'Vania x Vania', un acontecimiento al estilo kamikaze

'Vania x Vania', un acontecimiento al estilo kamikaze

Elegir entre una u otra puesta en escena, desde el punto de vista crítico, resulta difícil.

Manuela Paso, Juan Codina, Marina Salas y Marta Nieto en Vania x VaniaVanessa Rábade (Naves del Español)

Esa forma de producir que tenía el Pavón cuando era teatro Kamikaze no ha desaparecido. Los artífices de aquel happening teatral permanente siguen produciendo. Y lo siguen haciendo de la misma manera: obra con una coartada cultural o política, que no panfletaria, un buen/a director/a de escena y un buen elenco. A ser posible con alguna estrella como mínimo teatral, cuando no cinematográfica y/o televisiva, siempre que fuera un buen actor o una buena actriz. Y, a veces, con una pequeña vuelta de tuerca, lo que podría llamarse el toque kamikaze.

Esta forma de producir trae Vania x Vania a las Naves del Español en el Matadero de Madrid. En la que la obra culturalmente irreprochable es: Tío Vania de Chéjov. El buen director es Pablo Remón, que además ha reescrito este clásico para acercarlo a los públicos actuales pues también es un buen dramaturgo.

El elenco es irreprochable. Lleno de actores que en teatro tienen cienes y cienes de fans: Juan Codina, Israel Elejalde, Marta Nieto, Manuela Paso y Marina Salas. Y la estrella teatral, cinematográfica y televisiva del proyecto es Javier Cámara. Que una vez más demuestra que, desde que Santiago Segura lo descubriese para el gran público en Torrente, como actor de comedia no tiene precio. Y que trabajar con Almodóvar en Hable con ella le dejo una impronta a la hora de expresarse y moverse en el escenario como el manchego.

Israel Elejalde y Marta Nieto en Vania x VaniaVanessa Rábade (Naves del Español)

Y la vuelta de tuerca, el toque kamikaze, en el que podrían haber muerto en el empeño, es hacer dos puestas en escena de la misma obra y representarlas una detrás de otra en el mismo día. De lo que sin embargo salen airosos, aunque el esfuerzo, sobre todo de los intérpretes, es brutal. Pues, empiezan a las seis de la tarde y acaban pasadas las diez de la noche, con un breve intermedio. Y no es fácil. Pues, aunque es la misma obra, no es el mismo texto, ni la misma puesta lo que hace que tengan variaciones, sobre todo en lo que dicen, la intención con la que lo dicen, las acciones y la energía que se les pide desplegar en escena.

La historia, es decir, la anécdota, son enamoramientos cruzados. Un viejo profesor jubilado, una autoridad cultural venida a menos, se vuelve al pueblo o al campo, porque no tiene posibles para mantener su vida en la ciudad. Lo hace con Elena, su bella mujer, con la que se ha casado en segundas nupcias. Y con ellos llega el tedio al lugar. Un tedio que lleva por un lado a la pereza, a no hacer nada, y, por otro, a que se desaten los asuntos del corazón que estaban atados y bien atados.

Así, Vania, el protagonista, al que hasta entonces no se le conocían devaneos amorosos, se enamora de Elena, la mujer del profesor, hasta las trancas y hasta el ridículo cuasi-adolescente. Un amor no correspondido. Ella solo tiene ojitos y tentaciones con Astrov, el guapo y brillante médico del pueblo y amigo de Vania.

Por si este cruce de amores fuera poco. La sobrina de Vania, e hija del afamado profesor y de su primera esposa, que siempre ha vivido en el campo, trabajando mano a mano con su tío, para sacar la finca adelante, también bebe los vientos por Astrov el médico.

En todos estos cruces amorosos, más carnales que espirituales, pues siempre se habla de la belleza corporal de Elena y no de otra cosa, hay dos polos de conocimiento. El del viejo profesor, conocimiento teórico y académico alejado de la realidad que vale para poco. Y el de la criada, mucho más mundano, pegado a la tierra, a lo concreto, moneda corriente que sirve para moverse en lo cotidiano.

