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18/11/2019 07:28 CET | Actualizado 18/11/2019 07:28 CET

Olvida los deportes de riesgo y hazte autónomo si de verdad tienes valor

Los autónomos trabajan como nadie en España y se les trata (casi) como a parias dentro de nuestro tejido productivo.

Westend61 via Getty Images

Según la Encuesta de Población Activa (EPA) del segundo semestre de 2019, en España hay más de 3,2 millones de autónomos (casi el 17% de la población activa), un punto por encima de la media de la OCDE. Un dato que refleja fielmente nuestra economía, pues si bien es cierto que en época de vacas gordas el número de trabajadores por cuenta propia se incrementa en términos absolutos, cierto es también que suele coincidir con un subidón en el número de asalariados… ¡Vaya por Dios! Justamente esto es lo que no sucede aquí casi desde los tiempos en que TVE nos entretenía con Verano Azul.

Los autónomos trabajan más que nadie en España, y obtienen mucho menos. De acuerdo con la CIAE (Confederación Intersectorial de Autónomos del Estado Español), la EPA de enero de 2018 dejó claro que “trabajar más no es sinónimo de mejores ingresos” pues, ceteris paribus, la jornada semanal de un autónomo con trabajadores a su cargo fue de 43,3 horas, de un autónomo ‘solitario’ de 40,7 horas, de un empleado por cuenta ajena de 32,8 horas y de un trabajador del sector público de 31,5 horas. No hagáis números: un autónomo dedicó en 2018 semanalmente al trabajo entre un 22% y un 27% más tiempo que un funcionario. Y esto es un hecho documentado.

Los trabajadores autónomos españoles han perdido de media 1.100€ de poder adquisitivo anual entre el 2008 y el 2016. Y no lo digo yo, lo hace la Asociación de Trabajadores Autónomos (ATA) interpretando datos del último trimestre de 2018 publicados por la Agencia Tributaria. En un escenario donde, para más inri, los empleados públicos ganaron un 50% más de media que los trabajadores del sector privado (y de esto ya hablaremos largo y tendido en otra ocasión; prometido), sólo pierden y siguen perdiendo calidad de vida quienes se autoemplean y/o se aventuran en solitario a alumbrar y dar vida a iniciativas que revierten en nuestra economía, a veces insegura, en ocasiones frágil y casi siempre impredecible.

Las pymes representan el 99,8% del tejido empresarial español: un 54% de autónomos y casi un 40% de microempresas (autónomos con entre 1 y 9 empleados). Y puede que alguno se sorprenda mucho, pero salvo la Administración y una serie de multinacionales que podemos contar con los dedos de las manos, somos un país de micropymes. Claro, si viéramos las cifras de Alemania tendríamos que salir escopetados a saquear nuestro botiquín a por un lexatín para no hiperoxigenar.

Los trabajadores autónomos españoles han perdido de media 1.100€ de poder adquisitivo anual entre el 2008 y el 2016.

En materia de morosidad, resulta que el grueso de los autónomos no sólo no supone un problema para el Estado, sino que es más bien al contrario. Las Administraciones públicas, las mismas que no nos dejan pasar una jamás, son los mayores acreedores de España. ¿Que Bruselas obliga desde 2018 a que todo ente público salde las deudas con sus proveedores en un plazo real de 30 días? Bien -se dicen-: pagamos el retraso al tipo de mercado de deuda comercial y aquí paz y después gloria. Y no pasa nada, porque el Estado no sólo tiene músculo, sino memoria también para tomar represalias en el futuro.

Ahora, si un autónomo presenta su declaración de IVA fuera de plazo, le soplan una multa que va del 5% al 100%. ¿Qué lugar hay aquí para la justicia y la equidad? Sabed que el Ayuntamiento de Jaén paga hasta a 542 días. Ahí es nada.

Y quiero detenerme en este punto para retratar al Estado como un ladrón. Porque lo es el que “toma para sí lo ajeno” (según la definición de la RAE), y lo hace con intimidación. Los autónomos en España tienen la obligación de liquidar trimestralmente el IVA de las cantidades facturadas en dicho período, con independencia de haber cobrado o no por su trabajo. Pero no pasa nada, porque el Estado, en plan generoso, en 2015 decidió que podía aplazarse el pago de ese concepto con sólo solicitarlo… ¿Estamos de coña?

