INTERNACIONAL

La Fundación Por Causa radiografía la extrema derecha en Europa

El informe 'Antinmigración. El auge de la xenofobia populista en Europa' da cuenta del ascenso de los radicales en el continente y de su capacidad de marcar la agenda a los partidos tradicionales. 

01/12/2017 22:05 CET | Actualizado 04/12/2017 21:28 CET
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Un ultraderechista alemán, durante una marcha neonazi convocada en Colonia en octubre de 2015.

No es 1848 ni tenemos a Karl Marx y Friedrich Engels analizando la sociedad de hoy pero, si pudieran, es posible que se arrancaran con una frase como esta: "Un fantasma recorre Europa: el fantasma de la ultraderecha". Porque no se ha desvanecido: en este 2017 ha habido suspiros de alivio en Francia o en en Holanda porque los partidos más escorados no han tocado poder -tan cerca se veía ese escenario-, pero eso no quiere decir que no se hayan hecho fuertes en los parlamentos nacionales, que no se hayan multiplicado en el continente como llaves de gobierno, que sus chillidos no estén influyendo en el orden del día y las posiciones de las formaciones más templadas.

Esta misma semana hay ejemplos que evidencian que el problema está sobre la mesa, lejos de poder guardar la carpeta en el cajón: por un lado, el presidente de EEUU, Donal Trump, ha jaleado desde su cuenta de Twitter los mensajes de la ultraderechista inglesa Jayda Fransen, miembro de Britain First, islamófoba de primer nivel; por otro, un tribunal en Finlandia ha proscrito a un grupo neonazi, el Movimiento de Resistencia Nórdica (PVL), por promover el odio y la violencia como autodefensa.

La Fundación Por Causa ha elaborado un informe titulado Antinmigración. El auge de la xenofobia populista en Europa (lo tienes completo al final de esta noticia) que dibuja una radiografía de situación precisa e inquietante. Un puñado de datos da cuenta de la magnitud del problema: hay dos países europeos (Hungría y Polonia) en los que estos partidos gobiernan con mayoría, otros siete en los que son socios del Ejecutivo o lo sostienen con acuerdos puntuales de gobernabilidad, están presentes en 17 parlamentos y sólo en la Eurocámara ocupan 130 de los 751 escaños con sus opciones "abiertamente antinmigratorias", y se han detectado organizaciones de este tipo "sólidamente establecidas" en al menos 25 países europeos, comunitarios y no comunitarios.

"La verdadera fuerza de estos movimientos reside en su capacidad para contaminar la posición de los partidos tradicionales y trasladar el eje del debate público hacia la derecha, forzando a contestar cuestiones que hace unos años hubiesen sido sencillamente intolerables", sostienen los autores del análisis.

EL COMPONENTE RACISTA

Buena parte de su discurso, de ese que contagia la agenda política y los discursos de los demás actores, se centra en el rechazo del diferente, del que viene de fuera. Es común en todos ellos: los euroescépticos, los populistas, los ultraconservadores, los nacionalistas radicales, los que propugnan la violencia, los neonazis... todos tienen base racista.

"Hoy la antinmigración se produce en un contexto económico y tecnológico muy diferente, en el que la imbricación de intereses, el acceso a la información y la capacidad de cruzar fronteras de forma legal o irregular hacen mucho más difícil introducir medidas proteccionistas extremas. Pero esta dificultad no ha hecho más que disparar la frustración de sociedades que han sido al mismo tiempo castigadas por la Gran Recesión y espoleadas por un discurso populista que ofrece soluciones simples a desafíos extremadamente complejos", ahonda el estudio, de ahí que cale en determinados grupos de población su postura contra el extranjero.

Por Causa destaca tres ideas fundamentales de su análisis: que hay una parte "relevante y creciente" de la sociedad que empieza a ver al foráneo como un "ciudadano de segunda" que se puede discriminar; que "ningún rincón de Europa" escapa a este fenómeno; y que, pese al negro panorama, "ni todo está perdido ni nada de todo esto es inevitable", porque hay también una sociedad resistente, contestataria ante la ultraderecha y su racismo.

