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Felipe de Borbón, el Preparado

20/06/2014 08:07 CEST | Actualizado 19/08/2014 11:12 CEST

Treinta y tres años y cientos de discursos después de su pimera intervención en público, Felipe de Borbón tiene tablas. Sereno, imperturbable, el hasta ahora heredero y ya rey de España se coloca erguido tras su atril, con teleprompter, móvil o papeles para leer, y lee. Lee correctamente unos discursos bien escritos, con frases bien estructuradas que permiten la comprensión inmediata de unos mensajes poco o nada complicados.

Y es que está preparado. Es más, muy preparado: no en vano será el único rey de España con un título universitario. ¡Oh! Si ya lo dijo su padre en la carta de recomendación que nos leyó para vendernos al mejor candidato para el puesto que quedaba vacío tras su abdicación.

La fachada

Disfonía por Tensión Muscular

La voz de Felipe el Preparado es tirante y ronca, se debilita a lo largo del discurso -empieza con una intensidad media de 80 dB y acaba en 73 dB- y se quiebra. Son los síntomas clásicos de una disfonía por tensión muscular (MTD).

Los quiebros de voz o gallos se deben a que el músculo Tiroaritenoideo, o vocalis, se retrae y toda la tensión del pliegue vocal se acumula en la capa superficial, o cubierta. Sin la participación del músculo, la cubierta vibra mucho más deprisa y la voz se agudiza de repente. Ocurre porque los pliegues vocales funcionan con demasiada tensión y cuando el músculo vocalis no aguanta más, se relaja durante unas milésimas de segundo. Se produce entonces la subida repentina de la frecuencia fundamental [audio].

Otros síntomas son esos finales áfonos [audio] y esos otros de tono indefinido -nunca más grave de 112 Hz- y timbre áspero [audio]. Ambos comportamientos son fruto de la hipertensión laríngea.

Articulación

Aunque pronuncia mejor que su padre, un par de detalles confirman su ascendencia borbónica: la escasa claridad de las vocales 'e' y 'a', que podríamos decir que pronuncia con "boquita de piñón" [audio] y la falta de precisión articulatoria y por consiguiente de nitidez del sonido de la 'r' suave [audio], que llega en ocasiones a omitir [audio].

Prosodia

La entonación de Felipe de Borbón es correcta, lenta, monótona. Los grupos entonativos empiezan con una ligera subida y acaban en una cadencia no demasiado marcada. La diferencia entre el tono más agudo -182 Hz- y el más grave -112 Hz- es corta, solo 70 Hz. Todas las pausas duran más o menos lo mismo y aparecen con una frecuencia similar. Enfatiza las palabras clave del discurso mediante subidas de intensidad.

El interior

Voz

Maria Dietrich, una investigadora de la Universidad de Pittsburgh, ha encontrado una relación entre personalidad introvertida y Disfonía por Tensión Muscular. Las personas introvertidas son más sensibles al estrés y con frecuencia bloquean la expresión de sus emociones.

Y es que debe ser duro saber desde niño que tarde o temprano tendrás que enfrentarte a la durísima tarea de ser rey: demostrar a tus súbditos que no es una locura que te otorguen cierto poder -y un sueldo que seguro que no está nada mal- por el hecho de que tu ADN tenga una determinada secuencia; probar que te mereces el puesto porque te has preparado durante toda tu vida y tienes muchas ganas de trabajar, como tantos otros españoles que son, igual que tú, licenciados, ingenieros, masters y doctores, políglotas como tú y que también tienen muchísimas ganas de trabajar -y de pagar sus facturas- pero que para encontrar un trabajo que les permita desarrollarse -o mantenerse sin más- van a tener que emigrar. Es duro, sí. El estrés de don Felipe de Borbón está justificado.

Será esto lo que le ha convertido en el perfeccionista que es, como demuestra su costumbre de cerrar la boca tras cada enunciado [audio].

Articulación

El hablante que ante todo desea conectar con el oyente hace un esfuerzo articulatorio que se traduce en hiperarticulación: sus movimientos de labios, mandíbula y lengua son firmes, amplios y rápidos, y el resultado son unas vocales de timbre claro y brillante, y unas consonantes cortas y precisas. Felipe de Borbón articula de manera discreta, casi tímida; sus movimientos fonoarticulatorios son lentos y tienen poco recorrido: 'e' oscura, 'r' indefinida, etc.

Prosodia

El hablante implicado en su discurso y en su mensaje cambia el tono de su voz según el afecto que siente por las palabras que pronuncia. Así, se producen grandes picos de tono agudo en los discursos de carácter alegre, mientras que una expresividad más contenida provoca entonaciones más monótonas, lentas.

En el hablante de personalidad dinámica, el intervalo entre el tono más agudo y el más grave supera los 200 Hz. En el caso de Felipe el Preparado, este intervalo es de 70 Hz. ¿Será que es inmovilista, conservador, apalancado? ¡Quiá! -como diría la de Bringas o cualquier otro personaje de Pérez Galdós-.

El hablante que se sitúa cerca de sus oyentes enfatiza las palabras que desea destacar mediante cambios de tono. Es como una metáfora de las leyes acústicas: si los interlocutores en un diálogo están cerca no necesitan elevar la intensidad, sino que es el tono de voz lo que permite al oyente distinguir cuándo el hablante considera una parte del mensaje más importante que las demás. Refleja la igualdad entre los dos participantes.

El hablante que enfatiza las palabras clave mediante subidas de intensidad se sitúa lejos, por encima de los oyentes. Es un énfasis didáctico, paternalista, que no invita sino que fuerza al oyente a comprender -que no a compartir- el contenido de su mensaje.

Quien habla así convierte al oyente en alumno, en hijo, en súbdito.

- ¡Señor! y tras una reverencia hace mutis por el foro.