el COVID sí o no: cuatro expertos responden (y la respuesta es la que te imaginas)

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María tiene 65 años y recuerda el día 1 de abril como uno de los más felices del último año. Fue cuando recibió la citación para vacunarse contra el coronavirus en el madrileño Hospital Zendal. Desde que comenzó la pandemia vivía -vive- con temor a contagiarse: tiene EPOC (una enfermedad pulmonar obstructiva crónica), reuma y diabetes. Por eso, cuando supo que por fin iba a poder protegerse contra el “maldito” Covid, no pudo evitar dar saltos de alegría. Pero pasada la euforia, llegó la incertidumbre: iba a ser vacunada con la de “AstraZeneca” y su círculo más cercano no dejó de atosigarla: iban a inyectarle ‘la mala’. Y, en su caso, seguro que esa inyección hacía que se multiplicaran los riesgos de los tan temidos efectos adversos -los trombos- que han convertido a esta firma en una de las más cuestionadas.

Un caso parecido es el de Pepe, de 70 años. Él tiene una cardiopatía congénita y también recibió la “maravillosa” noticia de ir a recibir la vacuna contra el coronavirus. Pero, eso sí, según le dijeron sus íntimos, iban a ponerle una de ‘las buenas’, la de Moderna.

Del otro lado de la historia están los cardiólogos, reumatólogos, pediatras y farmacéuticos que, consultados por El HuffPost, acaban con cualquier distinción entre vacunas: “las buenas son las que funcionan”, sentencia Gonzalo Oñoro, pediatra en un centro de Salud de la Comunidad de Madrid y co-creador de Dos Pediatras en Casa. “Todas son buenas. Sin duda vacunarse es mejor que no hacerlo”, afirma por su parte Alberto Garcia Lledó, jefe del servicio de cardiología del Hospital Príncipe de Asturias, y profesor asociado de cardiología de la Universidad de Alcalá. Como ellos, el doctor José Mª Álvaro-Gracia, presidente de la Sociedad Española de Reumatología considera que todas son adecuadas: “Las que se han aprobado han demostrado de forma muy convincente que son eficaces y tienen un buen perfil de seguridad”. Es lo mismo que defiende la farmacéutica Ana Leonor Escolar, titular de la farmacia Botiquea: “La gente no tiene que tener miedo de unas u otras, porque todas son buenas porque nos van a proteger contra la COVID”.

La gente no tiene que tener miedo de unas u otras, porque todas son buenas porque nos van a proteger contra la COVIDAna Leonor Esolar

Todos los especialistas consultados son tan contundentes porque el proceso para autorizar una vacuna es largo y complejo, ya que las agencias reguladoras tienen que verificar que cumple con los requisitos de seguridad y eficacia. Y para ello, dichas agencias tienen acceso a todos los datos de los ensayos clínicos y hacen un seguimiento constante. De ahí que se conozcan los “raros” casos de efectos adversos como los trombos que, sin embargo, no lo son más en el caso de estas vacunas que en otros medicamentos ni por padecer una u otra patología. Y de ahí también que de un día para otro se vayan corrigiendo estrategias de vacunación o se suspendan temporalmente la distribución de algunas.

“No se está improvisando; lo que ocurre es que cualquier noticia sobre un posible problema con una vacuna está en los medios antes de que se pueda analizar el impacto real de ese evento. Esto genera una gran presión porque la vacunación continúa día a día y la población quiere que todo esto se haga con la máxima seguridad, como es lógico. Además, diferentes países toman diferentes decisiones lo que genera una gran desconfianza”, expone el doctor José M Álvaro-Gracia Álvaro. Este experto considera que sería “importante” hacer un mayor esfuerzo de comunicación en el que se transmita a la población mensajes bien fundados ordenados jerárquicamente por su importancia.

