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Las claves de la semana: Del calvario de Puigdemont a la resurrección de Sánchez

15/04/2017 10:10 CEST | Actualizado 15/04/2017 10:12 CEST

La semana, como no podía ser de otro modo ha ido de "vía crucis", que para eso estamos en Pascua y es tiempo de afianzar. Los católicos, su fe. Los independentistas, el procés. Los socialistas, un proyecto y un liderazgo. Y los populares, unos presupuestos que les permitan seguir gobernando.

EFE

Pero para calvario, el de Carles Puigdemont. Tanto recogimiento y tanta meditación en Semana Santa y va David Bonvehí y canta la Traviata. Lo tiene todo reflexionado. ¿Que el procés acaba mal? Pues el PDeCAT abandona el secesionismo, presenta un candidato autonomista y santas pascuas. Total la vieja CDC fue siempre un partido pragmático. Y ya tiene plan B e incluso C.

Al número dos del PDeCAT le han pillado in fraganti, tras haber sido grabado sin permiso en una reunión con alcaldes en la que dibuja tres escenarios sobre el futuro inmediato de Cataluña: "Si el proceso termina bien y somos independientes tendremos que buscar un personaje que represente lo que queremos disputar. Si el proceso no está terminado [...] tendremos que buscar a alguien muy independentista, y si el proceso ha sido un desastre, hay que poner a alguien autonomista".

El independentismo, de nuevo o de viejo cuño, ya sabe que Mariano Rajoy no va a permitir otro 9-N y que la Fiscalía, el Constitucional y la Guardia Civil mantienen la guardia alta para evitar que el Govern instale de nuevo las urnas de forma ilegal.

El sonoro portazo a Puigdemont

El molt honrable parece estar ante un callejón sin salida. De un lado, el sonoro portazo que le han dado la Casa Blanca y la Fundación Carter tras su desesperado intento de implicarles en la estrategia de apoyo al soberanismo. De otro, la ausencia de compromiso de algunos de los suyos, renuentes a inmolarse judicialmente en nombre de una Cataluña independiente. Y por si fuera poco, sus socios de ERC, que ya otean en el horizonte una posible convocatoria electoral de la que puedan salir como primera fuerza. Convergentes y republicanos están profundamente divididos mientras Rajoy y el Gobierno exhiben músculo frente a la debilidad de un matrimonio de conveniencia como fue el de Junts Pel Sí, cuyos cónyuges ya discuten en público hasta por si los parados deben participar o no en la organización del cacareado referéndum.

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Díaz se negó a compartir la imagen del dolor

La bronca es monumental entre los independentistas. Pero no son los únicos. Como saben, la gresca socialista continua. Suma y sigue. No ha habido tregua ni por la repentina muerte de la ex ministra Carmen Chacón. Mucho luto, mucha capilla ardiente, mucho llanto, mucha condolencia, pero fue imposible la imagen del dolor compartido por los tres aspirantes al liderazgo del PSOE. Dos de ellos (Patxi López y Pedro Sánchez) estaban por la labor. La tercera (Susana Díaz), no. La presidenta de Andalucía se refugió en un despacho de la cuarta planta cuando le avisaron de la llegada de Pedro Sánchez a la calle Ferraz. Era la primera vez que desde el fatídico 1 de octubre el ex secretario general volvía a la sede del PSOE y se reencontraba con algunos de sus correligionarios.

Casi tres años han tenido que pasar para que el último líder del PSOE admita, sin ambages, que minusvaloró la decidida apuesta de Díaz por llegar a la secretaría general como fuera y desplegar para ello toda su artillería. Aún así está convencido de que la suya, tras las primarias de mayo, será una auténtica resurrección y que los militantes le devolverán a la vida después de la muerte a la que le sentenciaron los cuadros de su propio partido.

Sánchez busca la protección del Indalo

Estos días el ex secretario general del PSOE ha viajado a Mojácar en busca de descanso y quizá, también, de la suerte que la leyenda cuenta que transmite el Indalo, el símbolo almeriense con el que los lugareños protegen sus casas de las tormentas y el mal de ojo, y que en el fondo no representa otra cosa más que un arquero que apunta hacia el ave que vuela sobre él.

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El que fuera número uno de los socialistas hasta el pasado octubre sabe que la batalla por el liderazgo será dura, que Díaz buscará una autentica exhibición de fortaleza orgánica con la recogida de avales, pero se muestra tan seguro de que tendrá el apoyo mayoritario de la militancia como de que el verdadero voto oculto no está en la candidatura de Patxi López sino en la suya misma. No es lo mismo votar que avalar y a la de Triana "se le teme más que se le admira", sostienen desde el equipo de Sánchez.

De momento, el exsecretario general está muy satisfecho con la movilización que percibe en todos sus mítines -donde asegura que más del 70 por ciento de los asistentes son afiliados- y se rebela contra la imagen de "podemita y radical, dispuesto a romper España y el PSOE" que sus contrincantes pretenden endosarle.

En esta batalla por el todo o nada de la que sólo podrá sobrevivir Patxi López sea cual sea su resultado, Sánchez asegura que regresará de la Semana Santa dispuesto a entrar de lleno en la segunda fase de una campaña eterna que empezó en febrero, en la que inaugurará un "road show" por varios medios y en la que intentará demostrar que el tradicional modelo de partido que defiende Díaz y con el que pretende salvaguardar las esencias de las viejas estructuras nada tiene que ver ya con la política del siglo XXI.

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