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Ruth Rendell. Mucha pena pero mucha más gloria

13/06/2015 09:57 CEST | Actualizado 13/06/2016 11:12 CEST
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Hace unas semanas ha muerto Ruth Barbara Rendell (Londres, 17 de febrero de 1930- 2 de mayo de 2015). Prolífica escritora británica, la enorme calidad literaria de su obra -tanto en los libros firmados con su nombre como con el seudónimo Barbara Vine- hizo que ganara muchos y prestigiosos premios, no siempre específicos de novela negra, lo que debería animarnos a concluir que escribe literatura en estado puro, sin más etiquetas. Lo aconseja no sólo la variada obra de coetáneas y colegas suyas como P. D. James o Patricia Higsmith, sino también la calidad literaria de predecesoras, entre las cuales, las grandes Agatha Christie, Dorothy L. Sayers, Dorothy B. Hugues o Margaret Millar. Por otra parte, una característica extendida en las literaturas de las escritoras es justamente la capacidad portentosa de reventar los límites de los géneros, de borrar las costuras de la creación literaria.

Rendell toma como pretexto un caso para hablar del mundo. Raramente, el objetivo es adivinar quién es culpable del crimen, sino que lo que pretende es narrar cuáles son los motivos que hacen que los personajes actúen como lo hacen. Hay, por tanto, grandes dosis de psicología y de sociología en su obra. Para homenajearla se necesitan muchas páginas (o atreverse a hacerlo con dos pinceladas).

El interesantísimo Un juicio de piedra (1980) puede servir de ejemplo. El primer párrafo dice: «Eunice Parchman asesinó a la familia Coverdale porque no sabía leer ni escribir», una manera muy rara de iniciar un libro de misterio, por otra parte, una declaración de principios. El proverbial buen gusto e ingenio de la autora se concreta en un final de gran aliento ligado a su interés por la música. A pesar de que desde el inicio se sabe quién es la asesina, la policía lo desconoce, lo que permite a la autora montar una bella historia: el crimen tiene lugar durante una audición radiofónica del Don Giovanni que la familia escuchaba y grababa a un tiempo y es bonito ver a la policía calculando tiempos mientras escucha atentamente la ópera para intentar establecer la cronología de los hechos.

El interés por la música, por cualquier manifestación artística, se concreta en constantes referencias literarias. Es frecuente que sus libros estén encabezados por fragmentos de poemas o que, en general, los personajes lean y discutan sobre lo que han leído. Esta querencia de la autora se manifiesta en un precioso libro, Morir de pie (1983). El libro es complejo y abarca prácticamente todos los intereses de Rendell: la psicología de los personajes; la sociología a través de las descripciones minuciosas de un microcosmos espejo de la Inglaterra profunda y de Londres, dos escenarios constantes de sus novelas; una trama repleta de giros vertiginosos en la que aspectos aparentemente muy desligados finalmente encajan. El pretexto inicial es el atraco a un banco de provincias. Mera anécdota para desarrollar la idea principal: la importancia del amor por la lectura.

El descubrimiento de la literatura marca toda la actuación del personaje principal. Se aburría y esto le impelió a leer novela policíaca y de ahí pasó a leer Shakespeare, porque en uno de los libros leyó el fragmento de un soneto y «Cuando volvió a la biblioteca cogió los Sonetos de Shakespeare y le gustaron y eso le hizo leer más poesía y, gradualmente, las novelas más importantes que la gente llama (por alguna razón oculta) los clásicos, y obras de teatro y más poesía, y libros que los críticos habían escrito sobre los otros libros, y fue un hombre perdido. Pues se le agudizó el ingenio, creció su poder de percepción y acabó por estar descontento con lo que le había tocado en suerte». Fragmento que lo hermana con Don Quijote. Y como él, el personaje pasa a vivir en un mundo de papel donde se encuentra más a gusto.

No es raro que libros tales tengan repercusión en el cine. Entre otras películas, Claude Chabrol versionó el primer libro citado, Un juicio de piedra, en un film titulado La ceremonia (1995) -que, por cierto, complació en grado sumo a Rendell-; más tarde, en 2004, llevó al cine La Dama de honor. Pedro Almodóvar desvirtuó (más que adaptar) Carne trémula en 1997. Actualmente se puede ver Mi nueva amiga (2014) de François Ozon.

Cine, libros y Ruth Rendell. Una buenísima manera de dejar atrás la pena por su muerte a base de administrarse dosis de la inmensa gloria de su arte.