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Mexico, 32 años después

25/09/2017 07:30 CEST | Actualizado 25/09/2017 07:30 CEST
EFE

Hace 32 años la ciudad de México fue sacudida por un sismo de más de 8 grados Richter que dejó cientos de edificios desplomados y puso en evidencia la estupidez del gobierno, que se negó a aceptar ayuda internacional, a la vez que era rebasado por la sociedad civil que, de forma espontánea, organizo sus brigadas de levanta escombros y de rescate de víctimas.

Hace 48 horas volvió a suceder un fenómeno sísmico de 7.2 grados, que dejó tras de sí decenas de construcciones colapsadas. La respuesta ha sido conjunta y han destacado tanto los cuerpos de las fuerzas armadas y de seguridad como las organizaciones de protección civil privadas y públicas, sin olvidar la forma desbocada en la que la sociedad se volcó para apoyar en la búsqueda, rescate y apoyo de todo tipo.

Yo he vivido ambas experiencias, desde ópticas muy diferentes, y me sigue fascinando la cantidad de contrastes que logramos generar los mexicanos en estas situaciones límite.

Primero que nada, me queda claro que somos un maravilloso país ante crisis de este tipo: huracanes, terremotos, sequías, inundaciones nos pelan los dientes. Sin pensarlo, salimos por millares o millones a buscar cómo ayudar a los demás, la gente se saca literalmente el pan de la boca para darlo a los voluntarios y rescatistas con tal de hacer algo, lo que sea.

Sin embargo, también me queda claro que estas situaciones sacan lo peor de nosotros. En el 85 se perdieron vidas por estupidez de las autoridades de entonces, las cuales temían que la sociedad tomara en sus manos el control de la ciudad, tal y como ocurrió al final. También fui testigo de cómo miles de personas muertas cayeron en el olvido, con el maquillaje de cifras de fallecidos.

Solo queda ver si 2017 será, como hace 32 años, el nacimiento de algo nuevo en nuestra sociedad, quizá podamos detener la caída de nuestro país gracias a la caída de tantas construcciones.

En 2017 veo que hay más organización gubernamental, más preparación de todos, pero la misma idea de manipulación y engaños. Cientos de fake news atiborran las redes sociales, hablando de supuestas órdenes para demoler construcciones colapsadas donde aún hay personas vivas atrapadas o denunciando edificios derribados por el sismo que siguen incólumes y sin daños. Ni hablar de la famosa Frida Sofía, la niña cuyo rescate fue seguido en vivo por los medios, solo para salir a la luz que no existía y no era más que un montaje para ganar ratings.

En el terremoto del 85 mentía a todo mundo sobre mi edad y lo que hacía para poder apoyar a los damnificados; me uní a las brigadas de desorganizados voluntarios y aprendí dos cosas: para ayudar a los demás primero debes cuidarte como rescatista, ya que muerto no sirves, y lo más valioso es la vida humana, no debemos escatimar esfuerzos por salvarla.

En 2017, mi posición como padre de trillizos de 5 años, sumado a un rodilla lesionada, me impiden estar en la primera línea de rescate tal y como desearía, relegándome a llevar comida y electrolitos a los rescatistas. Al tiempo, peleo en redes sociales con personas que me consideran idiota, monstruoso e indigno de ser una persona por el hecho de considerar que, antes de rescatar perros, se deben preservar los recursos de vida y materiales en el verdadero objetivo: rescatar al mayor número de personas posible.

En ambas ocasiones he tenido derrumbes de edificios cerca de mi vivienda (aunque gana 2017, al caer uno de 4 pisos a dos calles de aquí), y en ambas ocasiones me he dado cuenta de cómo un evento de esta escala trastoca la vida de todos y nos deja tocados para siempre.

Solo queda ver si 2017 será, como hace 32 años, el nacimiento de algo nuevo en nuestra sociedad, quizá podamos detener la caída de nuestro país gracias a la caída de tantas construcciones. Quizá así, tanta muerte cobrará algún significado

#FuerzaMexico #AyudaMexico