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Charlotte Perkins Gilman: cómo envolver el canon literario en un terrorífico papel amarillo

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2016-10-05-1475675797-9608307-Capturadepantalla20161005alas15.56.03.jpgCharlotte Perkins Gilman (1860-1935) es una de las escritoras más importantes de las letras estadounidenses de su época y una figura capital del feminismo, del socialismo reformista y del pensamiento de los EEUU. Puede dar una idea de la trascendencia de su influyente obra que la escritora Rebecca West (1892-1983), una de las mentes más lúcidas de la época, la considerase «la mujer más grande en el mundo hoy en día».

Charlotte Gilman tiene una extensa obra. Escribió dos libros de poesía; media docena de obras de teatro; seis novelas; unos ciento noventa relatos cortos, variadísimos y de una calidad enorme, que con el paso de los años van adquiriendo cada vez más relevancia; diez libros de ensayo y un sinfín de vibrantes artículos publicados en varias revistas.

Por si fuera poco, entre 1909 y 1916 publicó la revista The Forerunner. Revista que trataba temas de lo más variados: desde las enfermedades venéreas a la contaminación acústica, aunque el compromiso más estrecho lo tenía con los derechos de las mujeres y el socialismo. La escribía ella íntegramente: editoriales, artículos críticos, reseñas..., ya fuera en forma de ensayo, poesía o ficción. Como cada revista tenía unas veintiuna mil palabras, puede constatarse el trabajo ingente que debía significar para una sola escritora. A toda esta obra hay que añadir una jugosa autobiografía, así como las cartas y los diarios publicados póstumamente.

A pesar de ser una obra bien poliédrica, paradójicamente se puede afirmar que Charlotte Gilman escribió siempre un mismo libro, puesto que siempre habla de cómo conseguir el avance de la humanidad, teniendo bien presente que sin la emancipación de las mujeres no es posible ningún progreso.

Quizás la narración que diverge más es El paper de paret groc, la pieza más conocida y emblemática que escribió. Una auténtica joya. Nada más publicarse causó una «tremenda impresión» y tuvo una enorme repercusión. Desde el año 1970 es una pieza indiscutible del canon literario estadounidense y del de la literatura escrita por mujeres. Los cientos de estudios dedicados a analizarla atestiguan su vigencia. Tan solo la Feminist Press vendió doscientos cincuenta mil ejemplares antes de 1998; todo un best-seller.

El paper de paret groc ilustra una debacle mental y la narra con extraordinario y sostenido temple, ojo clínico y agudeza psicológica.

De su actualidad pueden también dar cuenta las versiones para cine, teatro, televisión o radio. Hay al menos tres audios; se han realizado cinco películas -las tres últimas, en 2014, 2015 y 2016-; se han llevado a cabo tres adaptaciones televisivas y ha subido seis veces al escenario, la mayor parte últimamente.

Se acaba de publicar una edición con un añadido importante, el artículo titulado «¿Por qué escribí El papel pintado amarillo», que la autora publicó unos cuantos años más tarde, en 1913, justamente en uno de los números de la revista The Forerunner.

El paper de paret groc ilustra una debacle mental y la narra con extraordinario y sostenido temple, ojo clínico y agudeza psicológica. De raíz autobiográfica, la historia arranca en 1884 cuando una Charlotte Gilman de veinticuatro años, impelida en parte por su sentido del deber, decide casarse con un enamorado ferviente y tozudo que pasaba por un mal momento. Incapaz de encorsetarse en el modelo prescrito para las mujeres de aquel tiempo y convertirse en un «ángel del hogar», su estado mental comenzó a ir de capa caída. En marzo de 1885 nació su hija Katharine y la depresión no hizo más que agravarse. En aquella época, la receta para las mujeres en esta situación era: nada de escribir, nada de leer, nada de pensar. Tratamiento que la hizo pasar de estar mal a literalmente arrastrarse.

Inserido en el marco de un cuento gótico, es un espeluznante alegato a favor de la insumisión de las mujeres respecto a la férula marital y al poder patriarcal, a medio camino de una fabulación feminista y del testimonio personal. El juego de oposiciones, de espejos, la ambivalencia, lo dotan de al menos dos lecturas. Por un lado, se describe con todo detalle y con gran realismo el terrorífico proceso de enloquecimiento de una mujer; perturbación que sigue una lógica implacable. Por otro, como cuento de terror que es, todo lleva a que admitamos, aunque sea metafóricamente, que tanto el papel amarillo de la pared como la mansión tienen algo raro y que quizás las presencias que nota la protagonista no son meras corrientes de aire y, desde luego, puede que todo ello, a su vez, empuje a la protagonista al borde del abismo.

Ambas lecturas -trama y urdimbre- se entretejen confiriendo al texto una enorme coherencia y una gran abundancia de sentidos, y lo conforma como un libro originalísimo. A poco de publicarse pasó a ser considerado una obra clásica de la literatura de terror. Una obra maestra.