INTERNACIONAL

La Guerra de los Seis Días cumple 50 años: seis claves para entender su importancia

Menos de una semana para redibujar Oriente Medio y apuntalar con la ocupación de Palestina un conflicto viejo de 70 años.

05/06/2017 10:09 CEST | Actualizado 05/06/2017 10:09 CEST
GPO ISRAEL / REUTERS
El comandante israelí Motta Gur y su brigada observan la Ciudad Vieja de Jerusalén desde el mirador del Monte de los Olivos, en el este de la ciudad, el 7 de junio de 1967.

Fue una guerra corta, casi fulminante. Seis días, entre el 5 y el 10 de junio de 1967, que cambiaron el mapa y el reparto de poder en Oriente Medio, que hicieron retroceder a Egipto, Jordania y Siria, que iniciaron 50 años de ocupación israelí en el este de Jerusalén y en Cisjordania. La guerra de los Seis Días cumple cinco décadas siendo mucho más que un episodio pasado de los libros de Historia. Israelíes, palestinos y las naciones árabes del entorno siguen viviendo hoy las consecuencias de aquella contienda, en carne viva.

Estas son las claves esenciales para entender la importancia de una de las guerras esenciales del siglo XX que dejó tanta huella que sigue abierta, en el XXI.

CÓMO SE INICIÓ LA CONTIENDA

En 1967, Gamal Abdel Nasser, el mandatario egipcio, impulsó una operación que tenía por meta estrangular económicamente a Israel. Sus barcos se quedaron sin pasar ni por el Canal de Suez ni por el Mar Rojo. La tensión entre los vecinos y adversarios fue creciendo poco a poco, con altercados militares en la frontera -aviones derribados, incidentes se seguridad- hasta que Egipto dio una vuelta de tuerca y pidió la retirada de los cascos azules de la ONU que estaban desplegados en la frontera común. Los militares se fueron. El debate sobre si la decisión tomada en la sede de Naciones Unidas en Nueva York fue correcta o no llenó muchas portadas y aún hay quien especula sobre lo que pudo ser y no fue. Lo que sí pasó es que la crisis se hizo más honda. Nasser quería provocar, forzar una negociación, esperar el ataque de Israel y señalarlo como provocador. Pero acabó sufriendo una guerra que se le fue de las manos.

En mitad del revuelo la Unión Soviética, según se especuló entonces, empezó a extender el rumor de que Israel estaba a punto de atacar a Egipto. Siria también temía un ataque combinado, teniendo en cuenta lo poco que en Tel Aviv había gustado el pacto que había firmado Damasco con los egipcios en la primavera de aquel año. Así que el 5 de junio de 1967 Israel atacó a los países árabes vecinos, sospechando un pacto entre ellos. "Ante la idea de un inminente ataque egipcio, Israel tomó la iniciativa y comenzó esta guerra preventiva", explica el archivo de las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF, por sus siglas en inglés).

Todos los países implicados (Egipto, Siria, Jordania e Irak) estaban en alerta, pero ni siquiera la preparación de los meses de calentamiento sirvieron frente a las tres grandes oleadas de ataques de la fuerza aérea israelí, que destruyeron en tierra a los aviones de guerra de los vecinos. Seis días de guerra, ni uno más, ante el rodillo tecnológico israelí.

Israel se impuso sobre todo gracias a su poderío aéreo combinado con una formidable labor de inteligencia, que le hizo adueñarse, por ejemplo, de los planos de los aeródromos y bases militares principales de sus adversarios árabes.

La guerra acabó dejando 23.000 muertos, 45.000 heridos y 6.000 prisioneros en el lado árabe y 777 muertos, 2.500 heridos y 15 prisioneros en el israelí.