Con todo esto, se tiene un vodevil que no lo parece. Un enredo en el que se producen situaciones hilarantes. Esa parte de comedia que tiene la obra y que hasta hace bien poco, hasta que Juan Pastor con su compañía La Guindalera no lo sacó en su reciente versión de Vania, no se veía mucho en los escenarios españoles.

Javier Cámara en Vania x VaniaVanessa Rábade (Naves del Español)

Pues la tradición, al menos la que ha llegado, es montar este cruce de deseos no correspondidos como un trágico drama romántico en la estepa rusa. Por cierto, en la Crimea ucrania, la misma que se anexionó Putin hace catorce años y donde nació Anton Chéjov, el autor original de la obra.

Con todo esto, Pablo Remón, ofrece dos montajes. El primero es un montaje completamente desnudo. En el sentido de una mínima escenografía. Basado en la palabra y los intérpretes. Esa contención escenográfica también se nota en el comedimiento del elenco, que no saca a pasear su histrionismo, o lo hacen levemente, aunque tienen que mostrar que el fuego del deseo los quema por dentro.

La segunda, es como si Pablo Remón se hubiese quitado la faja y desabrochado el corsé. Desde la escenografía, que se desborda fuera del escenario y está formada por los frontales de una dacha rusa y una casa de campo encalada española. Hasta por los actores que está vez sí que ellos, gracias al texto que les ha escrito Remón, también se desatan. La mejor muestra es cuando Javier Cámara se despierta de una siesta y cuenta que ha soñado que era concursante de Masterchef .

Elegir entre una u otra puesta en escena, desde el punto de vista crítico, resulta difícil. Ambas tienen valores muy destacables. Sobre todo, el juego del humor hace que la desnudez de Vania 1 o el exceso del Vania 2, no estomaguen, no cansen. Aunque se vean las obras seguidas en el mismo día y con una pausa insuficiente para reposar la hiperestimulación que ha provocado la primera versión, más que nada por la manera en que se gestiona la cafetería del lugar que hace difícil picotear algo rapidito.

Foto post 499 - Javier Cámara y Marta Nieto en Vania x Vania - Fotos de Vanessa RábadeJavier Cámara y Marta Nieto en Vania x Vania

Así que se sale del teatro y se vuelve a casa paladeando este rico manjar teatral. Sin embargo, a medida que se van registrando los olores y sabores del plato, empieza a surgir la pregunta de qué quedará del mismo. Si será como esos restaurantes que ocupan el top de las guías Repsol o Michelin. En los que conseguir una mesa resulta toda una aventura y que, conseguida, la fecha se vuelve todo un acontecimiento para los que van. Pero ¿qué les queda más allá de contarles a familiares, amigos y conocidos que estuvieron allí? Incluso, si como en este caso se ven las dos obras seguidas ¿qué les quedará de este menú largo y extenso?

Las preguntas son pertinentes, porque ¿de qué manera cambiarán estos montajes su percepción del arte teatral? ¿Y la forma en la que piensa, siente y vive su vida? Quizás sea demasiado pedirle a una obra de teatro que vaya un poco más allá del entretenimiento de calidad con coartada cultural. Ni aun partiendo de los materiales ni recursos de esta propuesta, que permitiría asumir ese riesgo con muchas posibilidades de éxito.

Y es que hay que tener en cuenta que a pesar de estar programada en un teatro público es una producción privada. Y por ese motivo regida por las leyes del mercado. Por tanto, tiene que dar beneficios. Algo que los productores de Vania x Vania se les grabó a fuego cuando gestionaban el Pavón Teatro Kamikaze tras los quebraderos de financiación que tuvieron.

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Como el dramaturgo Anton Chejov, me dedico al teatro y a la medicina. Al teatro porque hago crítica teatral para El HuffPost, la Revista Actores&Actrices, The Theater Times, de ópera, danza y música escénica para Sulponticello, Frontera D y en mi página de FB: El teatro, la crítica y el espectador. Además, hago entrevistas a mujeres del teatro para la revista Woman's Soul y participo en los ranking teatrales de la revista Godot y de Tragycom. Como médico me dedico a la Medicina del Trabajo y a la Prevención de Riesgos Laborales. Aunque como curioso, todo me interesa.