¿Cómo hemos llegado hasta aquí? El estudio explica que la retórica antinmigración se comenzó a fraguar en los años 60 y 70 del pasado siglo, el momento de las descolonizaciones por parte de las metrópolis europeas, seguidas de una crisis económica que acrecentó el rechazo al extranjero y azuzó el proteccionismo. Con los años, la UE antepuso la defensa de la seguridad sobre la libertad "y la inmigración pasó rápidamente a ser percibida como una cuestión de orden público".

Luego, "los partidos autoritarios de la derecha radical emergen cuando los partidos de derecha moderados convergen hacia el centro dejándoles su espacio vital", y es cuando los ultras hacen negocio en un río revuelto de desconfianza en la UE, sentimientos antiglobalización y nacionalismo al alza. El abanico es amplio: los neofascistas clásicos, los antieuropeos liberales, los antiestablishment, los de ideario firme y los que sólo tienen un líder vistoso y mucho odio acumulado. Todos han logrado inocular un miedo doble respecto al extranjero: el económico (a que se dé preferencia a los de fuera en servicios sociales o empleo) y el cultural (amenaza a los valores patrios, peligro por crecimiento demográfico...).

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TRES EJEMPLOS: ALEMANIA, FRANCIA Y HUNGRÍA

  • ALEMANIA

Angela Merkel y su partido conservador, el demócrata cristiano CDU-CSU, han fracasado a la hora de formar una coalición para dirigir Alemania, sumiendo a la primera potencia europea en una crisis que podría acabar con la carrera política de la canciller. Tras más de un mes de negociaciones entre los de la canciller, los ecologistas y los liberales del FDP, estos últimos tiraron la toalla al considerar que sus posturas estaban demasiado alejadas para sellar un acuerdo de gobierno para los próximos cuatro años, la esperada coalición Jamaica por los colores de las formaciones. El presidente de la república federal, Frank-Walter Steinmeier, trata a la desesperada de cuadrar un pacto que deje fuera a la extrema derecha y la izquierda radical, pero tendrá que convocar elecciones si no lo logra.

La victoria de Merkel, no tan abultada como se esperaba, y el ascenso de la ultraderecha son el resultado más llamativo de los últimos comicios, celebrados el pasado septiembre. Alternativa para Alemania (AfD), los ultraderechistas, se hicieron con un 12,6% de los sufragios y 94 escaños (tercera posición), haciendo palpable otro fenómeno de este tipo de partidos destacado por el informe: su capacidad de complicar alianzas para que otros formen gobierno, por pura aritmética.

Esta formación nació en 2013 con un sesgo claramente euroescéptico y luego, reforzado en un ideario de radical que ellos dicen no es "ni de derechas ni de izquierdas", se convirtió en el primer partido de esta ideología en acceder al Bundestag en más de 70 años. AfD mantiene un discurso claramente racista e islamófobo, basado en la "identidad alemana", que carga contra las instituciones "blandas" que no cierran las fronteras e, incluso, aplaude en público al nazismo, el gran tabú del país.

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Alice Weidel, líder de Alternativa para Alemania (AfD), el pasado septiembre antes de una rueda de prensa en Berlín.

La crisis de los refugiados de 2015, parada en parte por el tapón aplicado por Turquía, cuando se veía a cientos de exiliados declarando su deseo de llegar a Alemania como si fuese la tierra prometida, ayudó a que este partido y otros menores de igual tendencia encendieran las alarmas de la población. "Según el Ministerio del Interior se producen diez ataques diarios a refugiados en Alemania", indica el estudio. 3.729 casos registrados sólo en 2016, abunda.

Por Causa matiza que, pese a todo, "persiste mucha cultura de acogida. "Alemania ha sido y es, con diferencia, el país más expuesto a la llegada de solicitantes de asilo. En los dos últimos años han acogido a más de un millón de personas y parte de su ciudadanía se ha implicado de manera ejemplar en esta crisis. Pero la sociedad alemana es compleja, y el discurso antinmigración ha calado transversalmente en toda la sociedad y en casi todos los partidos con representación institucional".