QUÉ SUPUSO LA VICTORIA DE ISRAEL

Israel terminó derrotando a sus tres grandes amenazas en la zona: Egipto, Siria y Jordania, todos fronterizos con su estado. Les arrebató importantes territorios, aumentando significativamente su zona de dominio: el Sinaí egipcio y la franja de Gaza que estaba bajo su control; los Altos del Golán sirios; y Cisjordania y Jerusalén oriental, donde hasta entonces Jordania mandaba.

De forma inmediata, Israel proclama Jerusalén como su capital "única e indivisible" -algo que formalizaría en los años 80 del pasado siglo pero que no es reconocido por la comunidad internacional, que mantiene sus legaciones en la capital que sí asumen como tal, Tel Aviv. La entrada en la Ciudad Vieja de Jerusalén y el momento de la toma del Muro de las Lamentaciones es uno de los instantes de más carga simbólica de cuantos deja este conflicto viejo de 70 años.

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DAVID RUBINGER / GPO ISRAEL
Los soldados israelíes Zion Karasenti, Yitzhak Yifat, y Haim Oshri, ante el Muro de las Lamentaciones, en junio del 67.

La Guerra de los Seis Días fue una victoria extraordinaria para Israel en el plano territorial, de seguridad y de autoestima, y una derrota humillante para los árabes. Militarmente, aquellos comandantes históricos como Isaac Rabin o Ariel Sharon -ambos, más tarde, primeros ministros del país- asestaron un hachazo terrible a los derrotados, ya que sus fuerzas armadas quedaron severamente dañadas.

La contienda cambió dramáticamente el paisaje de Medio Oriente, de inmediato y década a década. El sueño de un sólo Estado árabe unido, que se extendiera desde el Atlántico hasta el Golfo, el panarabismo, quedó roto. Nasser, su principal impulsor, fue el principal derrotado. Nunca llegó a nada su plan, aunque en la zona aún pervive algo de aquel sentimiento.

Es extendida entre los analistas occidentales la lectura de que aquel descalabro árabe marcó el principio del "renacimiento islámico" en la región, con los islamistas tomando la bandera de las manos de quienes consideraban como nacionalistas árabes desacreditados. "Eso hizo pensar a los creyentes que este Islam no vale, no es el que es. Entonces, ¿cuál es? (...). La guerra del 67 da alma y armas al fundamentalismo islámico, al terrorismo. Esto no fue inmediato, pero fue un gran paso", escribió el recientemente fallecido maestro de periodistas, Miguel Ángel Bastenier.

NACE UNA NUEVA ALIANZA

La guerra del 67 sirvió para que Estados Unidos se diera cuenta de que el "único aliado que vale en la región es Israel", como declararon sus mandatarios en privado y en público. La relación entre Washington y Tel Aviv cambió notablemente. La confianza entre "los dos mejores socios y amigos del planeta", en palabras del actual primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu (Likud), no ha sido la que hoy conoce todo el mundo.

Con el presidente Dwight D. Eisenhower (de 1953 a 1961), las relaciones de los estadounidenses con Israel -que declaró su independencia apenas en 1948- habían sido templadas, si no frías. Entonces, quien proveía de armas a los israelíes era Francia, no EEUU. Pero esta contienda hizo que el presidente de entonces, Lyndon B. Johnson, decidiera armar a Israel con aviones de combate F-4. Entonces comenzó la "relación preferente" que mantienen hasta el día de hoy. Sólo el pasado septiembre, Estados Unidos e Israel firmaron un plan de ayuda militar para diez años, el mayor paquete en materia de defensa y seguridad a otro país de la historia de la primera potencia, por valor de 38.000 millones de dólares.

50 AÑOS DE OCUPACIÓN

Israel no sólo se colgó la etiqueta de ganador con esta guerra, sino que desde entonces también lleva la de potencia ocupante. Su entrada en el este de Jerusalén y en Cisjordania y Gaza se mantuvo con los días, porque las autoridades defendían que hacían del país un lugar más seguro, con franjas de amortiguación al oeste, suroeste, este y noreste. Y así se ha perpetuado año tras año, sin dar un paso atrás sino todo lo contrario, profundizando en la colonización de la tierra. Los sucesivos gobiernos han hecho oídos sordos a esas (escasas) voces de cierta parte de la izquierda local que han clamado en este tiempo por dejar de ser invasores.

