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31/03/2019 09:40 CEST | Actualizado 31/03/2019 09:40 CEST

Quieren nuestro corazón, ese es su objetivo

PIERRE-PHILIPPE MARCOU via Getty Images

A tenor de lo sucedido en los últimos días, con un Suárez Illana hablando de cosas que no entiende, un Casado ofreciendo ministerios sin saber cuál va a ser el rédito electoral a pagar por la cantidad de barbaridades que ha dicho desde que es presidente del PP y un Abascal, pistola en mano, que lucha por ser el que más alto eleve una bandera bicolor que dicen es la española. Una bandera que levanta con orgullo una derecha trifachita más atomizada que nunca. 

Este es sin duda el momento en el que la palabra progreso debe hacerse más fuerte que nunca y representar a todas aquellas mujeres y todos aquellos hombres que ven necesaria esta cita electoral para revalidar la mayoría de izquierdas que sin duda representa el espectro político del ya disuelto parlamento español. El coste de oportunidad, el de ir a votar o no hacerlo, la decisión de ser partícipe del legitimo derecho al voto, supone, de por sí, un acto con el que tradicionalmente una mayoría social ha castigado los desatinos de la izquierda frente al voto de obediencia y quizá de pleitesía que siempre ha emitido la derecha, hasta ahora unificada.

Dijo hace unas semanas Pedro Sánchez, nuestro presidente del Gobierno (más que les pese a algunos) gracias a una herramienta tan constitucional como la libertad de expresión (artículo 20), la moción de censura (artículo 113 de la misma), aquello de que “la herramienta fundamental entre avanzar y retroceder es el voto”. Desde luego que esta no es una afirmación tomada a la ligera; el avance de las ideas de retroceso que amenazan la estabilización de algo que veíamos tan básico e implantado como el Estado de derecho o la seguridad del marco común del que nos dotamos al aceptar la entrada en Europa y la divisa común. Una idea de Europa, la establecida, que nos beneficia a todas y a todos frente a la que defienden algunos desde la derecha más dura.

Este momento, como periodista y analista político, observo con asombro el instante. Vertiginoso, visceral y emocional, el mensaje que emiten los diferentes sujetos que hacen o pretenden hacer política en muchas ocasiones es tendencioso; algo duro. Para nada casual. En Europa se juega la liga de aquellos que queremos una economía común fuerte, que se ampare en un sólido concepto macroeconómico y social ante el que las ideas más reaccionarias no puedan actuar. 

Sánchez ha demostrado la honestidad de un gran líder. Dentro del marco del que todos fuimos partícipes, la Constitución, todo. Fuera, nada.

Cuando Javier Cercas escribió Anatomía de un instante, la política se redactaba a golpe de titular. Hoy, la comunicación y la revolución que ha sufrido la información con la aparición de los medios 3.0 (Internet) hace que el mensaje dure instantes. Tantos segundos como tarde en lanzar el adversario su siguiente premisa. Da igual la formación, la veracidad y la imparcialidad de los mensajes: solo cuenta cómo se acerque lo emitido al receptor, a sus sentimientos y a su forma de entender la vida.

Las campañas políticas ya no se basan en las caravanas electorales ni en las promesas en precampaña: vivimos en una campaña constante. Casado ha empezado a hacer su propia adquisición de talentos. El padre de Mari Luz. Pablo Montesinos. E incluso tantea a los de naranja primero para que concurran en las provincias pequeñas en listas unificadas al Senado y después para que su máximo líder, Alberto Carlos Rivera (antes Albert), sea su futuro ministro de Exteriores. Y a Abascal ¿ministro de Interior?

Esa derecha que hoy amenaza con un 155 perpetuo en Cataluña es la misma que hace escasos dos años le pedía a Sánchez ser un hombre de Estado para que cediese sus votos en el Senado a tenor de lo ocurrido en aquel 1 de octubre y las actuaciones inmediatamente posteriores que se dieron lugar en la Generalitat. En ese momento, fue un hombre bueno. Ahora que no comulga con la idea de plantar un 155 por no existir motivos, es un felón. 

Con un president en Waterloo y una Carme Forcadell a la espera de que el Supremo dicte sentencia, el relator fue el desencadenante de una legislatura convulsa. La más convulsa de la democracia del 78.

Sánchez ha demostrado la honestidad de un gran líder. Dentro del marco del que todos fuimos partícipes, la Constitución, todo. Fuera, nada. Ahora lo que toca plantearse es si esa regeneración democrática que comenzó a exigir el conjunto de los españoles y de las españolas en el 15-M, el escenario que hizo posible la adquisición de nuevos talentos en la política española, debe traducirse en el cambio del texto común en pos del progreso. 7 hombres fueron ponentes. Nuestra sociedad sigue siendo patriarcal; hasta en nuestra propia norma. Votemos. Y con ello, hagamos uso de la democracia.

 

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