Que alguien le explique lo que es la cultura alemana. Así esta chica turcoalemana (la ministra Aydan Ózoguz) no volverá más por aquí y podremos deshacernos de ella en Anatolia, gracias a DiosAlexander Gauland, colíder de AfD
  • FRANCIA

El candidato socioliberal Emmanuel Macron se impuso en las presidenciales de Francia el pasado mayo con el 66,10% de los votos, frente al 33,90% recabado por su rival, la ultraderechista Marine Le Pen, líder del Frente Nacional (FN). El continente europeo se quitó un enorme peso de encima, tras meses en los que las encuestas mostraban un desolador escenario, el de la simpatía ultra de los votantes ante el fragmentado panorama político galo. En 2002 el FN obtuvo 4.804.713 en primera vuelta, y en 2017 casi duplica la cifra con un total de 7.679.493 votos en primera vuelta.

La heredera de Jean-Marie Le Pen encabeza un partido ultranacionalista que ataca a la inmigración pero también a la Unión Europea. En sus orígenes hay iniciativas conjuntas con neonazis y simpatizantes del III Reich y son aún recientes en el tiempo sus planteamientos antisemitas y negacionistas del Holocausto. El FN reivindica recortar las ayudas sociales a los inmigrantes -incluida la seguridad social- y reducir el número de extranjeros que pueden vivir en el país, rechaza el visado europeo, quiere sancionar económicamente a empresas que contraten a inmigrantes, cerrar fronteras, establecer más aduanas, deportar a quien delinca...

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Marine Le Pen, líder del Frente Nacional, este 21 de noviembre, a su llegada al Palacio del Elíseo para entrevistarse con el presidente Emmanuel Macron.

Su capacidad para establecer la agenda política en Francia ha sido imponente, aunque las leyes electorales al final no le hayan dado representación acorde con ese poder. "No hay partido político francés que no incorpore medidas que afecten a la inmigración", cita el informe, y en gran parte es porque Le Pen llevó el tema a primera plana. Más nacionalismo y más sospechas sobre el migrante: es lo que contagiaron a las formaciones más conservadoras.

Los que organizan la inmersión migratoria cometen un crimen contra nuestra civilización francesa y europeaMarine Le Pen, líder del Frente Nacional
  • HUNGRÍA

Viktor Orban no es socio ni muleta ni opositor. Es, directamente, el primer ministro ultraderechista de Hungría. En el cargo desde mayo de 2010, Viktator -como lo llama la oposición- es un ejemplo de "deriva autoritaria y antidemocrática". El estudio pone ejemplos para apuntalar su afirmación: "su reforma constitucional exprés para flexibilizar los requisitos de los estados de excepción, su reforma de la judicatura limitando su independencia, su ley de medios de comunicación denunciada internacionalmente por ser una amenaza contra la libertad de expresión, la reintroducción del debate sobre la pena capital, sus ataques a la oposición, su ley contra las oenegés financiadas con capital extranjero o su campaña contra George Soros y el posible cierre de la Universidad Centroeuropea".

En 2014, su plataforma política, Fidesz, de la mano de los cristianodemócratas del KDNP, logró el 44,8% de los apoyos. Una aval importante que le dio alas para, en la crisis de refugiados de hace dos años, plantarse y negarse a aceptar el plan de reparto de solicitantes de asilo llegados a Grecia o Italia, una postura censurada ya por el Tribunal de la UE. Los inmigrantes, a su entender, son una amenaza, "terroristas" y "ladrones". Ha llegado a defender la "homogeneidad étnica" como valor para lograr el progreso económico del país.

No obstante, hay quien gana a Orban: el Movimiento por una Hungría Mejor o Jobbik -que en 2014 se situó como tercera mayor fuerza con el 20,2% de los sufragios-. Quiere un referéndum sobre la permanencia de Hungría en la UE, cree que hay que atajar "los esfuerzos de sionismo israelí por dominar Hungría y el mundo" y tacha la homosexualidad de "desviación". Lucha incluso por recuperar los territorios magiares previos al Tratado de Trianon de 1929.

Hungría no es un país de inmigrantes, no quiere ser un país de inmigrantes y no aceptará ser obligada a cambiar de parecerViktor Orban, primer ministro de Hungría

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El primer ministro húngaro Viktor Orbán, en un acto de partido celebrado en Budapest el pasado 12 de noviembre.

¿Y EN ESPAÑA?