Pongamos, por ejemplo, que tu compañía eléctrica te cobre el 21% de tu factura futura tres meses por adelantado, o que el colegio de tu hija haga lo mismo, o tu arrendador o banco en relación a tu vivienda. ¿Es que nos hemos vuelto locos? No. Es la insaciable codicia del Estado que, corto de liquidez, no tiene el menor reparo en echar la mano al cuello y asfixiar a quien haga falta con tal de saciarse.

Ese mismo Estado (Leviatán le llamó Hobbes, anticipando su crueldad y monstruosidad) que presuntamente creamos entre todos para optimizar nuestra convivencia y facilitar nuestras vidas, no tiene el menor reparo en abusar del segmento de trabajadores más frágiles y desprotegidos del tejido laboral para llenar sus arcas y pagar a sus cainitas. ¿Por qué no exige a empleados por cuenta ajena o a trabajadores públicos que les anticipen algún dinero que no hayan cobrado ya (y, ojo, que tengan la garantía de cobrar)?

En España hay más de 3,2 millones de autónomos (casi el 17% de la población activa).

Lo sé. Os preguntareis si en el resto del mundo civilizado ocurre lo mismo. Pues mirad por donde, ni por asomo. No os riáis, que incluso hay unos cuantos países sin cuotas de autónomos. Sí, vale que contamos con determinadas prestaciones sociales en España, pero conozcamos la realidad de los autónomos en nuestros países vecinos.

De acuerdo con un informe publicado por JPMorgan Chase & Co en 2018, en Reino Unido los autónomos pagan una cuota de 14€ si sus ingresos mensuales no superan los 600€, y no superior a 58€ si son superiores a 6.000€. En Holanda abonan 50€ anuales, a los que deben sumar cada mes cerca de 100€ por un seguro médico obligatorio. Y en Alemania sólo si se superan los 1.700€ al mes debe pagarse una cuota de 140€, además de un seguro médico privado que oscila entre los 150€ y los 600€.

En Francia los autónomos no pagan nada el primer año, y luego una cantidad que oscila entre el 12% y el 21% de sus ingresos; en Grecia existe una cuota mensual de 50€, más un porcentaje variable en función de los ingresos; y los autónomos polacos abonan 200€ mensuales, y al final del año un extra en función de lo ingresado.

En la relación de países donde no existe cuota alguna de autónomos, todos los trabajadores cuentan con cobertura social y pagan en función de sus ingresos, el informe cita a Irlanda (5%), Portugal (24%), Dinamarca (25-50%), Italia (20-30%) y Bélgica (25-50%), Suecia (hasta el 50%) y Letonia (9-24%).

Otros países funcionan con el sistema de cuota de alta o entrada y posterior regularización en función de sus ingresos, como Croacia (500€), la República Checa (40€), Rumanía (100€), Eslovaquia (50€) y Estonia (100€). En Chipre, Luxemburgo, Malta, Eslovenia, Austria y Lituania no existen cuotas de entrada o mensuales y el porcentaje de impuestos que se paga varía en función de la actividad y los ingresos.

Un autónomo dedicó en 2018 semanalmente al trabajo entre un 22% y un 27% más tiempo que un funcionario.

Los autónomos en España pagan religiosamente todos los meses 284€ (salvo los de nuevo cuño y/o que puedan acogerse a la tarifa plana de 60€) y, facturen 10€ o 10.000€, da igual: la cuota es inamovible. Uy, no, perdón. Es verdad que nuestro magnánimo Estado ahora permite hasta tres altas y bajas abonando sólo la parte proporcional de la mensualidad. Y lo expreso de forma un tanto sarcástica porque cualquiera que trabaje una semana al mes, pagará nueve meses completos y sólo tres meses por la parte alícuota. Vamos, de coña.

Y ahora, como si todavía estuviéramos para echarnos unas risas: ¿sabéis cuáles son algunos de los conceptos que más suben 2019? Eso mismo: me habéis leído la mente. Subida del 2,25% del sueldo de los funcionarios y subida de 5,63€ mensual a los autónomos; vamos, que subidas para todos y que así nadie pueda reprochar nada… Como lo oís. El Estado siempre preocupado por mejorar la vida de todos sus trabajadores, atendiendo a su entrega y dedicación por igual.

 

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