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Socialicemos la ciencia

17/05/2013 08:08 CEST | Actualizado 16/07/2013 11:12 CEST

Hace un par de semanas asistí a una reunión científica en el complejo de la Casa Blanca en Washington, concretamente en el edifico Eishenhower, donde se encuentra el personal de la oficina técnica del presidente de EEUU. Durante la reunión de tres días tuve oportunidad de conocer la importancia que tiene la información científica como apoyo a las decisiones y propuestas del presidente de EEUU.

La Oficina de Políticas Científicas y Tecnológicas ocupa una planta entera de las cinco que tiene el edificio Eishenhower, lo que refleja su importante peso en la estructura de apoyo a la acción del presidente. El encargado de dirigir esta oficina y transmitir la información científica al presidente es su asesor científico, el Dr. John Holdren, profesor de políticas medioambientales en la Universidad de Harvard.

A mi regreso he consultado la página web de la Moncloa, que inició Zapatero, que cuenta con una estructura de pestañas muy parecida, y se me antoja que no es casual, a la de la Casa Blanca, pero cuyo contenido parece más bien el Facebook del presidente Rajoy.

No he podido encontrar en la página web ninguna información sobre la estructura funcional de la Moncloa ni sobre los servicios de apoyo al presidente. En particular me interesaba si hay alguna persona o servicio encargado de asesorar científicamente al presidente Rajoy, aunque he de decir que con poca esperanza de confirmar la existencia de tal función. He tenido que rebuscar entre medios de comunicación para saber con qué servicios de apoyo cuenta el presidente en Moncloa, y parece que estos constan de su jefe de Gabinete, el director de la Oficina Económica, la secretaria de Estado de Comunicación, una persona aparentemente sin cargo publico alguno que se presenta como "sociólogo de cabecera" del PP (que quizás debería estar este en la sede del partido), la secretaria de Rajoy, la coordinadora para asuntos relacionados con la Presidencia del Gobierno, y el director de Seguridad de Presidencia de Gobierno. Ningún atisbo de ciencia (tampoco medio ambiente).

En su época de vicepresidente Rajoy se asesoró por científicos, aunque fuese por obligación, al tener que coordinar la respuesta al accidente del Prestige, que contaba con un comité científico asesor, presidido por el entonces, y ahora de nuevo, presidente del CSIC. Quedan algunas dudas de que la información transmitida por este comité fuese correctamente asimilada, porque es difícil explicar que el entonces vicepresidente intentase tranquilizar a la sociedad en torno a los riesgos de la fuga de petróleo desde el barco hundido afirmando que "del Prestige salen unos pequeños hilitos como de plastilina". Del interés del presidente Rajoy por la ciencia también da cuenta su asesoramiento por su primo en torno al problema del cambio climático, afirmando entonces: "Yo sé poco de este asunto, pero mi primo supongo que sabrá". Y como aplicado opositor resumió las enseñanzas de su primo con la pregunta: "¿Cómo alguien puede decir lo que va a pasar en el mundo dentro de 300 años?"

Sin embargo, las perspectivas creadas por esas evidencias tempranas del interés del presidente Rajoy por la ciencia han quedado truncadas por la realidad de la estructura del Gobierno que ha diseñado, donde por primera vez desde hace muchos años la ciencia y la investigación científica han quedado relegadas a una Secretaría de Estado de un ministerio que no lleva ninguna de esas palabras en su título (Ministerio de Economía y Competitividad). Cualquier duda en cuanto a la correlación entre esta caída de rango de la ciencia en el Gobierno y su peso en la política de Gobierno han quedado relegadas por las evidencias derivadas de las cicateras asignaciones presupuestarias y el bloqueo por el Ministerio de Hacienda a las iniciativas de esta Secretaría de Estado.

El presidente Zapatero sí tuvo asesores, aunque más que científicos se trataba de gurús visionarios (ya le iba). El más dicharachero de ellos fue Jeremy Rifkin, que no es un científico, y que a pesar de su optimismo ya nos dijo: "Le advertí que sin un plan de crecimiento España se hundiría más y más en el agujero". En la página web de su fundación Rivkin se ufana de haber sido el principal arquitecto de la Tercera Revolución Industrial de la Unión Europea para afrontar la triple crisis económica de energía, seguridad y clima (la traducción es mía)... así nos va.

A diferencia de la falta de interés del presidente Rajoy, el Dr. John Holdren nos explicó el gran interés del presidente Obama por la ciencia como fuente de soluciones para los grandes problemas de nuestros tiempos y la importancia que concede al asesoramiento científico como base necesaria para la toma de decisiones. Nos explicó que hasta la llegada del presidente Obama en la Casa Blanca existía una regla no escrita que dictaba que todos los informes al presidente debían de tener una extensión máxima de 2 páginas. Así, él ajustó su primer informe al presidente Obama a dos páginas pero éste se lo devolvió con una nota manuscrita que decía: "¿Donde está el resto?" Desde entonces los informes tienen, según nos dijo, una longitud promedio de unas 5 páginas.

Me pregunto si el presidente Rajoy lee algún documento sobre ciencia, aunque sea de menos de dos páginas. No sería mala idea que el presidente del Gobierno del Reino de España cuente con una persona -que preferiblemente no sea su primo- que le asesore en cuanto al contenido científico de las decisiones que toma. Porque lo quiera, lo entienda o no, en el siglo XXI todas las decisiones de política económica, sanitaria, educativa, medioambiental, energía, innovación, etc., todas sin excepción tienen un importante trasfondo científico. No es casual que casi todas las presidencias de gobiernos de países avanzados cuenten con un asesor científico.

Me temo que la ideología reemplaza a la ciencia como guía para la toma de decisiones en nuestro país.

La única esperanza de que la ciencia ocupe en España el papel que le corresponde como motor del progreso social reside en que nuestra sociedad asuma la ciencia como parte necesaria de nuestra cultura. Desde este convencimiento, el CSIC creó hace algunos años un área de cultura científica que sin amilanarse por la escasez de recursos sigue generando una cantidad tremenda de materiales con la participación entusiasta de muchos investigadores, entre los que me cuento. Es imperativo que los investigadores contribuyamos a esta tarea correspondiendo a la confianza y alta valoración con que los científicos contamos en nuestra sociedad.

Ante la creciente debilidad de nuestro sistema educativo público es absolutamente fundamental que dediquemos cada vez más esfuerzos a asentar la cultura científica en nuestra sociedad.

No basta con hacer la mejor investigación de la que seamos capaces. No es razonable que nos quejemos de que nuestro país no asigna suficientes recursos a algo que valora pero que no entiende. Socialicemos la ciencia.

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