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Trabajando un nuevo futuro

21/06/2017 07:30 CEST | Actualizado 21/06/2017 07:30 CEST
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Voy a intentar hacer un ejercicio que utilizo muy poco en mis artículos: hablar de aquello que me pasa por la cabeza, ideas bastante abstractas que, si no son explicadas de forma correcta, serán difíciles de entender. En algún momento, esto se podría llegar a parecer una de esas frases tan típicas de Rajoy que se componen como el que tira las palabras al aire y que posteriormente se leen conforme el azar ha decidido colocar las palabras.

Me hice ingeniero porque creía que era la forma de conseguir que esos sueños que uno tiene pudieran convertirse en realidad, después de un diseño previo y un proceso de promoción que permitiera a los inversores apostar por una idea, aunque en un principio esta pudiera parecer una locura. Maravillosas locuras que, a lo largo de la historia, se convirtieron en realidad.

Un día escuché a alguien la expresión "diseñar el futuro", y debo reconocer que me cautivó. Siempre pensé que se podían diseñar máquinas, edificios, objetos, ciudades..., pero nunca que se pudiera diseñar el futuro. ¿Se imaginan todo el potencial que tiene poder diseñar el futuro? Siempre que después se tenga la capacidad de que un grupo importante compre el diseño. El resultado es apasionante: los sueños se pueden convertir en realidad.

Después de llevar mucho tiempo observando nuestra sociedad, el comportamiento de las personas, la evolución tecnológica..., después de hacer un ejercicio de predicción de la evolución, teniendo en cuenta las herramientas actuales y las que llegarán en un futuro..., metiendo en la coctelera los principios que me gustaría que fueran la base de nuestra sociedad..., después de todo esto, creo que ha llegado el momento de coger el programa de diseño asistido por ordenador y ponerse a diseñar el futuro.

Durante una etapa importante de mi vida, pensé que la política y su configuración actual podían hacer realidad los sueños, las utopías. Pero...

Pero como me parece un ejercicio muy complejo y soy consciente de que no tengo todas las capacidades para hacerlo solo, he decido hacerlo acompañado, con la persona que creo puede complementarlo a la perfección para que salga una obra que merezca la pena ser observada.

Después tendremos por delante la tarea más compleja: escoger las herramientas adecuadas para que pueda hacerse realidad con la garantía de que va a funcionar correctamente y va a conseguir mejorar un futuro que, en principio, se intuye poco esperanzador. Pero con esto no será suficiente, será imprescindible convencer a un grupo de personas lo suficientemente numeroso e influyentes para que no se convierta en un producto de consumo minoritario, que por muy bueno que sea, no convenza a nadie. Esta última tarea puede ser la más complicada, igual que lo fue hacer creer a la población que era posible llegar a la luna, tan complicada que muchos, a día de hoy, siguen pensando que el hombre nunca llegó.

Durante una etapa importante de mi vida, pensé que la política y su configuración actual podían hacer realidad los sueños, las utopías. Poco a poco he comprobado que, aunque es posible, es una tarea muy compleja, tanto, que estamos en una situación en la que la realidad y la sociedad caminan a un ritmo y la política, muchos pasos por detrás, incapaz de hacer frente a todos los retos que tenemos por delante. Por lo que si queremos que la política sea útil a los ciudadanos, hay que repensarla y poner las conclusiones en práctica lo antes posible, porque de lo contrario, podríamos encontrarnos con un punto de inflexión de consecuencias imprevisibles.