De la franja, Israel sacó a los últimos colonos en el año 2005 -aunque sigue controlando todo el territorio por tierra, mar y aire y sometiendo a la población a un durísimo bloqueo desde hace nueve años-. Sin embargo, en Cisjordania y el este de Jerusalén, Israel estableció un control militar e incluso civil en determinadas áreas que somete a la población palestina que ya vivía allí antes de la contienda y que ha visto sus derechos anulados. Actualmente hay cerca de 600.000 personas en asentamientos reconocidos como ilegales por las sucesivas resoluciones de Naciones Unidas. Se han creado grandes bloques de población colona, con profusión de servicios y recursos naturales esquilmados a su propietario original, que cortan casi cualquier continuidad territorial, por ejemplo, con la hipotética capital del estado por venir.

La colonización va mucho más allá de las viviendas. Cada ciudad se rodea de polígonos industriales y fábricas, además de complejos de ocio, que extienden la ocupación, y que tienen que ir acompañados de carreteras seguras para los judíos, más bases militares y puestos de control que garanticen su seguridad. Los palestinos tienen limitados sus movimientos, necesitan permisos que Israel da con cuentagotas para trasladarse a una zona vecina por estudios, negocios, problemas de salud o sencillamente una visita familiar. Este gif del Washington Post ilustra bien lo que supone un checkpoint, de esos por los que a diario tratan de pasar los palestinos.

Actualmente, Cisjordania se divide en áreas A, B y C, tres divisiones administrativas en las que el control se ejerce por el Gobierno palestino o por el de Israel, según el reparto que se decidió en los Acuerdos de Oslo II, en el que Tel Aviv seguía teniendo el mayor poder, aunque en Ramala, capital administrativa palestina, se anhelaba una retirada paulatina que nunca ha tenido lugar.

Área A. La Autoridad Palestina tiene el control total sobre la seguridad y sobre asuntos civiles. Supone el 18% del territorio y engloba las principales ciudades y los territorios de alrededor, sin asentamientos. En teoría los israelíes tienen prohibida la entrada a estas zonas, aunque en la realidad pueden entrar con bastante facilidad. Las Fuerzas de Defensa Israelíes suelen realizar incursiones para arrestar a posibles militantes.

Área B. Los palestinos tienen el control civil y comparten con los israelíes el control militar. Constituye el 21% del territorio e incluye principalmente pequeñas ciudades palestinas, pueblos y algunas tierras, pero ningún asentamiento.

Área C. Israel tiene el control civil y militar total. Supone aproximadamente el 62% del territorio palestino e incluye todos los asentamientos (ciudades, pueblos, barrios), tierras de labor, todas las carreteras que conectan los asentamientos con Israel (de uso exclusivo para israelíes), así como espacios definidos como "zona de seguridad", que incluyen entre por ejemplo los terrenos adyancentes al muro de separación -más de 700 kilómetros, declarado ilegal por la Corte Internacional de Justicia en 2004-. Junto a los colonos, malviven unos 150.000 palestinos, la mayoría beduinos residentes en espacios desérticos. El área C incluye algunos recursos naturales esenciales para los palestinos, pero que están siendo explotados por Israel, desde fuentes de agua hasta canteras de piedra.

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OCHA PALESTINA

Ya en 1948, unos 700.000 palestinos huyeron hacia los países vecinos y muchos, en el 67, tuvieron que huir una segunda vez. Entonces hubo más de 400.000 refugiados, según la Agencia de la ONU para los Refugiados Palestinos (UNRWA). Badil, un centro de datos sobre refugiados palestinos, sostiene que hubo más de 700.000 refugiados en países próximos y 150.000 desplazados internos, con lo que el 35% de la población palestina de Cisjordania, Jerusalén oriental y Gaza fue expulsada tras la guerra de los Seis Días. Hoy se calcula que los refugiados y descendientes de refugiados superan los cinco millones de personas, a los que la ONU ha reconocido su derecho al retorno.

