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07/04/2013 10:00 CEST | Actualizado 06/06/2013 11:12 CEST

Con los cristales dibujaron tres esvásticas en su piel

Se cumple un año ya de la muerte de Daniel Zamudio y le recuerdo porque una pareja gay argentina ha sido también agredida por unos malnacidos que invocaron al nuevo papa para justificar la agresión: "Ahora el papa es de todos los argentinos y ustedes son una vergüenza para la Argentina".

Se cumple un año ya de la muerte de Daniel Zamudio y le recuerdo porque una pareja gay argentina ha sido también agredida por unos malnacidos que invocaron al nuevo papa para justificar la agresión: "Ahora el papa es de todos los argentinos y ustedes son una vergüenza para la Argentina".

Se hace tan duro a veces vivir en este mundo... Convivir con animales como Raúl López, Fabián Mora, Patricio Ahumada o Alejandro Angulo. Raúl López dijo que, cuando le rompieron la pierna a Daniel "sonaron como unos huesos de pollo, y como ya el muchacho estaba muy mal, nos fuimos cada uno por su lado". A Daniel le dieron golpes hasta que perdió el conocimiento. Apagaron cigarrillos en su cuerpo, le destrozaron la cara (no puedo ni imaginarlo), le tiraron piedras en el estómago, en la cara otra vez... Le arrancaron un trozo de oreja. Rompieron una botella en su cabeza. De nuevo su cabeza: debió ser difícil para los asesinos acabar con tanta belleza, con sus ojos, sobre todo con sus ojos. Con los cristales dibujaron tres esvásticas en su piel, por si quedaban dudas. Usaron una de sus piernas como palanca hasta que se rompió. Los médicos dijeron que sus órganos estaban tan estropeados que ni servían para la donación.

No sé por qué me afectó tanto la muerte de Daniel, quizá porque evolucionaba favorablemente y pensé que se salvaría. Me sentí tan cerca de Daniel que cuando leí la noticia sobre su muerte cerebral fue como si hubiera sido la de un hijo mío. Quizá lo era de todas formas. Nuestro hijo chileno.

Quizá saber que las últimas palabras de Daniel habrían sido dichas en mi lengua materna me acercó más al caso: quizá dijo "socorro", "ayuda" o "mamá". Esta vez no fue en Laramie (Wyoming) ni en un suburbio de Bagdad de nombre impronunciable, tan lejano quizá por eso, sino en el Parque de San Borja, en el centro de Santiago de Chile. De poco le valió a Daniel la santa advocación del parque, ni eso le valió. Los insultos de los asesinos habrían sido entendidos por mí sin traducción. Su odio no, claro: eso jamás lo entenderé. A Daniel le torturaron y asesinaron por ser homosexual: un delito de odio, que no es más que una forma de materializar una acción incitada por los que lanzan la piedra y esconden la mano. De nada sirve castigar al descerebrado ejecutor si no se ataja el problema desde la raíz, desde el que lanza la piedra.

Es intolerable que en España, por ejemplo, el Tribunal Constitucional haya tardado siete años en decidir sobre un tema que queda meridianamente claro en el Artículo 14 de la Constitución: Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquiera otra condición o circunstancia personal o social. Cualquiera que no entienda esto alienta a los que mataron a Daniel Zamudio. Como los mensajes de odio lanzados desde los púlpitos de muchas religiones (con escrupuloso cuidado algunas de ellas: "Os queremos pero sois un error").

Hemos avanzado mucho en los últimos años pero Daniel murió solo, y para nuestra desgracia mañana pasará aquí y tenemos que defendernos. La situación ha cambiado: la razón siempre ha estado de nuestra parte pero ahora también lo está la ley. Somos visibles, y estamos por eso en el punto de mira. Pero ya no estamos solos, no debemos avergonzarnos ni tener miedo a nada.

Daniel, que la tierra te sea leve puesto que tú antes fuiste leve, tan leve, con ella.

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