“En mi opinión estos mensajes irían en esta línea: no hay dudas de que las vacunas que usamos son eficaces y seguras. Tenemos muchísimos datos. No obstante, al haber tantos millones de personas que la reciben, es fácil que se detecten algunas cosas que no se habían visto antes, que es posible que ni siquiera tengan una relación de causalidad con la vacuna, pero que de ninguna manera inhabilitan su utilidad ya que la rareza de estos eventos hace que su riesgo sea muy inferior al riesgo que tiene tener COVID, y que vamos a evitar o disminuir con la vacuna, explica el presidente de la Sociedad Española de Reumatología. 

El exceso de información está saturando a todos los ciudadanos y las informaciones cruzadas restan credibilidad a todo lo que se dice y se haceAlberto García Lledó, jefe del servicio de cardiología del Hospital Príncipe de Asturias

En la misma línea se manifiesta por su parte el jefe del servicio de cardiología del Hospital Príncipe de Asturias: “Existe un interés desmedido por encontrar titulares, y para eso las malas noticias son un recurso muy fácil. El exceso de información está saturando a todos los ciudadanos y las informaciones cruzadas restan credibilidad a todo lo que se dice y se hace. Me gustaría ver un titular que dijera “Hay miles de personas trabajando sin descanso para frenar esta epidemia”. 

La farmacéutica Escolar va un paso más allá en algo que no se tiene en cuenta a la hora de procesar el exceso de información que se recibe sobre el día a día de las vacunas: que todos los medicamentos producen efectos secundarios. “Algunos producen más efectos secundarios que estas vacunas en sí mismos -estoy hablando a nivel de estadística-, y cuando salió todo lo relacionado con Astrazeneca hubo más gente que murió por los efectos adversos de otros medicamentos a los que no se les está dando esa publicidad. Teniendo en cuenta que todos los medicamentos producen efectos secundarios las vacunas no iban a ser menos, pero lo que producen es pequeñísimo”. 

Las patologías y las vacunas 

La quinta actualización de la Estrategia de Vacunación frente al coronavirus aprobada por la Comisión de Salud Pública recoge como grupo “prioritario” a la hora de recibir los inyectables a las personas con cáncer, trasplantes o síndrome de Down. Estos grupos reciben las vacunas de Pfizer o Moderna, como los de edades comprendidas entre los 70 y 79 años. ¿Y por qué esas dos en concreto? Porque, según explica el doctor García Lladó, “la estrategia del Ministerio establece que estas vacunas, basadas en ARN mensajero, se han de usar de forma preferente en las personas de mayor riesgo, tanto por edad como por exposición (sanitarios de primera línea, por ejemplo) o por enfermedades previas. La razón es que el tiempo necesario para la inmunización completa con esas vacunas es más corto, y así estas personas quedan inmunizadas antes”. Es decir, no porque sean “mejores” que las otras, sino por una cuestión de necesidad, de actuar cuanto antes para salvar vidas.

Pero más allá de eso, patologías como el reuma o la diabetes no están contempladas y no se establece distinción a la hora de elegir una u otra marca. “En base a lo que sabemos hasta ahora no hay razones suficientes para elegir una vacuna u otra en función de la patología de las personas reumáticas. Además, no olvidemos que en una situación de disponibilidad limitada como la actual, es mucho mejor recibir una vacuna con una eficacia dudosamente algo menor, que no recibirla o recibirla dentro de algunas semanas o meses, explica el doctor Álvaro-Gracia.

Lo que sí defienden expertos como el doctor García Lledó es la importancia de vacunar antes “a los que más riesgo tienen”. “y en ese sentido la edad avanzada es un marcador fundamental, como lo son determinadas enfermedades cardiovasculares. Es necesario que nuestros pacientes sepan que la COVID-19 no supone el mismo riesgo para todas las enfermedades cardiovasculares. La Sociedad española de Cardiología está defendiendo la vacunación prioritaria de las personas con trasplante cardiaco, en lista de espera de trasplante y las personas con insuficiencia cardiaca atendidas en unidades específicas, como grupos de máximo riesgo que se pueden reclutar fácil y rápidamente. Como paso siguiente, solicitaremos la vacunación de otros grupos según su riesgo, considerando también la facilidad de identificarlos para poder vacunarlos de forma rápida y eficaz”. 