Por Causa también analiza la situación de la ultraderecha en España. Reconoce que hay descontento por la crisis económica, que la inmigración se señala desde estos ámbitos como "culpable" en parte de la falta de empleo y que se cree, además, que hace que se pierda la identidad nacional. Todo eso, como en otros estados europeos, podía haber llevado a un auge de estas posiciones extremistas, pero lo cierto es que no tienen espacio en las instituciones ni las cámaras de representación. Es más: se generó una protesta más allá de lo electoral, en torno a un ciclo de manifestaciones y movilizaciones sociales de las cuales el 15M (15 de mayo de 2011) fue su máximo exponente.

Ello, sumado la presencia del Partido Popular "como partido hegemónico de la derecha española, que absorbe el voto del "franquismo sociológico", se presenta como el partido de la "ley y el orden" -para dos de sus políticos, el catalán Xavier García Albiol y el vasco Javier Maroto, hay tirón de orejas en el informe por su discurso "antinmigratorio"- y eso ha servido de "vacuna", dice el estudio.

Pero es que también hay una razón histórica clave: básicamente, no hay caldo de cultivo para estos radicales por la cercanía en el tiempo de la dictadura franquista, con la que se asocian todos los movimientos ultraderechistas y fascistas que puedan surgir, así como los símbolos que emplean. Aún asusta, aún rescata recuerdos que no gustan en la mayoría de la población. Es lo mismo que ocurre en el vecino Portugal.

En las últimas elecciones (26 de junio de 2016) el partido de extrema derecha que más votos alcanzó fue VOX, siendo el decimocuarto partido más votado, con 47.182 votos, es decir, con el 0,20% del total de los votos. "Un partido extremadamente liberal para temas económicos y extremadamente conservador y restrictivo en cuanto a política migratoria", según los autores del análisis.

Por supuesto, en el imaginario colectivo sigue mandando la Falange Española de las JONS, creada en 1933 por José Antonio Primo de Rivera empapada de los ideales mussolinianos, pero no pasa de ser un reducto de nostálgicos y algunos jóvenes afines al nacionalismo extremo, a un ideario que relaciona la "cesión de soberanía" con "la apertura de fronteras" y lo enmarca en un proceso de "islamización de Europa".

Sin embargo, hay otros dos partidos minoritarios, ligados al nacionalsocialismo y la derecha extrema, que siguen vivos y que acaparan titulares en los últimos meses: son Democracia Nacional (DN) y el Movimiento Social Republicano. El primero, creado en 1995, lleva presentándose a elecciones desde 1999. Su mejor resultado lo logró en marzo 2004, cuando obtuvo 15.180 votos, el 0.06% de los sufragios. No se presentó en los comicios de 2016, los más recientes, pero sí a los de 2015, obteniendo 1.685 votos. DN ha llegado, pese a todo, a tocar poder, ya que ha gobernado en algunos municipios, como Tardajos (Burgos) o Herradón de Pinares (Ávila).

El Movimiento Social Republicano, por su parte, nació en 1999 y se inspira en el Frente Nacional francés, con el que coopera a nivel europeo. "Pese a ser un grupo de carácter neonazi (así se han autoproclamado ellos afirmando que su ejemplo a seguir es Amanecer Dorado), sus socios en Europa han declarado tener un perfil más similar al fascismo", detalla el informe. El pasado 24 de septiembre medio millar de ultras violentos intentaron boicotear la asamblea de Unidos Podemos en Zaragoza, un grupo en el que había precisamente personal del Movimiento, con banderas preconstitucionales.

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En España, ahonda Por Causa, hay otro colectivo de ultraderecha que, sin ser partido, está ganando fuerza últimamente, con su ideología "entre el neonazismo, el neofascismo y el nacionalsindicalismo". Se trata de Hogar Social, una escisión del Movimiento Social Republicano, con una "importante masa de seguidores" sobre todo en las redes sociales, alimentado por ultras del fútbol madrileño y que han ocupado edificios, exhibiendo pancartas con mensajes como "El Islam destruye Europa". En la capital de España han llevado a cabo incluso recogida de alimentos para "españoles" y manifestaciones al grito de "Españoles sí, refugiados no". La Red Española de Inmigración y Ayuda al Refugiado ha pedido a la Fiscalía que se califique a Hogar Social Madrid como "organización criminal".

