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04/12/2019 03:23 CET | Actualizado 04/12/2019 03:23 CET

'Pulmones' a pecho abierto en el Valle Inclán

Una pieza muy destacable que trata de fondo uno de los grandes problemas de la sociedad contemporánea.

Un momento de la obra. 

Se le atribuye a Freud decir que el eros (Lebenstriebe) y el thánatos (Todestriebe) eran las dos pulsiones básicas de la vida. Entre estas dos directrices discurre (casi quedaría mejor decir corre) Pulmones, una alegoría moderna sobre la vida como camino cuyo ritmo continuo logra dejar sin respiración al público. 

La trama transcurre alrededor de las figuras de Zaida y de Alberto, pareja que deciden tener un hijo y se plantean las limitaciones sociales, éticas y ecológicas de traer unos nuevos pulmones al planeta. Encontramos múltiples reflexiones (muchas de ellas humorísticas) alrededor de los mitos del progresismo en cuyo marco mental se insertan los protagonistas: la constante referencia a lecturas y autores, la autoconciencia como una suerte de “élite intelectual” frente a aquellos que no piensan sobre decisiones importantes (sea tener un hijo o reciclar) o incluso la concienciación social en la toma de pequeñas decisiones burguesas. Con humor se nos desvanecen dos personajes que comienzan como estereotipos (él canta en un grupo de música indie, ella está acabando un largo doctorado sobre ciencias sociales) para devenir en humanos tras la incorporación de pequeñas tragedias y avatares (un aborto indeseado, infidelidades diversas, la vida). También, de forma irónica, ambos personajes, cuyas decisiones económicas están marcadas en un principio por su conciencia ecológica, acaban indefectiblemente en el fracaso: los grandes momentos de la obra tienen lugar en Ikea, en un Starbucks, dentro de un contaminante coche (donde se habla precisamente de la contaminación). Es en el error donde los personajes devienen humanos, profundamente humanos.

Coloquial, rápida y limpia

María Caudevilla traduce y adapta del texto original de Duncan Macmillan a la realidad de la España actual. El lenguaje coloquial y directodel original Lungs (que ha sido producida en el Studio Theatre de Washington DC y que ha sido incluso dirigida por Katie Mitchell en la Schaubühne) es vertida con gracia, sin amaneramientos de traductor (esos cansinos “jodidamente jodidos” que suenan tan feos en castellanos) y con una clara búsqueda de acercar el texto y la situación de una pareja que, con otra traducción, podría quedar tan lejana como aquellos “amantes” de Pinter. 

Un momento de la obra. 

Por su parte, José María Esbec, un interesante joven director que dirige el Teatro Principal de Zamora (sito en el solar de un antiguo corral de comedias), aporta una concepción escenográfica limpia, sin grandes alharacas, que con unos tubos de aire comprimido, una pantalla de cristal (que rememora abiertamente el mito de Cupido y Psique y el de la separación de los amantes) y una videoproyección con juego de luces estroboscópicas que abren y cierran la obra. Asimismo, su dirección es virtuosa, el ritmo de la obra (que podría derivar en un melodrama con un tempo más lento) se convierte, gracias a unas escenas transicionadas con secuencias cortas y casi seguidas y elipsis dramatúrgicamente muy bien construidas (las de las separaciones de los amantes son excelentes) en un festín dialéctico. No deja de ser un mensaje oportuno esta semana: la oportunidad de salvar el planeta es la de salvarnos a nosotros.

El trabajo actoral de Zaida Alonso y Alberto Amarilla es muy destacable. Ante un texto sin transiciones en el que sus personajes transitan por todas las emociones en escenas que a veces necesitan un desarrollo naturalista y en otras ocasiones distanciamiento dramático no resultan deslavazados pese a la complicación técnica. 

La oportunidad de salvar el planeta es la de salvarnos a nosotros

En breve, un gran trabajo, una pieza muy destacable que trata de fondo uno de los grandes problemas de la sociedad contemporánea (nuestra extinción dentro del planeta—el planeta sobrevivirá, como decía George Carlin, y nos expulsará como una enfermedad—) y dentro de un marco narrativo sobreexplotado (los dimes y diretes de una pareja) que encuentra, merced a una muy acertada dirección y adaptación, unos mimbres que modernizan un tema tan transido como importante: el amor y la muerte, la cuna y la sepultura, el alfa y el omega, Cupido y Psique, Alberto y Zaida…

 

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