INTERNACIONAL

Heridos y violados, así llegan a Suecia los menores refugiados

08/09/2015 09:50 CEST | Actualizado 10/09/2015 09:05 CEST
ANTONIO SÁNCHEZ SOLÍS/EFE

Unos 700 menores refugiados están llegando cada semana sin sus padres a Suecia, muchos de ellos heridos en accidentes y algunos con cicatrices físicas y psicológicas de palizas o violaciones a manos de los traficantes de personas.

Normalmente los menores, en gran medida chicos adolescentes, completan su largo viaje desde Oriente Próximo, África y Asia cruzando el puente Oresund desde Dinamarca, y buscan ayuda en la primera ciudad sueca a la que llegan, Malmo.

Personal del centro de tránsito de Malmo, que atienden a los menores no acompañados durante sus primeros días en el país, escriben cómo algunos llegan con heridas en la cabeza o huesos rotos.

A menudo los han sufrido por caídas desde camiones en los que intentan llegar escondidos, pero las heridas también han sido infligidas por los traficantes a los que sus padres han pagado para que les trasladen de forma segura hasta el norte de Europa.

Algunos menores, por ejemplo, presentan pérdida de audición tras haber sido abofeteados en los oídos durante le viaje, que incluye la peligrosa travesía por el Mediterráneo en embarcaciones o botes, muchos de los cuales no son aptos para navegar.

"También hemos recibido a muchos que vienen vía Libia, incluidas personas que han estado en embarcaciones naufragadas", explica la directora del centro, Kristina Rosen. Un menor no acompañado vio a su hermano ahogarse en el Mediterráneo y el personal del centro estima que más de la mitad de los menores necesitan atención psicológica en algún momento.

SOLICITANTES DE ASILO

En proporción con su población, Suecia recibe a más solicitantes de asilo que ningún otro país europeo y las cifras van en aumento. El país, que ha dado la bienvenida a refugiados desde los años 1970, también recibe a alrededor de un tercio de todos los menores no acompañados que llegan a la UE y sus cifras se espera que se dupliquen este año hasta los 12.000.

Las autoridades indican que los padres a menudo solo pueden costearse enviar a un único miembro de la familia. Así que envían a un hijo a Suecia, a menudo para evitar que sean reclutados por grupos milicianos como Estado Islámico, en el caso de Siria e Irak, o Al Shabaab en Somalia. Menos de una tercera parte de los menores no acompañados nunca vuelve a reunirse con sus padres.

Malmo, a tan solo 35 minutos en tren de Copenhague, es el principal punto de entrada a Suecia para los menores. Algunos son encontrados deambulando por las calles por personas que les llevan ante las autoridades. Otros buscan a la Policía o a trabajadores sociales, o son abandonados por los traficantes cerca de la Agencia de Migración con directrices para sus responsables.

Hasta el mes de agosto, 9.383 menores no acompañados habían solicitado asilo en Suecia, una cifra superior a los 7.049 que lo hicieron en todo 2014, con las llegadas en aumento durante el verano. Principalmente proceden de Afganistán, Eritrea, Somalia y Siria, de acuerdo con los datos de la Agencia de Migración sueca, y en su mayoría son chicos.

EL 29% DE MENORES NO ACOMPAÑADOS DE LA UE VA A SUECIA

El año pasado, el 29 % de los menores no acompañados que buscaron asilo en la UE llegaron a Suecia, según la agencia, lo que sitúa el coste de su atención en los 9.100 millones de coronas suecas (unos 963,7 millones de euros) este año. Alrededor del 92 % de los menores no acompañados que solicitan asilo tienen entre 13 y 17 años.

Los menores permanecen en el centro de tránsito de Malmo solo unos días antes de ir hacia otras ciudades en Suecia, o instalarse con familias de acogida si son muy pequeños. El personal intenta dar al centro de Malmo una atmósfera de hogar más que una institución. Los adolescentes se sientan en lo que parece una sala de estar, juegan a videojuegos o actualizan su Facebook.

En general, según el personal, los más pequeños llegan a menudo en tren y en mejores condiciones pero los más mayores a menudo están sucios tras haberse ocultado en los bajos de algún camión para cruzar hasta Suecia. "Lo que más sorprende a su llegada es que están extremadamente cansados y extremadamente hambrientos. Comen sin cesar enormes cantidades de comida", explica Rosen.

Con entre 40 y 50 menores llegando cada día, los recursos de la ciudad se están agotando, reconoce su alcaldesa, Katrin Stjernfeldt Jammeh, que apunta al exceso de personas en los centros y a los problemas para reclutar a personal.

Una vez instalados, a muchos les va bien cuando crecen. Un estudio de la Universidad de Estocolmo de menores llegados entre 2003 y 2013 detectó que su tasa de desempleo es menor que la media sueca. Sin embargo, en proporción, muchos más encuentran trabajo que aquellos refugiados que han llegado con sus padres.

Aref Karami, de Afganistán y que actualmente tiene 21 años, llegó solo a Suecia cuando tenía 16. Viajó a través de Turquía, Grecia, Italia, Francia, Alemania y Dinamarca. Entre Grecia e Italia viajó en una pequeña embarcación con otras 34 personas durante siete horas.

"Había oído hablar de Suecia, que es el mejor país para estudiar, y era mi sueño estudiar", explica Karami, que ahora está en el instituto y sueña con convertirse en arquitecto.