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22/06/2019 09:23 CEST

15 síntomas físicos del estrés de los que (seguro) no has oído hablar

Desde falta de deseo sexual hasta problemas de piel.

El estrés abunda en nuestras vidas. Y, aunque muchos somos conscientes del impacto que puede tener en nuestra salud mental —incapacidad para pensar con claridad, ansiedad, irritabilidad o impaciencia, ira y pensamientos inconexos—, tendemos a pensar menos en los síntomas físicos.

Para hacernos una idea de lo habitual que es el estrés, la asesora Nicola Perry estima que el 90% de sus clientes están de alguna forma estresados. “Vivimos en una sociedad ansiosa y nuestra atención está fragmentada entre el trabajo, las redes sociales, las exigencias de nuestro teléfono móvil”, explica. “No tenemos la misma capacidad de concentración para lidiar con los problemas que quizá teníamos en el pasado”.

El estrés se manifiesta de diferentes formas y “es un asesino”, afirma directamente la psicóloga Beverley Hills. “Lo veo como una medusa que tiene un montón de tentáculos y que llega a ámbitos muy diferentes de nuestras vidas”.

Al final, los síntomas mentales son los que solemos captar. Pero en lo que respecta a la parte física, “no creo que la gente sea consciente de que el estrés puede tener repercusiones”, sostiene la experta. “Siempre pregunto a la gente cómo se siente físicamente, qué parte del cuerpo les duele”, señala Hills.

OKSANA STEPOVA VIA GETTY IMAGES

Por ejemplo, puede que tengas problemas de estómago o síndrome del colon irritable, problemas cardíacos (como palpitaciones) o de tensión arterial. “El insomnio es también bastante común”, añade Hills. “Si no eres capaz de quedarte dormido o te despiertas en mitad de la noche y no puedes volverte a dormir es porque tu mente está muy despierta y dándole vueltas a las preocupaciones”.

Si notas que no rindes en el sexo —por ejemplo, el hombre no es capaz de mantener una erección o la mujer es incapaz de concentrarse para llegar al orgasmo— tal vez esté relacionado con el estrés. El estrés también hace que te sientas desmotivado con el sexo en general.

Otros síntomas físicos del estrés:

:: Ataques de pánico

:: Granos

:: Hinchazón de cara

:: Ojeras

:: Caída de pelo

:: Uñas quebradizas

:: Tensión muscular, especialmente en los hombros y la espalda

:: Visión borrosa u ojos irritados

:: Cansancio constante

:: Rechinar de dientes

:: Dolor de cabeza

:: Dolor de pecho

:: Indigestión o ardor de estómago

:: Estreñimiento o diarrea

:: Sensación de mareo o desvanecimiento.

Nuestra vida ajetreada y fragmentada hace que nos cueste más gestionar el estrés. Como sociedad, ya no nos movemos tanto como antes. El ejercicio contribuye a reducir el nivel de hormonas de estrés como el cortisol y la adrenalina y, a falta de él, podemos sentirnos “mucho más ansiosos y estresados”.

Para muchos jóvenes, el impacto de la presión de alrededor y de una cultura de comparación en redes sociales también genera estrés. “La cultura de Instagram es terrible para el estrés”, apunta Hill. “Muchos de mis pacientes me hablan de este tipo de presión, sobre todo en un grupo concreto de edad: personas de menos de 25 años que viven su vida a través de Instagram y Snapchat”.

“Aunque son personas inteligentes, se siguen creyendo lo del ‘no soy perfecto’, lo cual es triste y difícil de romper. Porque ya se puede hablar de adicción: la gente es adicta a sus teléfonos, adicta a las pantallas, y eso da lugar a más estrés”, añade.

Qué hacer si estás estresado

Si estás experimentando los síntomas —ya sean mentales o físicos—, deberías dar un paso atrás y evaluar lo que te puede estar causando ese estrés. Si no lo tienes claro, prueba a llevar un diario del estrés, en el que incluyas “lo que ocurre justo antes o después de sentirte estresado”, recomienda Rethink Mental Illness.

Neil Shah, de la organización The Stress Management Society, explica que las soluciones al estrés son personales. “Tu reacción se debería confeccionar en función de los síntomas individuales”, dice. Si, por ejemplo, te cuesta dormir, concéntrate en seguir una rutina de desconexión y relajación antes de ir a la cama y evita los alimentos y bebidas estimulantes que contengan cafeína, azúcar y chocolate por la tarde.

Los estudios demuestran que el mindfulness (o meditación) contribuye a reducir el estrés y a mejorar el ánimo, y los ejercicios de respiración ayudan si te sientes especialmente ansioso. Shah recomienda sentarse o quedarse de pie en una postura relajada: inhala lentamente por la nariz contando hasta cinco, y espira por la boca, contando hasta ocho. Repite esto varias veces.

El ejercicio te puede subir el ánimo si te sientes de bajón y permitirte pensar con más claridad. También hay pruebas que sugieren que hacer voluntariados y ayudar a los demás puede mejorar la resiliencia de una persona.

Además, resulta útil charlar sobre tu estrés con amigos, familiares o incluso compañeros, ya que te darán su apoyo o, si el volumen de trabajo es un problema, pueden ayudarte a reducir la carga de trabajo. 

No obstante, si sientes que el estrés se está apoderando de tu vida, plantéate acudir al psicólogo.

“Si algo no va bien del todo en tu vida o tu cuerpo, tienes que hablar con alguien sobre ello, ya sea con tu médico de cabecera o con un psicólogo”, advierte Hills. También recomienda la aplicación SAM (manejo del estrés y la ansiedad, por sus siglas en inglés), que ha sido desarrollada en colaboración con un equipo de investigación de la Universidad del Oeste de Inglaterra (UWE) en Bristol. La app ayuda a la gente a entender qué es lo que les está causando estrés y ofrece ejercicios de autoayuda.

Este artículo fue publicado originalmente en el ‘HuffPost’ Reino Unido y ha sido traducido del inglés por Marina Velasco Serrano

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