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Por qué seguimos sin conocer el cuerpo de las mujeres

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Tres de cada cuatro mujeres no pueden llegar al orgasmo sólo mediante la penetración vaginal. Y de esa cuarta parte capaz de alcanzarlo simplemente así, hay estudios que consideran que apenas un 8% puede lograrlo de forma evidente.

Esta podría ser la única explicación verdadera y necesaria para lo que, entre los sexólogos e investigadores, se conoce como The Orgasm Gap [la brecha orgásmica]. El concepto hace referencia a la afirmación que defiende que por cada vez que una mujer heterosexual llega al orgasmo, un hombre heterosexual lo alcanza tres veces.

Cualquier individuo poco familiarizado con la clitopedia podría emplear esta información para mostrar que las mujeres no son tan sexuales como los hombres o que el cuerpo de la mujer no está programado para el placer.

No obstante, también se observa que las mujeres que mantienen relaciones sexuales con otras mujeres tienen el mismo número de orgasmos que los hombres y alcanzan el clímax con la misma frecuencia que los varones heterosexuales. Y esto también se cumple cuando las mujeres se masturban.

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El problema no está en la mecánica de la anatomía de la mujer, quizá esté en el hecho de que la mayoría no entiende realmente el cuerpo femenino.

UN ÓRGANO CON 8.000 TERMINACIONES NERVIOSAS

El escritor y experto en sexo Ian Kerner llama a este fenómeno The Intercourse Discourse [el discurso del coito], y así lo explicaba a The Huffington Post:

“El discurso del coito promueve la hegemonía del pene sobre el clítoris, refuerza una narrativa sexual lineal que se asocia simplemente a la respuesta sexual masculina y, como consecuencia, relega el orgasmo de la mujer a los extrarradios del placer sexual. Además, reproduce la propaganda de que a las mujeres no les importa tanto como a los hombres tener orgasmos o de que las mujeres deberían experimentar un deseo espontáneo igual que los hombres.

Parece que la cultura casi siempre opera con la siguiente fórmula:

Pene + Vagina = Sexo, Orgasmo, Sexualidad, Sensualidad, Felicidad.

Y cuando la ecuación no encaja perfectamente con individuos de cualquier género, la respuesta automática no es: “La ecuación tiene algún fallo”.

La primera respuesta es: “Yo tengo algún fallo. Algo me pasa. Algo me falta”.

Muchas personas sufren en silencio esa persistente sensación de fracaso, mientras intentan adaptarse a la única ecuación que se les ha ofrecido y tratan de aceptar unas afirmaciones desmentidas hace ya mucho tiempo.

Según Kerner, los efectos de esas afirmaciones están muy extendidas.

“Como el discurso del coito no privilegia la estimulación clitoriana (la gran mayoría de las posturas del coito no estimulan el clítoris continuamente), hay muchas mujeres que no tienen orgasmos de forma regular cuando practican sexo en pareja. Como consecuencia, muchas mujeres no disfrutan del sexo tanto como podrían, se muestran menos predispuestas hacia el sexo y se sienten ‘sexualmente rotas’. El poder de este discurso es tal que las mujeres se ven obligadas a fingir el orgasmo en vez de enfrentarse a ello”.

Es fácil encontrar libros y más libros que detallan posturas sexuales para las que se necesitaría la flexibilidad de un acróbata del Circo del Sol. En cambio, el consejo de juega con un órgano que activa 8.000 terminaciones nerviosas debe parecer demasiado simple o demasiado pornográfico o demasiado aterrador como para hacer hincapié en él.


El cuestionario del clítoris por elhuffingtonpost