Tanto uno como otro coinciden en la relevancia de vacunar y de hacerlo cuanto antes en según qué grupos de edad y ante determinadas circunstancias. Pero reiteran que padecer, por ejemplo, una cardiopatía no convierte a la persona en ser más propensa a padecer el efecto secundario que desencadena una trombosis. “Aunque no tenemos datos evidentes para afirmarlo, debemos pensar que no. Primero, porque los efectos adversos por trombosis no son frecuentes en las vacunas de ARN mensajero, que son las preferentes para personas de alto riesgo. Segundo, porque esos efectos adversos parecen suceder más en mujeres jóvenes, y las personas con enfermedad cardiaca son más frecuentemente varones y de mayor edad. Y tercero, porque es frecuente que nuestros pacientes tomen antiagregantes y anticoagulantes, que les protegerían de ese tipo de problema”, explica este especialista en cardiología. 

Los efectos adversos siempre han estado ahí 

Por si quedan más dudas sobre por qué las vacunas no son más peligrosas que otros medicamentos, este doctor pone un ejemplo claro: “Hacer un vuelo transatlántico en avión se asocia a un riesgo de tromboembolia, y pocos dudan en irse de vacaciones a Cancún. El problema de prevenir enfermedades es que las complicaciones, aunque sean pocas, se ven, y el beneficio (no sufrir enfermedad) no se nota. Hasta que caes enfermo de COVID”. Por eso insiste en la necesidad de vacunarse. 

Es el mismo mensaje que transmite la farmacéutica Escolar, que asegura que está viendo cómo, en los últimos 15 días, “cada vez son más” los que acuden al mostrador con preguntas y miedos sobre la vacuna y que aseguran que no van a ponerse la inyección. “Hay más miedo. Nosotras intentamos tranquilizarles, explicarles que es mucho mejor vacunarse que contraer la enfermedad, que después de un año confinados, sin ver a las familias evitar esa posibilidad de poder salir adelante es peor”.

El doctor y presidente de la Sociedad Española de Reumatología comparte ese ímpetu por recibir cualquiera de las inyecciones disponibles: “Acudan a vacunarse sin la más mínima duda. El riesgo de problemas con las vacunas es muchísimo menor que el riesgo de tener COVID grave. Por lo tanto, vacúnense sin miedo. Yo uso unos números que creo son contundentes. Por cada millón de personas que se vacunan hay 3 que pueden tener problemas. En un año sin vacunas en España de ese millón de personas han fallecido 2000. Creo que no deberíamos tener dudas”. 

Acudan a vacunarse sin la más mínima duda. El riesgo de problemas con las vacunas es muchísimo menor que el riesgo de tener COVID gravePresidente de la Sociedad Española de  Reumatología

Desde el campo de pediatría, donde las vacunas son parte del día a día, Gonzalo Oñoro va en la misma línea que sus ‘colegas’: “Todas las vacunas tienen efectos secundarios, incluso las que ponemos a los niños. En el fondo lo que se está buscando en esta pandemia es hacer una vacunación de forma global para tener a la mayor gente protegida contra el coronavirus y poder enfrentarnos a la carga que supone para la sociedad. En este sentido no hay buenas o malas, cuanta más gente esté vacunada, sea con una sea con otra, antes llegaremos a la inmunidad de rebaño para que la transmisión entre personas sea muy poquito, muy poquito frecuente”.

María y Pepe son dos de las muchas personas que han decidido hacer caso y confiar en los expertos. En el momento de la redacción de este reportaje, ella lleva 15 días con la vacuna de AstraZeneca corriendo por sus venas y se siente feliz por ello. Él se ha vacunado este viernes. Se la pondrá sin pensar en cuál le ha tocado, solo celebrando el paso que dará para empezar a dejar esta pesadilla atrás.

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