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La sentencia espera en los Alpes

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El pelotón durante la octava etapa Pau-Bagneres de Luchon/REUTERS

El Tour de Francia ha pasado su ecuador cerrando en los Pirineos el primer bloque montañoso de esta edición. De las escarpadas tierras de los Altos Pirineos, territorio poblado de amplios y fértiles valles donde la vista choca una y otra vez con cumbres nevadas en medio del calor estival y donde se agolpan muchos de los lugares en los que el ciclismo ha forjado su condición de deporte épico, ha salido una carrera un tanto extraña.

Extraño es un Tour en el que, transcurridas once etapas, los once primeros clasificados se agrupan en un solo minuto, tanto como que Adam Yates (Orica) y Dani Martín (Etixx) ocupen respectivamente el segundo y tercer puesto tras Chris Froome (Sky), como probando qué se siente en lo más alto de una carrera de tres semanas. Extraño es ver cómo en un capricho de la climatología los corredores pasan de 40 a 8 grados en una misma etapa, del horno que hace subir las pulsaciones con solo levantarse sobre los pedales a una tempestad de granizo a 2.240m de altura.

Extraño resulta que no mande quien debe mandar, porque Froome, el líder, después de un truco de ilusionismo que hizo pasar por ascenso lo que en realidad era un descenso, no se pudo separar de casi nadie en la etapa más dura de las disputadas hasta ahora. En Andorra Arcalís, el británico evidenció que este es un Tour diferente y que ya no hay un líder que marque el camino. Extraño es también que quien aspira a ganar el Tour, Nairo Quintana (Movistar), no ataque, como aún noqueado por el truco de magia del día anterior. Igualmente extraño resulta ver a un compañero de equipo, Richi Porte (BMC), que se encuentra a más de dos minutos en la general, atacar una y otra vez y tirar del grupo del líder, provocando el descuelgue de otro compañero, Tejay Van Garderen, hasta entonces octavo a 23s y después, como resultado del alarde, undécimo a 1'01''.

Quedan los Alpes, ese macizo imponente también lleno de cumbres de leyenda, para disipar dudas y transformar en corriente lo singular.

Y extraño resulta, por fin, salir de los Pirineos sin Alberto Contador (Tinkoff), solo retirado en otra ocasión, hace dos años por una caída. Dolido en sus huesos desde la primera etapa y frustrado ante el sinsentido de un equipo sin cabeza, el de Pinto dijo adiós a una de sus últimas oportunidades de ganar la ronda gala y deja a los aficionados sin el gran animador de la carrera porque, pese a contar con tiempo perdido y tener sus opciones a la general más bien limitadas, Contador siempre supone un peligro.

Hay ciertos corredores que siempre son una amenaza, como lo era Ullrich para Armstrong, que siempre le consideró su gran rival; aunque no estuviese en su mejor momento, para el texano no había adversario más temible que el alemán, quizás porque ya había ganado un Tour (1997), quizás porque en 2003 hizo temblar su reinado absolutista viendo peligrar más que nunca un Tour, su quinto Tour. Sabe Froome que Contador es ese corredor al que nunca se le puede dar por muerto, lo sabe porque Contador ha ganado dos Tour (tres en la carretera) y sabe bien cómo le ganó la Vuelta a España de 2014, tras la retirada de ambos en Francia y también como se la ganó a Purito, en 2012, camino de Fuente Dé. Por eso, Froome ya duerme más tranquilo, porque ya no tendrá "pesadillas pensando donde atacará Contador".

Quedan por tanto los Alpes, ese macizo imponente también lleno de cumbres de leyenda, para disipar dudas y transformar en corriente lo singular. El Mont Ventoux es hoy el aperitivo de una segunda parte de carrera interminable, con dos cronos determinantes y cuatro etapas de alta montaña.

Se espera ahora que Quintana pase a la acción y acalle las voces que tachan de conservador al Movistar. Más que nunca, la estrategia será clave en esta parte de la carrera para contrarrestar a un bloque milimétricamente ensamblado como el Sky. En el conjunto español están tranquilos porque creen que están donde deben estar, ya lo dice Arrieta "con Nairo así y con los Alpes que quedan, ¿para qué vamos a atacar ya?".

Efectivamente, la lógica parece aplastante: mantener en corto al líder, hacer que su equipo trabaje y se desgaste y esperar a la última semana, donde Nairo parece llegar mejor que Froome; pero esta es una lógica que depende de un guion que nadie ha escrito de antemano y que no está claro que pueda resistir a otra ilusión.

Este post ha sido publicado inicialmente en el blog del autor