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EFE
Miembros de Hogar Social de Madrid se concentran en el barrio de Tetuán para protestar contra las bandas latinas, en 2016.

"En conclusión, podemos destacar que en España no hay un movimiento ultraderechista fuerte ya que los partidos de extrema derecha están desunidos y cuando han querido agruparse no ha funcionado. Además, nunca han tenido fuerza representativa en cuanto a política nacional. Pero, ahora bien, relacionando el tema con los movimientos sociales, es precisamente ese fenómeno lo que une a ambos, ya que todos los partidos rechazan la inmigración, es decir, el único enemigo que tienen en común es el inmigrante", concluye el estudio.

Pese a ello, destaca que la islamofobia en concreto se ha convertido en un "problema estructural", no sólo limitado al discurso de la ultraderecha, y con repuntes cada vez que hay atentados yihadistas. Los especialistas añaden los datos de la Plataforma Ciudadana contra la Islamofobia que advierte de un incremento del 106,12% en los incidentes de esta naturaleza en el último año (no necesariamente denuncias policiales). En seis años, los casos se han multiplicado por 20.

Los datos del pasado año se corresponden con casos de estigmatización, ofensas, insultos y calumnias (109), explotación de miedos, amenazas y falsificación de informaciones (48), entrevistas y artículos divulgativos de islamofobia (62), presunta incitación, apoyo y actos de intolerancia, discriminación y violencia (96) y campañas, propaganda, música del odio, agitación en redes y activismo (258).

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LA ESPERANZA

Aunque el escenario que dibuja el informe enciende las alertas rojas de Europa, cierra con lo que denomina "historias de resistencia" a la xenofobia, en las que los ciudadanos muestran la otra cara: la de los brazos abiertos y la mano tendida, la defensa de los derechos humanos, el afán de abrigo respecto al inmigrante.

Así, cuenta que en en la capital alemana se creó en 2016 una plataforma de partidos, sindicatos, asociaciones y vecinos llamada Give Something Back To Berlin que da servicios gratuitos a extranjeros, desde idioma a cultura, pasando por la inserción laboral. Hay grupos similares en todo el país, que cuajan incluso en contramanifestaciones contra los ultraderechistas.

En Reino Unido, donde el Brexit y los atentados islamistas han dejado un legado de recelo al extranjero notable, destaca el grupo de acción política HOPE, que desde 2004 realiza campañas antifascistas y contra delitos de odio, que además hace una potente encuesta anual para conocer cómo piensan sus convecinos.

Además hay historias de desobediencia civil como la del granjero francés Cédric Herrou, quien ocupó un antiguo pueblo de veraneo abandonado que pertenecía al Servicio Nacional de Ferrocarriles Franceses para dar cobijo a los migrantes que cruzaban la frontera de Italia a Francia. Fue condenado con una multa de 3.000 euros (exenta de pago, una sanción considerada simbólica) por ayudar a migrantes a cruzar la frontera.

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Y hay gobiernos, también, que trabajan en una dirección contraria a los ultras, como el checo, cuyo Ministerio del Interior "elabora una estrategia anual para combatir el extremismo enfocado en la comunicación y la información para luchar contra la demagogia, los mensajes antiextremistas y la incitación al odio". Su Agencia Gubernamental para la Inclusión Social puso en marcha la iniciativa Sociedad Libre de Odio, que informa a la ciudadanía acerca de los eventos relacionados con la incitación al odio, los mensajes racistas y que tratan de combatir con tolerancia y promoción del diálogo, organizando y participando regularmente en debates públicos.

También se ha creado Hate Free Zone (Zona libre de Odio) a la que se han sumado sitios de ocio, tiendas, bares, restaurantes, etcétera que desean expresar su apertura y tolerancia. En 2016, varios de estos lugares, como un centro de la Cruz Roja checa, una cafetería, una lencería, un centro infantil y el centro social Klinika en Praga, fueron atacados precisamente por grupos extremistas, lo que da cuenta del trabajo que queda por hacer.

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Antinmigración. El auge de la xenofobia populista en Europa by El HuffPost

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