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Con todos los niños que mueren en el mar, no hay motivo para celebraciones

02/01/2016 10:02 CET | Actualizado 02/01/2017 11:12 CET
ARIS MESSINIS via Getty Images
A man holds a young boy after they arrived with other refugees and migrants on the Greek island of Lesbos after crossing the Aegean sea from Turkey on October 21, 2015. An EU scheme to relocate asylum seekers from overstretched Italy and Greece could grind to a halt just two weeks after it began if member states fail to meet their obligations, an EU source said on October 21. AFP PHOTO / ARIS MESSINIS (Photo credit should read ARIS MESSINIS/AFP/Getty Images)

¿Es humano ver cómo niños inocentes mueren en el mar intentando escapar de una guerra y de una muerte segura? No, por lo menos para mí. Es una tragedia sin fin; una tragedia a la que, desgraciadamente, nos estamos acostumbrando.

Echa un vistazo a los periódicos. Encontrarás interminables artículos que hablan de asuntos de actualidad, pero no mucha cobertura sobre esta tragedia. La muerte de cuatro inmigrantes, dos de ellos menores, ahogados en una embarcación improvisada en medio del mar Egeo -sólo por citar un ejemplo- se anunció en una pequeña columna al final de la página. Se espera que el lugar para estas noticias caiga más hasta que lleguen a desaparecer de las portadas. ¿Es que acaso esta masacre silenciosa no interesa a nuestros periódicos (no a todos) ni a nuestros lectores?

Ahora es cuando me pregunto: ¿tiene sentido celebrar el Día Internacional del Migrante a la vez que esta masacre aumenta diariamente y a la vez que los gobiernos permanecen inmóviles? ¿Tiene sentido celebrar este día mientras miramos hacia las costas de Turquía donde, cada día, mueren miles de inmigrantes, refugiados y niños?

"A pesar de lo que digan los políticos, los refugiados que llegan a Italia no se quedan en hoteles de tres estrellas".

¿Qué ha pasado con la actitud decidida de nuestros líderes europeos, que tienen la fuerza suficiente para cerrar nuestras fronteras día a día y para construir muros? ¿Qué pasa con esos líderes que todavía no han dado con una manera de solucionar una crisis humanitaria de este calibre?

En 2013, la cifra mundial de inmigrantes alcanzó los 232 millones, un número sin precedentes. Desde enero a diciembre de 2015, más de 950.000 han llegado a Alemania. De los 644.000 inmigrantes y refugiados que han llegado a Europa atravesando el mar, el 34% eran mujeres y niños. Muchos de los que llegan a Europa son mujeres y niños sirios, afganos, iraquíes, eritreos, somalíes, nigerianos, paquistaníes y sudaneses. Estas cifras no llegan a los titulares, probablemente porque no nos paramos a pensar en que detrás de estos números hay seres humanos: maridos y mujeres, familias enteras con hijos y bebés que se han visto obligados a abandonar todo lo que tenían -sus casas, si es que no estaban destruidas, sus países arrasados por bombas y disparos- y reunir el poco dinero que han podido para subirse a embarcaciones improvisadas para empezar una nueva vida en Europa. O al menos intentarlo.

refugees italy children Un niño en el agua después de llegar a la isla griega de Lesbos tras haber cruzado el mar Egeo desde Turquía. 21 de octubre de 2015 (Arms Messinis/AFP/Getty Images).

Como europeos, nuestra prioridad debería ser garantizar a estos millones de niños un viaje legal y seguro, con protección. También deberíamos darles una bienvenida justa, especialmente en nuestras fronteras. ¿Por qué? Porque, a pesar de lo que digan los políticos, los refugiados que llegan a Europa no se quedan en hoteles de tres estrellas. He estado en Lampedusa y he visto varios centros de acogida por toda Italia. He visto llegar a inmigrantes y refugiados a estos centros y puedo garantizar que no se parecen en nada a un hotel de lujo.

"No existen los inmigrantes de primera o de segunda".

Algunos niños me han contado sus vivencias, los horrores a los que han tenido que enfrentarse antes de llegar a Italia, Grecia, Macedonia, Austria, Alemania o el tan ansiado norte de Europa. El acceso a los servicios básicos es muy limitado. A algunos se les arresta de forma aleatoria en las fronteras. Sufren violencia y abusos, pierden el contacto con sus seres queridos y se arriesgan a morir solos en el mar o en medio del desierto. No podemos permitir que estos niños se expongan a tales riesgos en su viaje hacia un país de la Unión Europea.

Tenemos que proteger a estos niños, más allá del estatus legal que se les confiera, porque no existen los inmigrantes de primera o de segunda. Hay que facilitarles el reencuentro con su familia. Debemos asegurarnos de no cerrarles ninguna puerta. Si les echamos, significa que todo lo que han hecho -abandonar sus casas, sobrevivir a bombas y disparos, viajar miles de kilómetros a pie, en coche y por mar- no ha servido de nada. Aunque tengan derechos, no se respetan ni se reconocen.

Flavia Testorio ha contribuido en la elaboración de este artículo.

Este artículo fue publicado originalmente en el 'HuffPost Italia' y ha sido traducido del inglés por Irene de Andrés Armenteros.

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