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Una anciana millonaria deja su herencia para becar a los jóvenes de un pueblo de Cuenca

04/02/2015 16:39 CET | Actualizado 27/02/2015 12:42 CET

Valverde de Júcar es un pequeño pueblo de Cuenca con apenas 1.200 habitantes que no suele salir en las noticias. Uno de sus grandes acontecimientos fue que una vecina salió en el concurso Allá tú de Telecinco en 2007, como recoge la página web de su Ayuntamiento. Ahora, otra vecina ha conseguido llevar el nombre del pueblo a los telediarios y periódicos de tirada nacional. Se trata de Virginia Pérez-Buendía, última descendiente de una familia de empresarios harineros del pueblo.

Falleció a los 86 años en septiembre de 2014 en su piso de Madrid, situado en los alrededores del Congreso de los Diputados. No se sabe la fecha exacta en la que murió porque tardaron semanas en echarla en falta. No tuvo hijos, ni sobrinos ni ningún otro familiar cercano que pudiera estar pendiente de ella. Ni tampoco nadie a quien dejarle su herencia: el piso de Madrid, una finca de más de cien hectáreas en su pueblo, el dinero ingresado en el banco, acciones en Bolsa, la fábrica de harinas y varios terrenos.

fábrica de harinas

La fábrica de harinas de la familia Pérez-Buendía en Valverde de Júcar

Los habitantes de Valverde de Júcar se preguntaban a quién dejaría toda esa riqueza. El día 25 de enero se leyó en público su testamento en la Casa de la Cultura del municipio ante un nutrido y expectante grupo de vecinos. Ella lo había dejado escrito el 20 de julio de 1983. Más de 30 años después, se resolvía el misterio. Virginia dejó dispuesto que con su fortuna se creara una fundación con su nombre para becar a los jóvenes sin recursos del pueblo y que puedan estudiar.

"Nadie esperaba que fuera a dejar nada. Era un poco huraña. Llevaba una vida un poco de ermitaña. Contradicciones de la vida", comentó un vecino del pueblo a EFE. Según el alcalde de la localidad, Pedro Esteso, "Virginia era muy especial. Muy suya. Vivía a su manera. No le gustaba hacer ostentación. Iba con un coche viejo. Vestía de día. Le gustaban los animales. Madrugaba. Le gustaba el campo. No se paraba a hablar con las vecinas. Nos ha dejado su gran corazón. El futuro de nuestros hijos, de nuestros pequeños".

Esteso ha explicado que, en agradecimiento, se pondrá su nombre a un parque del pueblo situado al lado de la casa en la que ella residió, en la que quieren instalar un museo etnográfico en su memoria.

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