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Jaque a Iglesias

23/01/2017 07:21 CET | Actualizado 23/01/2017 07:21 CET
FLICKR / PODEMOS

Cuanto más amor codician, más ira destilan. Temen la ruptura, pero amagan con dejarse. La de Pablo Iglesias e Iñigo Errejón es ya una relación hostil, aunque dependiente. Nada nuevo. En psicología está descrito: "Ni contigo ni sin ti". Ocurre a menudo en el ciclo vital de los dúos, y no parece que sólo en el ámbito afectivo, también en el político.

En la relación entre Iglesias y Errejón ha ocurrido como antes ocurrió entre González y Guerra. La diferencia es que a ellos les ha pasado tan sólo dos años después de irrumpir en la escena pública y sin haber conquistado el cielo, ni por asalto ni por consenso. Primero parecían uno y no había resquicio por el que encontrar diferencias. Después, llegaron las decepciones con las que el otro ya no era ni el alma gemela ni el necesario complemento. Hace meses -concretamente tras la crisis de Madrid que acabó con la destitución de Sergio Pascual como secretario de Organizacion- que ambos se bajaron del pedestal en el que se tenían mutuamente y se observan con recelo.

En los prolegómenos de Vistalegre II se han retado, se han medido con documentos y consultas, y ahora falta saber si, como en las parejas sólidas, lo que viven es un tránsito gradual para valorar diferencias, descubrir el gusto por los espacios propios y aprender de negociación y pacto o si el franqueo acaba en irreconciliable ruptura y muchos asaltos de dolor mutuo.

Errejón convierte su documento organizativo en una nueva declaración de guerra al "pablismo"

En lo afectivo ya está todo roto. No hay más que escuchar lo que sale por boca de los soldados de ambos ejércitos. En lo político, está por ver. Pero se agota el tiempo para el acuerdo, y nada hace prever el entendimiento porque ni Iglesias está dispuesto a ostentar una secretaría general capitidisminuida como pretende Errejón ni éste a transigir con un acuerdo desproporcionado en la línea de que el "pablismo" lo es todo y lo demás, corrientes minoritarias. Quiere poder y quiere capacidad para influir en el rumbo del partido de manera decisiva.

Errejón no desea un Podemos como el que ha diseñado en el último año Pablo Iglesias, pero tampoco está dispuesto a asumir los riesgos de un Podemos sin Pablo Iglesias. Esa es la traducción orgánica del documento presentado este fin de semana por el movimiento Recuperar la ilusión, que lidera el secretario político. Un texto que, en velada enmienda de totalidad a la gestión de Iglesias, propone desconcentrar el poder y traspasar las competencias del secretario general y el Consejo de Coordinación hacia el Consejo Ciudadano -el máximo órgano de dirección estatal entre asambleas-.

errejon

De este modo, quiere que Iglesias pierda la capacidad para convocar consultas a la militancia para cuestiones de "especial trascendencia" -como hizo en el pasado con la investidura de Pedro Sánchez y la alianza electoral con IU- y que estas sólo puedan celebrarse si lo demanda el 10 por ciento de los inscritos en el censo activo del partido, el 15 por ciento de los círculos o si lo aprueba por mayoría simple el Consejo Ciudadano Estatal.

En el Podemos que anhela el actual secretario político no cabrían las fusiones orgánicas con otros partidos salvo que sean ratificadas en una Asamblea Ciudadana por una mayoría reforzada de dos tercios ni más de dos mandatos de tres años cada uno para el secretario general.

Así que, a juzgar por lo que emite el documento presentado, el acuerdo con el "pablismo" se antoja difícil si no imposible porque mientras que Iglesias abandera estos días la unidad, Errejón cabalga a lomos de una descentralización de poder que busca debilitar claramente al secretario general. Sus adversarios han tomado nota y han leído en el documento toda una declaración de guerra al "pablismo". Cada día se aleja más la posibilidad de acuerdo, pese a que uno y otro insisten en que harán todo lo posible para llegar al consenso.

El texto del secretario político aleja la posibilidad de acuerdo antes de Vistalegre

"Lo voy a intentar. Nos conviene, aunque leyendo los documentos suyos no les veo por la labor", asegura un Iglesias al que los suyos ven dispuestos a cumplir la palabra dada en lo que respecta a renunciar a la secretaría general si no hay espacio para converger antes de Vistalegre y en la votación se imponen las propuestas de Errejón. Lo dijo por primera vez entrevista con El Huffington Post y lo ha repetido desde entonces: "No estoy dispuesto a ser secretario general solo por mi cara. Para eso mi proyecto y el de mi equipo tiene que ganar".

Los "errejonistas" no ven tras sus palabras más que una treta con la que soslayar su negativa a democratizar una organización que hoy consideran "demasiado líquida y concentrada" y a aceptar un acuerdo proporcionado.

Sea como fuere, lo que nadie duda ya es que el último movimiento de Errejón con su propuesta organizativa ha supuesto un jaque a Iglesias. Y que ahora él está obligado a defenderse para salir de la amenaza. Atentos a la siguiente jugada, porque el secretario general tampoco está por la labor de que el jaque sea mate, esto es a no defenderse, o a poner fin a la partida.

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