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26/04/2015 10:08 CEST | Actualizado 26/04/2015 10:08 CEST

Por qué recibimos Spam constantemente y cómo luchar contra él

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Resulta difícil encontrar una molestia que nos haya traído la deslumbrante era de internet mayor que el spam, esos mensajes basura que no queremos, que no solicitamos y que aun así recibimos en nuestra dirección de correo electrónico sin un remitente conocido. Suelen ser de contenido publicitario y, a veces, virales o fraudulentos, se envían de forma masiva e incluso suplantan a nuestros contactos para tratar de colarnos su mercancía o, al menos, conseguir unos clics, aprovechándose de que con usuarios conocidos tenemos la guardia más baja. Pero no sólo podemos tropezarnos con spam en nuestro email, sino también en los comentarios de los blogs, foros, redes sociales e incluso con una ventana emergente en cualquiera de las páginas web por las que navegamos.

El origen del término es, cuando menos, curioso. La empresa estadounidense Hormel Foods comercializó una carne enlatada llamada Hormel’s Spiced Ham (jamón con especias) que sirvió para alimentar a los soldados británicos y soviéticos durante la Segunda Guerra Mundial y luego ha continuado vendiéndose hasta el día de hoy. Así que, según la versión oficial, spam es la contracción de Spiced Ham, pero también se cuenta que la pérdida de cuota de mercado que empezó a sufrir este producto empujó a la empresa a cambiar su nombre a otro más atractivo, un acrónimo de Shoulder of Pork And Ham (paleta de cerdo y jamón). Sin embargo, fue el recuerdo de un excéntrico sketch de los cómicos Monty Phyton en su programa setentero Flying Circus lo que popularizó el término para referirse al correo no deseado. En este sketch, la palabra se repite docenas de veces en un restaurante donde todos los platos que se sirven llevan carne SPAM, y según el experto en software Brad Templeton, algún miembro de los MUDers relacionó con el sketch determinados comportamientos en su entorno virtual a finales de los ochenta. De ahí, el concepto saltó en los noventa a USENET y su uso se generalizó a partir de 1994 tras un incidente con un mensaje publicitario masivo sobre lotería en la misma red.

Se calcula que al menos el 78% de los billones de correos electrónicos enviados cada día es spam, y según Akismet, el 93% de los comentarios en blogs también es basura. Ni la prohibición terminante de correo no deseado en la Ley de Servicios de la Sociedad de la Información y de Comercio Electrónico aprobada en 2002 en España, ni la insuficiente acta CAN-SPAM estadounidense de 2003 ni los proyectos como Harvester, que recopila direcciones IP de spammers para bloquearlas, han surtido mucho efecto. ¿Y cuál es la razón? Sencillamente, que el negocio del spam es muy resistente por lucrativo, y en él está implicada una larga cadena de personas: desde los vendedores de los productos publicitados, pasando por los programadores de software malicioso que recopila direcciones de email y de los botnets que centralizan ordenadores infectados para lanzar el spam, hasta los redactores de los correos, que compran las listas de emails y alquilan tiempo a los gestores de los botnets. Hay estimaciones de que, algunos años, el mercadeo del spam ha generado unos 1000 millones de dólares de beneficio, y de que el spam en Facebook es un negocio con un valor de 200 millones de dólares. Además, según Kaspersky Lab, más del 40% del spam tiene como objetivo el robo de información personal y datos financieros.

Obviamente, como usuarios debemos usar el sentido común para detectar los mensajes de spammers, incluso si provienen de contactos nuestros a los que han suplantado: ha de parecernos raro que nos envíen algo así, por lo que, antes de hacer nada con el correo, conviene hablar con la persona en cuestión y preguntarle si de verdad nos lo ha mandado. Si no y en cuanto al resto de los spammers, no hay que responderles, ni hacer clic en sus enlaces, ni siquiera en aquellos para cancelar una supuesta suscripción, ni previsualizarlos. Y para luchar nosotros mismos contra esta lacra en nuestras bandejas de entrada se pueden llevar a cabo varias acciones:

  1. Es conveniente endurecer los filtros de las cuentas para desterrarlo siempre a la de correo no deseado
  2. Se puede instalar un programa específico antispam
  3. También se recomienda evitar los correos en cadena, que son fuentes de emails para los spammers
  4. Cuando se envía un correo a varios destinatarios, se debe usar el campo CCO y pedir a los otros que hagan lo mismo
  5. Debemos torear los registros con una cuenta secundaria o incluso una desechable
  6. También se recomienda denunciar en el apartado de abusos de los acortadores sus enlaces de spam para que los eliminen
  7. Hacer una imagen de la dirección para que no sea legible por bots de rastreo es otra buena arma
  8. Por último, se puede recurrir a formularios de contacto en páginas web propias, usar la mensajería instantánea siempre que sea posible en vez del correo electrónico y ayudar a engrosar la SpamCop Blocking List.

Es posible que el monstruo del spam sea gigantesco y nosotros sólo dispongamos de esta honda de recomendaciones para intentar derribarlo. Pero lo cierto es que, con un poco de maña con ella y el ya mencionado sentido común, el monstruo puede resultar de lo más llevadero.

Un reportaje de César Noragueda

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