INTERNACIONAL

El Parlamento Europeo pide la palabra para evitar el "Brexit"

07/02/2016 13:12 CET | Actualizado 07/02/2016 13:15 CET
EFE

Llueve sobre Estrasburgo pero no hace el gélido frío alsaciano de otros inviernos; ni siquiera el clima es lo que era en una Unión Europea que, zarandeada por crisis múltiples, lucha por sobrevivir y seguir siendo reconocible a sus esencias. Como cada mes, los diputados al Parlamento Europeo se han desplazado aquí esta semana para celebrar su sesión plenaria, pero la mayoría

han mantenido su mirada fijada, algo melancólica, en la capital del Reino Unido, quizás en unos meses una ciudad más ajena si los británicos deciden dar un portazo al club al que entraron en 1973.

El Parlamento corre el riesgo de quedarse marginado en un asunto que no afecta solamente al Reino Unido sino a uno de los pilares de la Unión, la libertad de circulación de trabajadores. A pesar de que el poder de la Eurocámara no ha dejado de crecer desde los años 80, en los asuntos que dominan la agenda y que ponen a la unión en jaque – sea la crisis del euro hace un par de años o ahora la crisis de los refugiados – el Parlamento ha tenido un papel menor. Ahora estudia la mejor forma de lograr un difícil equilibrio entre hacer valer algunas de sus líneas rojas en las conversaciones para evitar el Brexit y no hacer descarrilar tan delicada negociación. La operación que ha puesto en marcha tiene riesgos.

Tras el envío de una carta del presidente del Consejo Europeo Donald Tusk a las capitales de los estados miembro en donde se detalla la base del acuerdo para una nueva relación del Reino Unido con la UE, todas las miradas están puestas en el Consejo Europeo del próximo 18 y 19 de febrero, donde está previsto que se formalice el acuerdo. El Parlamento Europeo – hasta ahora en silencio sobre esta cuestión – ha debatido el asunto en el hemiciclo y sus líderes ultiman en reuniones reservadas su estrategia.

LAS POSTURAS

En el debate principal de la sesión plenaria, la mayoría de sus euroseñorías no han querido hacer ruido. Los líderes socialista, conservador y liberal han repetido lo obvio: que Reino Unido está mejor dentro de Europa y que a la Unión Europea le interesa evitar el divorcio. Incluso el líder de los liberales, Guy Verhofstadt, una tradicional voz europeísta cuyo entorno asegura que lleva

tiempo convencido de que los británicos se terminarán marchando, se ha mostrado en esta ocasión con un tono más bajo al habitual. Claudicante, Verhofstadt aseguró que debía ser la última vez que la Unión emplea “frenos de emergencia” que la destruyen para acudir al auxilio de líderes nacionales en dificultades.

Tan previsible era el mensaje de las voces que quieren una Europa unida y próspera como la excitación de quienes desean destruirla y se sienten ahora cerca de conseguirlo. Los populistas anti-europeos salivan ante el banquete que les espera. La negociación en marcha asume algunos de sus postulados - como que un país debe poder discriminar a los trabajadores de otros países europeos frente a los nacionales - y además es posible que el transformismo de la Unión ni siquiera le sirva para evitar la ruptura. En otras palabras, ganan en todos los escenarios posibles.

Nigel Farage, el líder del populista Partido por la Independencia del Reino Unido (UKIP), no ocultó sus deseos en el largo plazo: “Que el referéndum británico y su posterior salida de la UE sea sólo el primer referéndum de otros tantos que se celebren en una Europa cuyas naciones recuperen su soberanía”. Marine Le Pen, líder del Frente Nacional francés, rodeada de banderas francesas y alguna británica en los escaños de su entorno, celebró también la consulta británica: “Es una señal de la debilidad de Europa. Veremos finalmente un paso atrás; la gente recuperará su poder”.

“La realidad es una cosa y la percepción de la gente es realidad política”, comenta a El Huffington Post una de las voces británicas más veteranas en la Eurocámara. Richard Corbett, elegido eurodiputado por primera vez en 1996 y ahora número 2 de los laboristas en Europa, reflexiona sobre el asunto más espinoso de la negociación, el “freno de emergencia”, que permitirá al gobierno británico restringir los beneficios sociales a los que tienen derecho los ciudadanos comunitarios en el Reino Unido.

