La derecha como inestabilidad, también en Andalucía

La derecha como inestabilidad, también en Andalucía

Entramos en una nueva campaña electoral, si es que alguna vez hemos salido, y ahora toca en Andalucía, una vez más como consecuencia de la incapacidad del PP...

Moreno Bonilla, en el centro de todas las miradas sobre las elecciones andaluzasEuropa Press News via Getty Images

Entramos en una nueva campaña electoral, si es que alguna vez hemos salido, y ahora toca en Andalucía, una vez más como consecuencia de la incapacidad del PP para garantizar la estabilidad de sus gobiernos de coalición y en particular de sus acuerdos de investidura con la ultraderecha. Sin embargo, paradójicamente, la izquierda entra, al igual que recientemente en Castilla y León, con el pie cambiado. Las encuestas dan la ventaja a una derecha sobrada, que además las afronta en clave de primarias de unas elecciones a dos vueltas, primero de las autonómicas y municipales y finalmente de las generales.

De hecho, la derecha y los medios conservadores las interpretan, más que como unas elecciones andaluzas, como la primera confrontación del presidente Sánchez con el nuevo presidenciable Núñez Feijóo, en un terreno que las encuestas consideran favorable a la suma de las derechas y que en el imaginario colectivo estaba identificado hasta las últimas elecciones como feudo socialista. Una perita para el diseño de una larga precampaña electoral de casi dos años con el objetivo de volver a La Moncloa.

Las grandes dificultades de estos dos años largos de gobierno de coalición entre el PSOE y Unidas Podemos en España, desde la pandemia hasta las actuales consecuencias de la guerra en Ucrania, pasando por la crisis con Marruecos, la tormenta Filomena y el volcán de La Palma, junto a la estrategia de desestabilización y desgaste de la oposición conservadora, no han facilitado tampoco las condiciones más favorables para la recomposición de una alternativa con opciones de gobierno de las izquierdas en Andalucía.

Además, el PSOE andaluz todavía sufre las consecuencias judiciales de la corrupción de los EREs y aún se lame las heridas de la reciente pérdida del poder y la confrontación interna, mientras el resto de la izquierda andaluza se ha dividido de forma traumática en la oposición, y parten también con unas expectativas electorales mermadas y la previsión de presentarse en al menos dos candidaturas, con el probable castigo adicional del sistema electoral. Con todo ello, la posibilidad de sumar una mayoría de izquierdas parece complicada.

La derecha y los medios conservadores interpretan (el 19 de junio), más que como unas elecciones andaluzas, como la primera confrontación del presidente Sánchez con el nuevo presidenciable Núñez Feijóo

Por otra parte, las posibilidades de la derecha para revalidar el gobierno ya no pasarían por la continuidad de la coalición de PP y Ciudadanos, ni tampoco por una mayoría del PP en solitario, sino casi inevitablemente por la entrada de la ultraderecha a formar parte del gobierno al máximo nivel, con el mismo modelo del gobierno de coalición castellano y leonés como referencia inmediata. La última esperanza del PP sería superar en escaños a la suma de los del conjunto de la izquierda, cosa que con el más que previsible salto electoral de la ultraderecha, incluso con una candidata teledirigida desde Madrid que ni vive ni cree en el autogobierno de Andalucía, tampoco parece estar al alcance de la mano.

De todas maneras, no deja de resultar chocante que se prevea un fuerte incremento electoral de la ultraderecha, cuando lo único que ha aportado en estos tres años a los andaluces han sido más casos de la corrupción, cuando decía que venía a combatirla, el relevo de su portavoz y la crisis de su propio grupo parlamentario, unas propuestas estrambóticas que han provocado tiras y aflojas al margen de la realidad andaluza, y en definitiva más inestabilidad política y presupuestaria.

