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Cerchiamo Testicoli. Testificar o no testificar, ese es el dilema

24/02/2013 10:00 CET | Actualizado 25/04/2013 11:12 CEST

Para Alberto Lujambio

¡El papa ha renunciado!,

y para todos aquellos

que no hablan el castellano

¡The potato has resigned!

Menuda encomienda tendría Baselios Cleemis Thottunkal, arzobispo mayor de la Iglesia siro-malankara, cardenal Indio, de ser cierto que por ser el más joven de los príncipes de la iglesia testificaría sobre la existencia (del verbo testificar), verbi gratia: "Palpará los testículos" del futuro sucesor del pescador de hombres, heredero del linaje de Pedro sobre cuyas "piedras preciosas" se edificará su iglesia.

Todos preocupados en el Vaticano, ahora que se adelanta el sui generis Cónclave, por quién sucederá al ineficaz Ratzinger, quién en pocos días dejará de ser Benedicto XVI papa en funciones y habrá dicho no a Dios en la nobilísima tarea que el Señor mismo le "enconmendó". ¿Acaso el espíritu santo andaba volando bajo en aquel aciago abril de humo blanco?

Y todos vueltos locos por la sucesión, incluido el buen Baselios, sucesor de la Sede Apostólica de Santo Tomás en la India e indiscutible candidato a la noble tarea de testificar que no hay impostura. Cuentan que el proceso de testificación por "palpación" debe ser realizado por el cardenal más joven, quien cual morboso notario dará fe pública de que no hay fraude y se trata de un uomo (¡que misoginia!), aunque existe una sistemática negación de la Iglesia a reconocer dicha práctica.

A la acción misma de comprobar que en caso de haber pertenecido a un coro, el candidato no haya engrosado las filas de los castrati se suman el tener que gritar al término de su exploración: "Duos habet et bene pendebant" ("tiene dos y cuelgan bien") y la preocupación de lo que se encontrará bajo esa sotana y pendiendo por el hueco de la silla expresamente hecha para ello.

Los candidatos que se encuentran en el bolo para reemplazar al expapa deberán soportar estoicamente el incómodo y bochornoso momento. ¿Serán esas joyas de la corona, esos sacro santos fabergés "papabili": un par de maracas que se mueven al ritmo de la samba de Joao Braz de Aviz o de Odilo Pedro Scherer, cardenales Brasileiros? ¿Qué sorpresa nos depararán esos huevitos kinder? ¿Llevarán impresa la "Star spangled banner" y serán el par de eggs McMuffin de Timothy Dolan el extrovertido y presunto encubridor obispo de Nueva York? ¿O acaso serán los quebecois de Marc Ouellet o los huevos con los que se capea a las milanesas a la Gianfranco Ravasi o Angelo Scola, italianos y fuertes contrincantes? Una mano santa volverá a meter la mano bajo la sotana para tal vez encontrar un par de cajitas musicales del austríaco Christoph Schoenborn. Aunque bien podrían ser dos manguitos de manila del filipino Luis Tagle o los africanos y negros diamantes de Peter Turkson, el cardenal de Ghana.

La cosa es que tan noble tarea, posiblemente a cargo del arzobispo mayor de Trivandrum, príncipe de la iglesia católica oriental, Thottunkal, podría ser compartida por los 120 Cardenales papables que integrarán el Cónclave, ya que otra versión de la certificación vaticana, cuya función es evitar que una mujer llegue a la silla de Pedro, (ya se les coló la Papisa Juana), reza que la testificación por palpación debe ser realizada por la totalidad de los participantes en el Cónclave quienes por instrucción del Camarlengo e iluminados por el espíritu santo gritarán una vez más al mundo Habemus Papam.

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