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11 signos de que te falta inteligencia emocional

08/05/2017 07:30 CEST | Actualizado 08/05/2017 07:30 CEST
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La inteligencia emocional no es una cualidad innata, es una disciplina: depende de la decisión de cada uno.

Cuando se habló por primera vez de forma pública sobre inteligencia emocional, sirvió como eslabón perdido en un peculiar descubrimiento. En el estudio, las personas con un coeficiente intelectual promedio tenían mejores resultados que aquellos con un mayor coeficiente intelectual en un 70% de las ocasiones. Esta anomalía le dio una vuelta a la creencia popular de que un coeficiente intelectual alto es la única fuente de éxito.

Tras décadas de investigación, se ha descubierto que la inteligencia emocional es un factor crítico que distingue a los más brillantes del resto. La relación es tan importante que el 90% de las personas con mejores resultados tienen un nivel alto de inteligencia emocional.

"No cabe duda de que la inteligencia emocional es menos habitual, pero la experiencia me dice que es más importante a la hora de ser un buen líder. Es algo que no se puede ignorar". – Jack Welch

La inteligencia emocional es algo que todos tenemos, es algo intangible. Afecta a la manera de gestionar nuestro comportamiento, de sortear las dificultades sociales y de tomar decisiones personales para conseguir resultados positivos.

A pesar de la importancia de la inteligencia emocional, su naturaleza intangible hace que sea muy difícil cuantificarla y saber qué hacer para mejorarla. Siempre se puede considerar la posibilidad de hacer un test científicamente validado, como el que puede encontrarse en el libro Inteligencia emocional 2.0.

Por desgracia, los test científicamente validados no son gratuitos. Así que he analizado los datos de más del millón de personas a las que ha realizado pruebas TalentSmart para identificar las conductas que indican falta de inteligencia emocional y que querrás evitar:

1. Estresarse con facilidad.

Si embotellas los sentimientos, no tarda en aparecer la sensación de tensión, estrés y ansiedad. Las emociones que no se gestionan atascan la mente y el cuerpo. La inteligencia emocional nos ayuda a hacer que el estrés sea más manejable y nos permite identificar y atajar las situaciones difíciles antes de que las cosas vayan a peor. Las personas que no utilizan su inteligencia emocional tienen más probabilidades de recurrir a técnicas menos efectivas para gestionar los sentimientos. Tienen el doble de probabilidades de abusar de sustancias y de experimentar ansiedad, depresión e incluso pensamientos suicidas.

2. Tener dificultades para rearfirmarse.

Las personas con inteligencia emocional hacen gala de buenos modales, empatía y amabilidad y tienen la capacidad de reafirmarse y de poner límites. Esta combinación es ideal para lidiar con los conflictos. La mayoría de las personas adoptan un comportamiento pasivo-agresivo cuando las cosas se tuercen. Las personas emocionalmente inteligentes mantienen el equilibrio y siguen siendo asertivas porque se mantienen alejadas de las reacciones emocionales sin filtrar. Esto les permite neutralizar a la gente tóxica sin crearse enemigos.

3. Tener un vocabulario emocional limitado.

Todo el mundo tiene emociones, pero solo unos pocos pueden identificarlas cuando tienen lugar. Nuestros estudios indican que solo el 36% de las personas son capaces de hacerlo, lo que supone un problema, porque las emociones no identificadas suelen llevar a malentendidos, lo que suele provocar la toma de decisiones irracionales y la realización de acciones contraproducentes. Las personas emocionalmente inteligentes dominan sus emociones porque las comprenden y, para ello, utilizan un vocabulario emocional muy amplio. Mientras que muchas personas simplemente dicen que se sienten "mal", las personas emocionalmente inteligentes pueden distinguir si se sienten "irritables", "frustradas", "pisoteadas" o "con ansiedad". Cuanto más específicas sean las palabras, mejor se comprende un sentimiento, lo que lo ha provocado y lo que se debería hacer al respecto.

4. Dar por hecho cosas muy rápido y defenderlas con vehemencia.

Las personas con poca inteligencia emocional se forman una opinión muy rápidamente y luego sucumben al sesgo de confirmación: es decir, buscan pruebas que respalden sus opiniones e ignoran las pruebas de lo contrario. No pocas veces discuten hasta la saciedad para defenderse. Este comportamiento resulta especialmente peligroso en los líderes, ya que sus ideas poco reflexionadas se convierten en la estrategia de todo el equipo. Las personas emocionalmente inteligentes dejan reposar sus pensamientos porque saben que las reacciones iniciales son muy viscerales. Les dan a sus pensamientos un tiempo para desarrollarse y consideran las posibles consecuencias y los argumentos contrarios a sus opiniones. Después, comunican de la manera más eficaz posible su idea desarrollada y tienen en cuenta las necesidades y las opiniones de los demás.