Con el derrocamiento de Casado en favor de Núñez Feijóo, el PP ha sustituido una estrategia errática con bandazos entre el centro derecha y la derecha dura y un discurso insultante, por una estrategia ambigua y solapada, más de la tradición democristiana que podríamos describir como la de ‘actuar de manera que tu mano derecha no sepa lo que hace tu mano izquierda’. Así, en los primeros compases de su presidencia ha combinado cierta moderación en las formas con la dureza en los contenidos, por ejemplo con la crítica al incremento de la recaudación fiscal y la exigencia de la bajada de impuestos, y de otro lado con el apoyo a la normalización pragmática de la relación con la ultraderecha, incluso con su participación al más alto nivel en el gobierno de coalición de Castilla y León.

El resumen de la gestión del tripartito en Andalucía ha sido como mucho discreta, monopolizada por una dirección contradictoria de la pandemia sin lograr los resultados económicos y laborales comprometidos y ni tan siquiera buenas palabras, consistente en trasladar toda la responsabilidad al gobierno central, y sin garantizar finalmente la estabilidad política necesaria para aprobar el presupuesto de 2022 ni culminar la legislatura. Ahora se prevé la entrada en el gobierno de la ultraderecha, cosa que no solo es rechazada por la izquierda, sino que tampoco cuenta con el aval de sus compañeros de la derecha europea que la consideran una claudicación y ni siquiera con la comprensión del conjunto de los votantes tradicionales de la derecha.

En relación a la estrategia a seguir en esta campaña electoral por parte de la izquierda prima la incertidumbre. Hemos visto que a la ultraderecha no ha servido de nada ignorarla, sobre todo después de que ya ha pasado de ser una amenaza para convertirse en una amarga realidad como consecuencia del malestar social, la polarización política y su normalización como apoyo del gobierno de la derecha. Tampoco ha resultado útil extremar la polarización con el llamamiento de la izquierda a la confrontación total con la ultraderecha, como se ha visto en la Comunidad de Madrid, ni siquiera ante la amenaza que significaba recientemente su integración en el gobierno en Castilla y León.

El resumen de la gestión del tripartito en Andalucía ha sido como mucho discreta, monopolizada por una dirección contradictoria de la pandemia sin lograr los resultados económicos y laborales comprometidos y ni tan siquiera buenas palabras

Por lo tanto, y sin que exista una receta con garantías, una vez descartada por parte del PP la estrategia francoalemana de cordón sanitario, es necesario entrar a cuestionar por una parte el intento de blanqueamiento o desdiabolización de la ultraderecha y por otra las debilidades y contradicciones programáticas que aporta a una futura coalición de gobierno, que son muchas.

Entre las debilidades de la futura coalición con la ultraderecha está en primer lugar el agravamiento de la inestabilidad que ha comportado en todas las CCAA el pacto de legislatura, provocando finamente los adelantos electorales como el actual en Andalucía, algo muy relacionado con su posición de rechazo de la autonomía, su defensa del Estado centralista y en definitiva la instrumentalización de las instituciones autonómicas en clave estatal. Un punto débil añadido son las consecuencias sociales de su doctrina económica ultraliberal en materias relacionadas con sus propuestas de recorte y privatización de las pensiones y de los servicios públicos sanitarios, sociales y educativos, así como su rechazo a las medidas asistenciales frente a la pobreza y la exclusión, como el ingreso mínimo vital.

Otro bloque de crítica tiene que ver con sus posiciones negacionistas contrarias a los derechos humanos, entre otros colectivos de las mujeres, los gays y los niños inmigrantes, así como frente a las medidas de salud pública para la protección de los colectivos más vulnerables. Además de todo esto, y aunque es cierto que la política exterior no gana elecciones y menos autonómicas, pero en la crítica situación geopolítica que supone el actual contexto de la invasión y la guerra en Ucrania, las alianzas más o menos tácitas de la ultraderecha con Rusia y contra la Unión Europea y sus consecuencias humanitarias y económicas son sin duda otro aspecto a destacar en esta próxima campaña electoral.

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Médico de formación, fue Coordinador General de Izquierda Unida hasta 2008, diputado por Asturias y Madrid en las Cortes Generales de 2000 a 2015.