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El espíritu de Jo Cox al rescate de Europa

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No ha sido la memoria de las batallas que los británicos y los europeos han luchado juntos en el pasado. Tampoco los serios – pero grises, a fin de cuentas – argumentos económicos que vaticinan un desastre si el Reino Unido se marcha de la UE. La gran emoción que ha inundado los corazones y las cabezas de quienes quieren que el Reino Unido siga en la Unión Europea ha venido de la mano de la pobre Jo Cox, la parlamentaria laborista asesinada por un fanático ultraderechista y convertida ahora en una suerte de mártir de los valores europeos que mañana se someten a examen.

Trafalgar Square, la mítica plaza londinense, se ha convertido hoy, entre la estatua del almirante Nelson y el imponente edificio de la National Gallery, en el escenario de una gran celebración: el 42 cumpleaños de Jo Cox. "Jo hubiera querido que de la muerte fuéramos capaces de producir algo bello… Que la muerte de Jo nos conduzca a un mundo mejor… Qué bonita paradoja que un acto diseñado para promover el extremismo haya logrado una demostración de amor tan grande", ha dicho frente a miles de personas su viudo Brandon Cox, incapaz de aplacar su contagioso llanto.

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Una bella coincidencia ha recordado a los presentes el valor de la vida y las ideas de solidaridad que Jo defendió con valentía: Bernard Kenny, el jubilado que trató de salvarla enfrentándose con su asesino, quedando gravemente herido, cumple 78 años en el día de hoy. El mismo día que Cox.

No ha sido éste un evento de campaña, pero el referéndum y los valores de la Unión Europea han inundado cada uno de los actos que han compuesto el homenaje. "Jo hoy hubiera estado haciendo campaña para permanecer en Europa; su asesinato fue político", ha dicho el viudo Brandon Cox. Algunos de los asistentes han acudido con camisetas que apelaban al voto por la permanencia. En un momento dado, como si estuviera preparado, pero probablemente sin estarlo, dos avionetas portando unos banners del Brexit han cruzado el cielo de Londres generando un momento extraño.

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La campaña del referéndum había producido hasta hace pocos días una situación peculiar: los partidarios de permanecer en Europa hablaban de economía y los defensores del Brexit de inmigración. Dos monólogos paralelos. Pero ha sido el asesinato de Jo Cox y su frase para la historia, “es mucho más lo que nos une que lo que nos separa” - en relación a las virtudes de una sociedad plural y abierta - lo que ha animado a los partidarios de la permanencia a sacar pecho en defensa de los valores de la inmigración y de ayudar a quien lo necesita, con independencia de su origen o el color de su piel.

Los horrores de la guerra de Siria y la obligación legal y moral de asistir a los refugiados que huyen de ella – batallas que Jo Cox lideró desde su escaño en Westminster y antes en su vida de activista desde el terreno – han estado presentes, desafiando la retórica xenófoba que se ha apoderado del bando que defiende la salida británica de la UE, sobre todo desde que Nigel Farage utilizara un gran cartel con una fotografía de refugiados cruzando Eslovenia, en una evocación de la propaganda que en su día utilizaron los nazis. Un representante de los White Helmets, una organización no gubernamental que opera en Siria, ha rendido tributo a Cox dejando su casco blanco sobre el escenario.

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Bono, el líder de U2 ha compuesto una canción y un vídeo para Jo. Ordinary Love, un canto al amor de los hombres y mujeres corrientes, se ha apoderado de la plaza de la mano de la voz aguda del cantante y activista irlandés. Malala Yousafzai, la mujer pakistaní que sobrevivió a un atentado de los Talibán mientras caminaba hacia la escuela, también ha estado presente en Trafalgar Square. “Una vez más los extremistas han fracasado”, ha dicho Malala mientras se retocaba su velo negro frente a un ligero viento. “Se puede ser pequeña y se puede ser una gigante”, ha afirmado, en referencia a la estatura pequeña de Cox.

Los políticos y la sociedad británica insisten en que el asesinato de Jo Cox no cambie una de sus más genuinas tradiciones democráticas: la cercanía entre los políticos y los ciudadanos. Cox murió mientras rendía cuentas ante sus representados, como cada semana, en la oficina de su distrito. En la plaza Trafalgar hoy apenas había policía, desafiando con normalidad el extraño clima que el asesinato ha generado en la campaña. Ayer en este mismo sitio apareció Ed Miliband, el ex líder de los laboristas británicos, también sólo, sin protección aparente, para dar un discurso en un acto pro europeo organizado por unos estudiantes.

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Los valores que Cox murió defendiendo se someten mañana a examen. Roger Cohen, columnista británico del New York Times, apelaba recientemente al espíritu de Jo Cox para el voto de mañana. “¡Vamos Gran Bretaña! Por Cox, por sus dos hijos, por Fazila Aswat [la asistente de Cox que habló con ella cuando yacía en el suelo], por la orgullosa tradición de apertura británica, ¡levántate! Levántate, rehúye de los que propagan el odio y vota para permanecer en la Unión Europea”.

Poco importa ahora que la Unión Europea viva sus horas bajas, que no sea capaz de estar a la altura moral de sus valores fundadores para dar respuesta a la crisis de refugiados, la opción binaria que mañana se plantea a los británicos no acepta matices: o dentro o fuera de Europa. Las malas compañías de los partidarios del Brexit, a menudo trufadas de xenofobia, podrían haber terminado por alertar a muchos, en esta atmósfera emocional bajo el legado de Cox, de los horrores de un Reino Unido que se enrosca sobre sí y da la espalda a sus vecinos.

Las encuestas están empatadas. La suerte está echada. Sea cual sea el resultado, comienza mañana un nuevo capítulo en la historia del Reino Unido y Europa.

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