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Las caricaturas que ponen música al periodismo de The New Yorker

06/12/2013 10:30 CET | Actualizado 06/12/2013 10:30 CET

Desde hace más de veinte años Tom Bachtell pone cara, a su manera, a los personajes más relevantes que aparecen en el semanario The New Yorker. Intenta captar sus secretos y evidencias y lo hace con un lápiz, un papel y su afilada intuición psicológica. Sus inconfundibles caricaturas, que aparecen en muchos otros medios de comunicación, se sirven de los rasgos físicos para dar rienda suelta a la esencia interna de los retratados. Él mismo nos explica algunas de las claves de sus trabajos.

"Una caricatura es algo así como la banda sonora del artículo periodístico -explica a El Huffington Post este dibujante con formación como pianista-. Está basada en construir la atmósfera de la historia y en ayudar a reforzar la idea que se expresa en el texto, además de hacer de su lectura una experiencia más viva. También es importante como reclamo, para captar la atención del ojo cuando pasa por la página y que lo atraiga al texto. Es necesario que el dibujo sea interesante, divertido o bello para seducir al lector".

El género de la caricatura exige de cierta profundidad psicológica para resultar útil a la hora de mostrar la actualidad informativa y las suyas "no se limitan a exagerar los rasgos del personaje a retratar", defiende. "Intento mostrar lo que percibo acerca de su personalidad, su historia, su aspecto físico. También su psicología y ese juego me lleva a veces a intentar también desvelar lo que esa persona piensa de sí misma. Por eso los más complicados de dibujar son aquellos sin una personalidad definida y con un atractivo poco vistoso", nos explica el estadounidense.

Además de a Barack y Michelle Obama o al recientemente fallecido Lou Reed, por el lápiz de Tom Bachtell han pasado españoles ilustres como Pablo Picasso o Pedro Almodóvar. Con el cineasta manchego parece tener esa conexión que dice necesitar para dibujar al personaje. "Es una figura admirable. Él ofreció al mundo un primer vistazo de las ruinas del mandato de Franco y del renacimiento cultural que surgió en España tras su muerte. Lo hizo además con un sentido del humor muy particular, mezclado con algo de tristeza, frivolidad, melodrama, referentes de la cultura pop y colores explosivos. La relación de lealtad que se desarrolla entre él y sus actores dice mucho de él".

Además utiliza al director español como ejemplo para destacar cómo dos personajes completamente distintos pueden compartir una personalidad lo suficientemente poderosa como para convertirse en objetivos perfectos para sus caricaturas. "Por un lado Pedro Almodóvar tiene mucho que ver con John Waters desde el punto de vista intelectual pero, como ilustraciones, son opuestos. Waters es escuálido, con un bigote igual de escuálido, un perfil muy afilado y pelo engominado. Y Almodóvar es carnal sin pedir perdón por ello, con ese generoso estruendo capilar, nariz pequeña y redonda, cálidos ojos oscuros y mirada aguerrida. Alguien muy interesante para dibujar".