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Por qué el bloqueo de combustible en Francia está calando más que el resto de protestas

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AFP
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Se ha convertido en el centro de las protestas en Francia. Los bloqueos de las refinerías y gasolineras están consiguiendo eso que las huelgas de transportes públicos y las manifestaciones no, es decir, amenazar con perturbar de forma duradera el buen funcionamiento del país con el fin de paralizar la reforma laboral de la ministra de Empleo, Myriam El Khomri, que pretende aprobar el Gobierno socialista de François Hollande.

Las movilizaciones contra este polémico proyecto de ley llevan sucediéndose desde marzo; en abril comenzaron las jornadas de huelga y surgió el movimiento Nuit Debout. Las manifestaciones contaban con el apoyo de una gran parte de la población, pero todo quedó sobre el papel. En cambio, los parones en las refinerías y los bloqueos de depósitos de carburante han logrado suspender la actividad de las ocho refinerías de Francia y han dejado sin carburante al 20% de las gasolineras del país. Es ahora cuando el panorama —y la población— se han revolucionado por completo.

El primer ministro, Manuel Valls, ha denunciado este lunes durante una visita a Jerusalén el "chantaje" de una parte de la Confederación General del Trabajo (CGT) y ha asegurado que se desbloquearán las reservas de combustible. "Apelo a los franceses a que no cedan al pánico", dijo Valls en un intento por que los conductores no se precipiten a las estaciones de servicio para anticiparse a una eventual escasez de reservas.

El pánico podría actuar como efecto dominó y precipitar la tan temida sequía de combustible.

Pese a las protestas del Ejecutivo, que jura que de momento no existe tal carencia, los primeros resultados están ahí: 1500 de las 12.000 estaciones de servicio que hay en Francia han interrumpido parcial o totalmente su suministro, según el secretario de Estado de Transportes, Alain Vidalies. Varios departamentos ya han empezado a racionar la distribución de combustible, lo que no ha hecho más que alimentar la psicosis mediática, tal y como atestiguan las portadas de la prensa cotidiana regional de este lunes.

Da igual que el conjunto del territorio no se haya visto afectado (todavía) y que los stocks estratégicos (que representan el equivalente a tres meses de consumo) estén llenos: el miedo de que escasee la gasolina se ha impuesto en la mente de muchos franceses, que se han lanzado este fin de semana a las estaciones de servicio. Un pánico que podría actuar como efecto dominó y precipitar la tan temida sequía.

EL COCHE PUEDE MÁS QUE LOS TRENES

¿Y cómo se explica que ese miedo se haya hecho tan viral? Técnicamente, la movilización que afecta al sector petrolero es sensiblemente comparable a la de la Sociedad Nacional de Ferrocarriles Franceses (SCNF), que ha encadenado varias jornadas de huelga en los últimos dos meses. No obstante, pese a que el seguimiento ha sido considerable (hasta un 50% de trabajadores, según la CGT, y la supresión de uno de cada dos trenes de alta velocidad o TGV y de más de la mitad de los cercanía), el caos no se ha instalado en ese ámbito. ¿El motivo? Los servicios mínimos, que permiten a la empresa ferroviaria anticipar el estado del tráfico, desplegar efectivos en las zonas tensas y, por tanto, atenuar las molestias provocadas por los paros.

Las primeras muestras de desabastecimiento han hecho que los franceses se lancen a las gasolineras, empujando a las autoridades a decretar el racionamiento de combustible.

En cambio, en el sector petrolero el efecto sorpresa ha calado hondo y ha desatado una reacción psicológica en cadena: las primeras muestras de desabastecimiento han hecho que los franceses se lancen a las gasolineras, empujando a las autoridades a decretar el racionamiento de gasolina, lo que alerta aún más a los medios y a los conductores. Al final, basta que se bloquee una pequeña minoría de reservas de carburantes (5%, según el ministerio de Transportes) para que surja el espectro del desabastecimiento en un aspecto esencial en la vida cotidiana de los franceses.

Recordemos que la gran mayoría de las personas activas dependen de su vehículo personal para llegar al trabajo. Más allá de la región parisina —la única en la que los transportes públicos se utilizan al mismo nivel que el automóvil—, más del 70% de los desplazamientos entre el domicilio y el lugar de trabajo se hacen en coche, según las cifras del Insee (Instituto Nacional de Estadísticas). Este porcentaje alcanza un 90% en las regiones rurales del oeste, donde la escasez afecta mucho más. Con la amenaza de la sequía petrolera casi uno de cada seis activos se encuentran con la dificultad de no poder llegar al trabajo.

LA PESADILLA DE UNA CONVERGENCIA DE BLOQUEOS

A diferencia de lo que ocurre con el transporte público, crear una impresión de escasez de gasolina es mucho más fácil, ya que los lugares donde se producen y almacenan los carburantes están centralizados y sus efectivos son especialistas. Varias decenas de huelguistas pueden interrumpir la cadena de fabricación o bloquear el acceso a las reservas. "Es como la tripulación de un barco. Cuando de 10 trabajadores, hay 5 que se niegan a hacerlo, el barco no puede seguir avanzando y se para. Con las refinerías es lo mismo", resume en France Info Emmanuel Lépine, responsable del tema del petróleo en la CGT. Incluso cuando se pone en marcha de nuevo una refinería, se necesitan varios días antes de que vuelva a funcionar a pleno rendimiento.

La parálisis del sector petrolero es, por tanto, un tema de preocupación central. Pero hay algo peor para el gobierno: la "generalización de las huelgas" que la CGT y Fuerza Obrera (FO) piden. Su objetivo es hacer converger las huelgas de sectores para lograr un parón duradero de todo o parte del territorio francés.

El bloqueo de los depósitos de almacenamiento ilustra la eficacia de esa convergencia de luchas. Mientras que algunos sitios están bloqueados desde dentro por los asalariados en huelga, otros están bloqueados por fuera por parte de camioneros, que frenan o impiden el acceso a las refinerías para luchar contra la ley del Trabajo.

Muestra de que esta convergencia preocupa es la promesa del Ejecutivo de que no dudará en utilizar la fuerza para desbloquear los depósitos. "Si los trabajadores están de acuerdo, seguirán las movilizaciones y se ampliarán", ha amenazado el presidente de la CGT, Philippe Martinez.

En los puertos, los estibadores ya se han unido a los petroleros. También es posible que los transportes públicos sigan este camino. De momento, la CGT ha convocado a la empresa de transportes parisinos (RATP) para llevar a cabo una huelga prorrogable e ilimitada a partir del jueves 2 de junio.

Este artículo fue publicado originalmente en la edición francesa del 'HuffPost' y ha sido traducido del francés por Marina Velasco Serrano

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