INTERNACIONAL

El mayor campo de refugiados del mundo se llena de arte

En el asentamiento de Bidibidi (Uganda) viven más de 150.000 niños desplazados de Sudán del Sur, dispuestos a contar su historia a través del arte.

20/06/2017 07:35 CEST | Actualizado 20/06/2017 07:35 CEST
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Sudán del Sur acapara protagonismo en muchos de los rankings en los que a nadie le gustaría aparecer: Las 15 + 1 emergencias humanitarias para las que la ONU pide ayuda urgente, Tres crisis humanitarias a las que el mundo debe prestar más atención en 2017, el lugar más peligroso del mundo para los trabajadores humanitarios y el país africano de donde salen más refugiados.

Se estima que desde 2014 —cuando comenzó un conflicto militar que pronto derivó en guerra civil— más de 1,6 millones de personas han huido de Sudán del Sur, un país con una población de 12,3 millones. Uganda, que tiene una de las políticas de acogida más progresistas del mundo, es el principal receptor de refugiados sursudaneses, hasta el punto de que el campo de Bidibidi (en el norte de Uganda) se ha convertido en el asentamiento de refugiados más grande del mundo. Concretamente, Bidibidi alberga a 280.000 refugiados de Sudán del Sur, y entre ellos el 68% son niños.

Con motivo del Día Mundial del Refugiado, que se celebra este martes 20 de junio, la ONG World Vision se ha unido a Apartial, una asociación de artistas de todo el mundo, para dar a conocer las historias de los niños de Bidibidi y ayudarles a contarlas a través del arte. Bajo la campaña #UnFuturoBrillante, World Vision ha organizado talleres de pintura para que los niños se dejen llevar y den rienda suelta a su lado artístico mediante de la reproducción de obras de artistas internacionales como Maser (Irlanda), JR (Francia), Herakut (Alemania), Slinkachu (Reino Unido) o Sandra Chevrier (Canadá).

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Una imagen durante los talleres de pintura en el campamento de refugiados de Bidibidi (Uganda).

El arte como terapia, esa es la idea. "Estos niños han pasado por experiencias muy duras. Muchos de ellos han visto cómo han asesinado a sus padres, a sus hermanos y hermanas. Algunos han sobrevivido al secuestro. Participar en este proyecto les da una sensación de esperanza; simplemente mirando los increíbles colores aquí y ahora", sostiene James Kamira, coordinador de Protección Infantil de World Vision Uganda.

Es el caso de Lina, de 16 años, que, tras encontrarse a su padre muerto, decidió "huir como fuera". Llegó a Bidibidi, pero hay algo que todavía la persigue: la soledad. "Si fuéramos dos, podría soportar la vida, pero estoy sola", dice.

Lina, junto con el autorretrato que realizó a partir de la obra Inspirada por la obra 'Héroes Frágiles', de la artista canadiense Sandra Chevrier.

Lina, junto con el autorretrato que realizó a partir de la obra 'Héroes Frágiles', de la artista canadiense Sandra Chevrier.

Como Lina, unos cien niños cruzan solos cada día la frontera de Uganda, según apunta World Vision. Al cruzarla, consiguen burlar la guerra, pero siguen siendo muy vulnerables a otras formas de violencia, como el matrimonio infantil. Esta lacra, que deja a las menores desprotegidas y expuestas al maltrato, afecta a un 48% de las sursudanesas de entre 15 y 19 años.

La situación en Sudán del Sur es crítica. La guerra ha dado lugar a una enorme crisis económica y esta, a la hambruna. De momento, el vecino Uganda es quien más se está haciendo cargo de esta crisis: ha mantenido sus fronteras abiertas, cede tierras a las familias de refugiados y les da derecho a trabajar y a crear negocios; pero sus recursos también se agotan. "El Gobierno de Uganda y el Programa Mundial de Alimentos tuvieron que cortar hace poco las ya limitadas raciones de alimentos", afirma Gilbert Kamanga, director de World Vision Uganda. Por eso las organizaciones piden más responsabilidad internacional. "Sólo disponemos de entre el 15-16 % de los fondos que se necesitan", recalca Kamanga.

Con el proyecto #UnFuturoBrillante los niños experimentan el arte, se apropian del espacio, imaginan colores. "El arte es facilitador de buenas conversaciones", añade el artista Maser, que viajó hasta Bidibidi para guiar a los niños en esta experiencia, pero también para aprovecharla y aprender de ellos, para entender que es posible salir de un pasado oscuro y aspirar a un futuro tan brillante como el color de sus pinturas.

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