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Estas ilustraciones reflejan a la perfección lo que es vivir con depresión

Kaye Blegvad expresa en su novela gráfica ‘Mi perro y yo’ lo que se siente al estar "en ese lugar oscuro".

Kaye Blegvad (Londres, 1987) siempre ha sido más de tener gatos, pero la historia de su vida se titula Mi perro y yo (Libros del Zorro Rojo). En este ensayo visual, Blegvad narra e ilustra lo que es para ella vivir con depresión —y reconciliarse con ella— sin nombrarla: usando un perro como metáfora.

“La idea del perro negro como símbolo de la depresión no es nueva; data de la época de los romanos”, explica la ilustradora a El HuffPost Life por correo electrónico. “Cuando era adolescente y luchaba contra la depresión, mi padre me contó esa metáfora, esa idea de un perro negro que te sigue; y se me quedó grabada”, cuenta.

Tanto le marcó esa imagen que Blegvad la llevó al papel en 2017, primero digitalmente a través del medio online BuzzFeed y luego físicamente gracias a una campaña de crowdfunding con la que recaudó cinco veces más el dinero que necesitaba para publicar su historia (en inglés). Este 23 de octubre, Mi perro y yo llega a España de la mano de la editorial Libros del Zorro Rojo, que ha cedido a El HuffPost las primeras imágenes de este libro concebido con el deseo de “comunicar lo que uno siente cuando está en ese lugar oscuro”.

Aunque es “metafórica y está abierta a la interpretación”, la novela da algunos detalles sobre la vida de Blegvad, como que su perro apareció cuando ella apenas tenía 3 años. “Puedo ver patrones y hábitos de esa época que claramente están relacionadas con dificultades que he tenido de mayor”, señala. “De pequeña me ponía muy nerviosa sin motivo aparente. Mi madre decía que siempre estaba dándole vueltas a las cosas, me daba miedo tomar decisiones, y me daba miedo lo que pudiera ocurrir después de tomarlas”.

Una cicatriz en la palma de su mano le recuerda todavía cómo “las dudas y el miedo” ya se “apoderaban” de ella siendo tan pequeña. Ocurrió en unas vacaciones en la costa inglesa. El hecho de tener que decidir entre ir con su madre de paseo o quedarse en casa le hizo sentir tanto pánico que acabó corriendo tras ella y cayéndose por unas rocas resbaladizas. “Me quedé realmente paralizada”, cuenta. “Es una tontería, pero siento que fue una experiencia clave; esos sentimientos y miedos son parte de lo que luego me ocurriría”, plantea Blegvad.

Pasaron los años y la ilustradora fue aprendiendo formas de amaestrar a su perro. “El proceso continúa —reconoce Blegvad—; la depresión va y viene”. “Ahora estoy mucho mejor que cuando era adolescente o cuando tenía 20 años. A veces tengo que tomarme unos días o semanas libres sin ir a trabajar, pero en general estoy bien”.

“Es difícil saber cuándo estás en un punto en el que tienes que escapar”

A lo largo de estos años, Blegvad también ha comprobado que hablar con otras personas con depresión puede venirle muy bien… o no. “Cuando comparto experiencias con amigos y familiares que también han tenido problemas de salud mental, aprendemos los unos de los otros y nos ayuda a sentirnos menos solos”, explica, “pero también tengo amigos —y parejas— con las que caía en un patrón de depresión por el que nos retroalimentábamos y lo exagerábamos”. “Es difícil saber cuándo estás en un punto en el que tienes que escapar”, admite.

La autora ha estado “14 años con antidepresivos y 16 yendo a terapia de forma intermitente”. “Ambas cosas me han ayudado mucho, pero no ha sido fácil”, reconoce. Lo que también le ha venido bien ha sido la publicación de Mi perro y yo: “Los comentarios y las respuestas que he recibido de la gente han sido muy emotivos, y me han hecho sentirme menos sola. Ha sido maravilloso”.

Aunque la artista celebra que se haya “reducido el estigma” que rodea a las enfermedades mentales, para ella “no sirve de mucho si hay gente que no puede ir a un sitio donde recibir la ayuda que necesita”. “La gente ahora se toma más en serio los problemas de salud mental, lo cual está muy bien, pero no hay suficientes programas disponibles ni creo que los Gobiernos estén financiando lo que deberían”, sostiene Blegvad.

“Cuando pienso en cuánto dinero he gastado en tratamientos, me quedo loca”

La ilustradora lo sabe por experiencia. Hasta los 20 años, Kaye Blegvad vivió en Reino Unido, donde tenía “acceso gratuito a servicios de salud mental” y a “recetas subvencionadas”. Allí sufrió las largas listas de espera para conseguir cita con un psicólogo, pero al menos había “algo”, dice. Ahora que vive en Estados Unidos, la palabra con la que describe el sistema sanitario es “pesadilla”.

“Todo es increíblemente caro y difícil”, constata. “Hace unos años, tomé la decisión de gastarme el dinero en terapia, aunque supone una buena parte de mis ingresos, porque sentí que estaba invirtiendo en la posibilidad de un futuro más feliz”, explica la autora. “Creo que ha merecido la pena —admite—, pero es caro a unos niveles astronómicos, y hay mucha gente que no tiene el lujo de poder tomar esta decisión”. “Necesitamos urgentemente más programas gubernamentales, más acceso a la sanidad, servicios de salud mental más asequibles”, defiende. “Cuando pienso en cuánto dinero he gastado en tratamientos, me quedo loca”.

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