“Este asunto no estaba en los planes de Cameron sobre su reforma de la Unión Europea. No lo incluyó en su famoso speech de Bloomberg en 2013. Lo ha incorporado por la presión de UKIP [partido por la Independencia del Reino Unido]”. Los números aseguran que esta exigencia tiene una lógica típicamente populista. Los ciudadanos comunitarios que viven en el Reino Unido pagan una tercera parte más en impuestos de lo que reciben en beneficios sociales y servicios combinados. No representan por tanto carga alguna para las finanzas británicas. “En la opinión pública esto es una preocupación al margen de las estadísticas”, asegura Corbett. Y remata: “Hay que dar a esta cuestión una solución política”.

Como buen estudioso de la Unión Europea – ha publicado numerosos libros sobre la materia – Corbett recurre a la historia para explicar la cintura y generosidad que los actores europeos deberían tener con el Reino Unido en estos momentos críticos. “Me recuerda a la crisis de la silla vacía durante los años 60.

El presidente francés Charles de Gaulle boicoteó las reuniones con sus socios europeos ausentándose durante seis meses porque no estaba conforme con los avances del proyecto europeo. Al menos el Reino Unido no está haciendo eso ahora. ¿Qué hicieron los otros cinco miembros? ¿Presionar a Francia para que firmara o se fuera? No, negociaron y se evitó la ruptura. Se hizo el acuerdo de Luxemburgo de 1966. Debemos hacer pequeños sacrificios para evitar el mal mayor, la ruptura de la Unión Europea”.

EL PAPEL DEL PARLAMENTO EUROPEO

Según la hoja de ruta trazada por Donald Tusk en sintonía con el presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker, el acuerdo entre los líderes europeos y David Cameron tendrá naturaleza de tratado internacional. Ese esquema deja al margen al Parlamento Europeo en esta fase inicial, aunque su colaboración sería necesaria para hacer el polémico cambio legislativo que facilitaría que el Reino Unido – una vez que hubiera decidido en referéndum que decide quedarse en la Unión Europea - pudiera aplicar su “freno de emergencia” para restringir los beneficios sociales a los ciudadanos comunitarios.

En un documento interno de trabajo al que ha tenido acceso El Huffington Post, los líderes de los socialistas, populares y liberales ultiman su lista de exigencias entre las que destaca la reforma de los tratados, un equivalente a un cambio constitucional. Según esta petición en la que trabajan los principales grupos de la Eurocámara, el acuerdo que se alcance con Reino Unido tendrá que buscar acomodo en una revisión que deberá incluir cambios fundamentales para responder a las crisis múltiples que le amenazan.

El borrador concluye con un comentario que podría interpretarse como una amenaza para que el Parlamento sea respetado en este proceso: “El Parlamento está preparado para jugar su papel en el proceso legislativo y lo hará bajo los principios de no discriminación e igualdad…. En todo caso no se debe dar por sentado el resultado del proceso legislativo”. En otras palabras: el Parlamento se reserva la carta de descafeinar la oferta a Cameron para que éste pueda aplicar las restricciones a los beneficios de los ciudadanos comunitarios en el Reino Unido, algo que podría dificultar aun más la capacidad del primer ministro británico para convencer a muchos euroescépticos de que ha conseguido una gran victoria frente a Bruselas.

La semana ha concluido con una importante victoria diplomática para el Parlamento Europeo. Tras un encuentro en Londres con su presidente, Martin Schulz, el primer ministro David Cameron ha confirmado que visitará la Eurocámara en Bruselas el próximo 16 de febrero. La visita de Cameron (que tenía sobre su mesa desde hace tiempo hasta dos invitaciones del Parlamento por iniciativa del liberal Verhofstadt) podría reflejar el emergente papel que la Eurocámara va a tener sobre esta cuestión en los próximos meses.

El debate de Cameron en Bruselas será un encuentro con una gran expectación mediática a los dos lados del Canal que servirá de puesta de largo para la estrategia que los líderes del parlamento urden sigilosamente estos días. Quizás entonces David Cameron recuerde con algunas dudas si fue acertada o no su primera decisión sobre Europa que tomó al hacerse con el liderazgo de su partido: sacarlo de la familia del Partido Popular Europeo (el primer grupo político de la Eurocámara) y alinearlo con fuerzas conservadoras del centro y este de Europa, cuyo grupo, ECR, es el tercero en número de escaños.

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