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17/06/2019 07:24 CEST | Actualizado 17/06/2019 07:24 CEST

Seguimos siendo (¡Kachkaniraqmi!)

Es una de las palabras más bonitas que contiene el pequeño diccionario quechua-castellano.

Ruben Earth via Getty Images
Una mujer peruana. 

No he bebido. Ni me ha pasado un gato por encima del teclado. Esta conjunción imposible de letras corresponde a un saludo quechua, lengua que se sigue hablando en varios lugares de América.

Hay una zona en Perú, en el corazón de los Andes, que se convirtió en el último reducto de los chankas, tribu posteriormente asimilada al vasto imperio inca. José María Arguedas, escritor peruano y natural precisamente de aquella parte del Perú, nos recuerda que existe en el quechua chanka un término sumamente expresivo y muy común. Cuando un individuo quiere expresar que a pesar de todo aún es, que existe todavía, dice: ¡Kachkaniraqmi!”. Una sola palabra para decir un montón de cosas. Para el reencuentro con un ser querido después de mucho tiempo, para decir, de una sola vez, “sigo siendo”,“aquí estoy de nuevo”,“pese a todo, sigo vivo”.

Es una de las palabras más bonitas que contiene el pequeño diccionario quechua-castellano que compré por curiosidad en un viaje al país andino. Y como tantas otras, no tiene traducción exacta, no es un hola, o un qué tal; ni siquiera un me alegro de verte.

Es otra cosa. Se dice repetido y entre exclamaciones, como una declaración de intenciones o una afirmación de la existencia, de la vida. Con alegría. Nada que ver con los saludos más habituales en estos últimos tiempos. Aquí estamos, aguantando como podemos. Ya ves, pues tirando. Haciendo por vivir. Estos saludos son el pan nuestro de cada día; los oímos sin cesar con sólo poner un pie en la calle, con tristeza, con cierta desgana, sin esperanza y sin firmeza. Aguantando el chaparrón.

Es una de las palabras más bonitas que contiene el pequeño diccionario quechua-castellano.

Y esperando el momento y las fuerzas para decir ”¡Kachkaniraqmi, Kachkaniraqmi!” a todos cuantos te cruces en la calle. Será la señal de que algo ha cambiado en nuestro interior, de que la maldita crisis, y todo lo que ha venido después, no ha podido con nuestra autoestima y nuestras ganas de seguir adelante, de que “seguimos siendo”.

Guardamos palabras para no olvidarlas. A veces demasiadas, que pesan poco y ocupan menos. En un rincón secreto esperan pacientemente términos como amor, solidaridad, justicia, honestidad, compromiso, pan, risa o futuro. Son las precisas, descartando las demasiado floridas, las desteñidas por el abuso, las carentes de verdad y las confusas, las vacías y las que se han convertido en tópicos.

Pero hay palabras que te persiguen, que se quedan por ahí, en algún pliegue del alma, esperando el momento preciso, el de agarrar la esperanza por los pelos y exclamar: ¡Kachkaniraqmi!

 

Este post se publicó originalmente en el blog de la autora. 

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