POLÍTICA
17/10/2020 16:28 CEST

Manuel Franco: "No se puede tergivesar o cocinar los datos, y esto está ocurriendo en Madrid"

El epidemiólogo señala la desigualdad en España como obstáculo en el control de la pandemia y critica la inacción política: "Ir a un bar no es un derecho fundamental".

Jaime González/CEDIDA POR MANUEL FRANCO
Manuel Franco

Puede que el enfoque por el que se buscan los fallos de España en la crisis del coronavirus sea erróneo desde el principio. Por eso casi nadie acaba de entender cómo un país con una sanidad pública tan potente tiene uno de los peores datos de Covid-19 del mundo.

A algunos epidemiólogos, en cambio, no les extraña tanto. “La gente confunde la sanidad pública, es decir, la atención sanitaria, con la salud pública”, explica Manuel Franco, profesor de Epidemiología y Salud Pública en las universidades de Alcalá y Johns Hopkins Bloomberg School of Public Health. “Todos hemos oído alguna vez que en España tenemos la mejor sanidad pública del mundo, pero ahora nos hemos dado un tortazo monumental. Está mal planteada la cuestión: esta pandemia no es un problema de sanidad pública; es un problema de salud pública, y la salud pública aquí no está cuidada, no nos hemos formado, no tenemos grandes profesionales, no tenemos expertos en investigación, no tenemos ni un Centro Nacional de Salud Pública”, aclara Franco

La Salud Pública y la Medicina Preventiva son las grandes desconocidas dentro de la Medicina y ni siquiera ahora, cuando más falta hacen, se pone el foco en ellas. “Los equipos de Salud Pública de cada comunidad autónoma son quienes deberían encargarse del rastreo y de la recopilación de datos, pero como siempre han sido los olvidados, los que más han sufrido recortes en épocas de austeridad, ahora no hay personal. Y seis o siete meses después, seguimos igual”, lamenta Franco, que responde a las preguntas de El HuffPost por el manos libres del móvil mientras se mueve por Madrid en bici.

¿Ni siquiera una pandemia sirve como toque de atención para reforzar la Salud Pública?

No, no ha servido. Muchas veces se compara la ciudad de Nueva York con la ciudad de Madrid. Pero si esto es un problema de salud pública, no de sanidad pública, a nadie le debería sorprender que Nueva York esté mucho mejor que Madrid, porque su Departamento de Salud es el mejor del mundo, con un presupuesto de millones y millones de dólares y con 6.000 trabajadores bien pagados y bien formados. Eso aquí no existe. Aquí tenemos buenos hospitales y buena atención primaria, pero no tenemos rastreadores ni tenemos buenos equipos de datos, ni tenemos buenas campañas para decir ‘los bares se cierran’ o ‘se abren los parques’. Todo eso lo hacen los de Salud Pública en la ciudad de Nueva York, pero aquí no.  

En Madrid, por ejemplo, se tiene tal obsesión con los bares y restaurantes que parece que fueran un derecho fundamental. Lo siento, pero no. Derechos fundamentales son la salud, la vivienda, la educación, pero no el hecho de ir a un bar o a un restaurante. Sé que ir a un bar puede ser algo maravilloso para alguien y puede añadir cierta cohesión social o de relajo a la vida del ciudadano, pero no es un derecho fundamental.  

Derechos fundamentales son la salud, la vivienda, la educación, pero no el hecho de ir a un bar o a un restaurante

En resumen, en España la sanidad pública bien pero la salud pública, mal. 

La salud pública, muy mal. Tenemos el ejemplo de la dimisión de la directora de Salud Pública de la Comunidad de Madrid. Ella sabía lo que había que hacer: reforzar el sistema de rastreo, reforzar la atención primaria, contar con mejores datos para tomar decisiones; sin embargo se topa con unos jefes que le dicen que no le van a dar personal ni le van a proporcionar datos de calidad, porque los van a utilizar ellos tranquilamente.

Entonces los datos epidemiológicos de la Comunidad de Madrid están siendo tratados con un fin político.

Sí. El que tiene los datos tiene el poder, y en los datos reside la manera de actuar o no. En este caso, la Comunidad de Madrid está dando los datos cuando y como quiere. La Comunidad de Madrid no ha sido respetuosa con la realidad de los datos. Todo el mundo puede entender que haya retrasos, pero tenemos que ser serios y ser lo más transparentes, lo más rápidos y realistas posible para dar esa información. Lo que no se puede hacer es tergiversar o cocinar esos datos de alguna manera, y ya hemos visto que esto está ocurriendo en Madrid.     

Los datos tienen que ser lo más fiables, correctos y constantes posible para que se puedan comparar en el tiempo. Si no lo hacemos, nos estamos engañando, y además estamos engañando a los demás, sean el Gobierno central o las otras comunidades. 

La Comunidad de Madrid no ha sido respetuosa con la realidad de los datos. Los está dando cuando y como quiere

Por lo pronto, a Madrid no le ha quedado otra que los confinamientos perimetrales de la capital y de otros municipios. Pero a partir de ahí, ¿se está haciendo algo para reforzar el sistema de vigilancia epidemiológica, que ha demostrado tener deficiencias?

Esa es la clave. Las autoridades han provocado que nos enzarcemos en una guerra de datos, pero si no toman medidas que afecten a los que están dentro de ese confinamiento perimetral, nunca vamos a controlar la epidemia. Y esas medidas son: mayor nivel de restricción a nuestra movilidad y sociabilidad, mejor rastreo y trazabilidad de los casos y, por supuesto, reforzar la atención primaria.   