5. Guardar rencor.

Las emociones negativas que van de la mano del rencor son en realidad una respuesta al estrés. Basta con pensar en una situación concreta para que tu cuerpo entre en modo de pelea o huida, un mecanismo de supervivencia que te obliga a enfrentarte a una amenaza o a salir corriendo. Cuando la amenaza es inminente, esta reacción resulta esencial para la supervivencia, pero cuando esa amenaza ya es agua pasada, ese estrés causa estragos físicos y puede ocasionar problemas de salud con el tiempo. De hecho, un grupo de investigadores de Emory University han demostrado que esa retención de estrés contribuye a las subidas de tensión y aumenta la probabilidad de padecer enfermedades del corazón. Guardar rencor implica retener estrés y las personas emocionalmente inteligentes saben evitarlo. Dejar marchar los resentimientos no solo nos hace sentir mejor, sino que también puede ser beneficioso para la salud.

6. No perdonar los errores.

Las personas emocionalmente inteligentes se distancian de sus errores, pero no los olvidan. Al mantener una distancia de seguridad con los errores, en la que aún los tengan a la vista, estas personas son capaces de adaptarse para tener mejores resultados en el futuro. Hace falta tener mucha conciencia de uno mismo para andar por la cuerda floja entre el duelo y el recuerdo. Lamentarse por un error durante demasiado tiempo hace que experimentemos ansiedad y timidez, mientras que olvidarlo por completo hace que aumenten las probabilidades de que lo volvamos a cometer. La clave para mantener el equilibrio reside en la capacidad para transformar los fracasos en oportunidades para mejorar. Con esta filosofía, aprenderemos a levantarnos cada vez que nos caigamos.

7. Sentirse incomprendido.

Cuando no se tiene mucha inteligencia emocional, resulta difícil entender cómo te perciben los demás. Sientes que nadie te comprende porque no transmites tu mensaje de una forma que la gente pueda entender. Incluso con práctica, las personas emocionalmente inteligentes saben que no son capaces de comunicar todas sus ideas a la perfección, pero se dan cuenta si la gente no las entiende y cambian el enfoque de lo que están diciendo para volver a comunicar su idea de una manera que se pueda entender mejor.

8. No conocer los detonantes propios.

Todos tenemos detonantes: situaciones y personas que nos sacan de nuestras casillas y que provocan que actuemos de forma impulsiva. Las personas emocionalmente inteligentes analizan sus detonantes y utilizan este conocimiento para esquivar las situaciones y las personas que les hacen sacar lo peor de sí mismas.

9. No enfadarse.

Tener inteligencia emocional no consiste en ser simpático; consiste en gestionar las emociones de forma que se obtengan los mejores resultados. En algunas ocasiones, esto implica demostrarle a los demás que estás enfadado, triste o frustrado. Enmascarar constantemente las emociones con alegría y positividad no es ni auténtico ni productivo. Las personas con inteligencia emocional saben utilizar las emociones positivas y negativas intencionadamente en las ocasiones adecuadas.

10. Culpar a los demás de cómo te hacen sentir.

Las emociones son algo personal. Resulta tentador culpar de cómo nos sentimos a las acciones de los demás, pero tenemos que asumir la responsabilidad de nuestras emociones. Nadie puede hacernos sentir nada que no queramos. Pensar lo contrario solo juega en nuestra contra.

11. Ofenderse con facilidad.

Si aceptas quién eres sin problema, es difícil que alguien haga o diga algo que te saque de tus casillas. Las personas emocionalmente inteligentes están seguras de sí mismas y tienen la mente abierta, por lo que no se ofenden con facilidad. Este tipo de gente hace bromas a los demás y deja que les gasten bromas porque son capaces de visualizar la línea que separa el humor de la degradación.

En resumen

A diferencia del coeficiente intelectual, la inteligencia emocional es maleable. A medida que se entrena el cerebro mediante la práctica de conductas emocionalmente inteligentes, se construyen los caminos necesarios para convertirlos en hábitos. Cuando el cerebro refuerza estas nuevas conductas, las conexiones neuronales que servían de base para las conductas destructivas desaparecen. Antes de que te des cuenta, empezarás a responder ante tu entorno con inteligencia emocional sin siquiera pensarlo.

Comparte tu opinión en los comentarios para que todos podamos aprender. Si quieres saber más sobre inteligencia emocional, mi libro 'Inteligencia emocional 2.0: Estrategias para conocer y aumentar su coeficiente' puede ayudarte.

Este post fue publicado originalmente en la edición estadounidense del 'HuffPost' y ha sido traducido del inglés por Lara Eleno Romero.