En el caso de los Altos del Golán, de unos 1800 kilómetros cuadrados, unos 1200 están bajo control de Israel, unos 235 se mantienen controlados por la Fuerza de las Naciones Unidas de Observación de la Separación, y el resto permanece bajo soberanía siria.

Lo que dice la resolución 242 de la ONU

Adoptada por unanimidad en el Consejo de Seguridad el 22 de noviembre de 1967, seis meses después de la guerra, esta resolución "exige la instauración de una paz justa y perdurable en Oriente Medio", que pasa por "la retirada del ejército israelí de los territorios ocupados durante el reciente conflicto" y el "respeto y reconocimiento de la soberanía y la integridad territorial y la independencia política de cada Estado de la región, y su derecho a vivir en paz en el interior de fronteras reconocidas y seguras, al abrigo de amenazas y actos de fuerza". El contenido de esta resolución ha sido reiterado por resoluciones más recientes y se ha usado siempre por los palestinos como bases para las negociaciones de paz.

LA PUGNA POR JERUSALÉN

Los palestinos aspiran a tener en Jerusalén Este la capital de su futuro estado, pero desde 1967, la parte árabe de la ciudad triplemente santa está ocupada por Israel, que domina por completo cada calle palestina, en las que viven unas 250.000 personas. Dos tercios de la actual Jerusalén son antiguo suelo árabe, indica la ONU. La famosa línea verde que dividía en los mapas los dos lados de la ciudad hoy no es más que una avenida importante cargada de tráfico. No hay mezcolanza de las dos poblaciones más que la que obligan determinados servicios, no es Jerusalén una ciudad porosa ni de convivencia.

Siendo una cuarta parte del censo jerosolimitano, los árabes no reciben más que el 10,8% de la inversión, según datos del ex concejal del izquierdista Meretz Meir Margalit. Entre 6.000 y 8.000 menores no asisten a clase, porque ni hay aulas públicas suficientes para ellos ni llega la ayuda de instituciones solidarias o religiosas. El 67% de la población de Jerusalén Este se encuentra por debajo del umbral de la pobreza, según el Instituto Nacional de Seguridad Social israelí.

Jerusalén sería la capital de dos Estados, Israel y Palestina, en el caso de que las negociaciones ideales avanzaran finalmente, pero el reparto final es una incógnita. Existen no menos de nueve propuestas para el municipio y otras 17 para la Ciudad Vieja, que alberga los santos lugares como la mezquita de Al Aqsa y Cúpula de la Roca, el Muro de las Lamentaciones o el Santo Sepulcro.

EL NUEVO MOVIMIENTO PALESTINO

La derrota del mundo árabe en los Seis Días fue gigante y los palestinos, los más afectados por ella. El 18 de marzo de 1968, Israel montó una gran operación de represalia contra una aldea palestina en Jordania llamada Karameh (sacrificio, en árabe). Los palestinos no abandonaron el terreno, sino que resistieron. Esto era nuevo. Un sentimiento nacido de la derrota del 67. Liderados por el rais eterno, Yasser Arafat -que por entonces apenas era conocido- unos 500 guerrilleros, apoyados por algunos jordanos, lograron resistir durante 36 horas. Las pérdidas palestinas fueron bastante importantes, pero Israel no consiguió su objetivo y se tuvo que retirar, con 36 de sus hombres muertos.

Fue un logro importante para Arafat y los suyos, inesperado. Evidenciaba una nueva firmeza de los palestinos y la aparición de un líder al que seguir, algo que la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) entendió de inmediato, entregándole al poco tiempo su presidencia. Fue el inicio de un tiempo nuevo de lucha que puso la causa palestina en primera plana. Ahí sigue hoy.

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