Tu trabajo está centrado en estudiar cómo influye el contexto económico o urbano en la propagación de las enfermedades. ¿Cómo afectan las desigualdades a la salud de la gente en general, y cómo han influido concretamente en esta pandemia? 

Esta pregunta es muy importante. Pongo el ejemplo de Madrid, donde hay barrios con mucha más incidencia de Covid que otros. Si tú te quieres librar de la epidemia en toda la ciudad, tienes que poner el foco —más atención y más recursos— en aquellos lugares donde hay más infección. Esto ya ha ocurrido en otros sitios. En Singapur pudieron controlar la infección, pero en cambio no la controlaron en un barrio donde viven muchos inmigrantes y personas de nivel social más bajo, y la pandemia volvió al país. 

En barrios como el Bronx de Nueva York, Iztapalapa en México o el sur de Madrid, hay que tener mucho control sobre la situación y, sobre todo, ser consciente de cuáles son las razones por las que allí hay más contagios, y no poner parches.  

La desigualdad es uno de los ejes fundamentales para poder entender por qué y para tomar medidas al respecto para controlar la situación de forma definitiva. La desigualdad puede ser una de las causas por las que nunca lleguemos a controlar la pandemia. Porque hay una serie de zonas vulnerables donde, si no ponemos los recursos, no vamos a llegar a controlarlo. Lo que hay que hacer no es segregar y señalar, sino dar recursos y ayudar a esa población. 

La desigualdad puede ser una de las causas por las que nunca lleguemos a controlar la pandemia

¿Es España un país desigual?

Mucho. Quizás en las grandes ciudades es donde más se nota, porque ahí se concentra toda la riqueza y la pobreza en áreas muy chiquititas, pero vivimos en un mundo profundamente desigual. Y son muy desiguales la riqueza, el nivel educativo, el nivel de salud y, por supuesto, el nivel de Covid y sus consecuencias en la salud de la gente.

España es uno de los países más desiguales de Europa, al mismo nivel que otros países a los que pensamos que no nos parecemos. Y me refiero a países del este de Europa donde unos pocos se enriquecieron mucho después de la caída de la Unión Soviética. Durante muchas décadas, ha habido ricos y pobres, pero es que ahora los pobres son más pobres y los ricos son más ricos. España está entre esos países, y Madrid es una de las metrópolis más desiguales de Europa. El problema ya no es sólo la desigualdad, sino la segregación: los pobres viven por un lado y los ricos por otro, nunca se juntan, se desconocen entre sí, pero al mismo tiempo hay una gran cantidad de gente que vive en un lugar de la ciudad y trabaja en otro muy distinto. 

En el documental de RTVE Pandemia en la gran ciudad [en el que Franco ha colaborado como asesor científico e investigador] se explica muy bien cómo la desigualdad es la norma general para que ciudades como México, Nueva York o Madrid tengan áreas con muchos más contagios que otras. La socióloga Saskia Sassen lo cuenta muy bien: “No es que el virus ataque más a los pobres; es que los pobres están más expuestos al virus”. 

Si yo, como profesor de Universidad, trabajo desde casa y sólo salgo para recoger a mis hijas del colegio, me expongo mucho menos que quien tiene que salir a trabajar al supermercado y coge todos los días un metro donde no se respeta la distancia de seguridad. Al final, esa persona está todo el día expuesta, pero no por su estilo de vida, como decía Ayuso, sino por su condición de trabajadora a la que no le queda otra que salir de casa. Si esa misma persona enferma y comparte casa con otras seis personas, ¿cómo se aísla? ¿Cuánto tiempo puede estar sin ir a trabajar? ¿Quién les paga el alquiler? Tenemos que ser muy conscientes de esto. 

Además, su salud de base probablemente está más debilitada que la de alguien que vive en Chamberí, por ejemplo. 

Completamente. Es otra de las patas clave que explican el riesgo de contagio. Una de las patas es la exposición al virus, otra es con quién vives y la otra es tu estado de salud basal. En el documental queda clarísimo. Por ejemplo, la mayoría de los mexicanos que trabajan en el Bronx son diabéticos, y eso hay que tenerlo en cuenta.   

Madrid es una de las metrópolis más desiguales de Europa

Formas parte de la veintena de científicos que se reunió hace unos días con el ministro Illa para pedir una auditoría independiente sobre la crisis del coronavirus. ¿Salió algo en claro de aquella reunión? ¿Cuál es la postura del Ministerio y qué defendéis vosotros?

Nosotros pedimos una evaluación científica e independiente de esta crisis, que debería darnos claves para el futuro, sin ánimo de culpabilizar a nadie. El 1 de octubre nos recibieron el ministro y la secretaria de Estado de Sanidad, y la reunión fue muy positiva. Por un lado, aclaramos ciertos malentendidos con respecto al objetivo del análisis que proponemos; el ministro reconoció que tiene interés es que se haga un estudio autocrítico. Pero es muy importante que no sólo el Ministerio, sino todas las comunidades, participen en este estudio. La reunión, por lo pronto, fue interesante y el ministro se mostró muy dialogante. 

¿Teméis que el análisis se utilice después con fines políticos o partidistas?

En este país todo se usa con fines partidistas, y seguro que esto también, pero creo que si se hace bien y de manera independiente, y si lo hacen profesionales competentes, que los hay, tanto en España como en el mundo, saldrán conclusiones y resultados muy interesantes. Tanto el espíritu del estudio como los resultados que salgan de él serán relevantes para nosotros como país y como población. 

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