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Fumar, envejecer y tener nietos

16/07/2012 10:11 CEST | Actualizado 14/09/2012 11:12 CEST

Casi todo el mundo sabe que fumar conlleva un aumento en el riesgo de padecer cáncer de pulmón, enfermedades cardiovasculares y pulmonares, diabetes, hipertensión, accidentes cerebro-vasculares y muerte prematura. Quizá la gente sabe menos acerca de los efectos que el tabaco tiene en el cerebro, sobre todo en fumadores de muchos años. Y es que el tabaco puede producir pequeños infartos cerebrales y un declinar acelerado de las funciones mentales. Pero lo que definitivamente la gente no sabe son las consecuencias de fumar, sobre todo si el comienzo se hace en edades muy tempranas, sobre los genes. Hoy sabemos que el tabaco puede producir cambios en la función de los genes en el fumador y estos cambios ser heredados por los hijos o los nietos en detrimento de la salud en estos últimos.

Lo cierto es que las consecuencias del tabaquismo van mas allá de los aspectos médicos que acabo de señalar y que por conocidos son hasta despreciados. Me refiero a consecuencias que aparecen más difuminadas y que de ser conocidas pudieran tener más impacto sobre los fumadores. Por ejemplo, investigaciones muy recientes revelan que el fumador ve reducida su esperanza de vida en alrededor de siete años. Y también que las enfermedades que se padecen en el segundo periodo del proceso de envejecimiento, es decir a partir de los cincuenta años, aparecen como media catorce años antes que en los no fumadores. Es más, se está viendo que la nicotina, aparte su poder adictivo, contribuye de manera notable a la oclusión de los vasos sanguíneos cerebrales. Estos datos se han relacionado en los fumadores empedernidos, con la producción de accidentes cerebro-vasculares mínimos y "silentes", sin repercusión aparente en la función mental diaria, pero que son aditivos en producir daños neuronales. Daños que se expresan más adelante en el tiempo debido a que producen una muerte neuronal significativa alrededor de cada miniinfarto. Posiblemente debido a ello son los resultados de un estudio, también reciente, mostrando que los fumadores presentan un deterioro de sus capacidades mentales a una tasa cinco veces superior a la de los no fumadores. Esperanzadoramente también este mismo estudio ha mostrado que aquellas personas que fumaron, y dejaron de hacerlo en un momento dado, presentaron una reducción significativa de esa misma tasa de deterioro.

Todo esto habla claramente, no solo de un acortamiento en la esperanza de vida del fumador, sino de una más reducida esperanza de vida sana. Pero lo que también quiero resaltar aquí, y de manera más sobresaliente si cabe, son las consecuencias del tabaco para aquellas personas que no fuman. Me refiero a los así llamados fumadores pasivos que sufren las consecuencias del humo del tabaco. Por ejemplo un estudio ha mostrado que las personas expuestas al humo del tabaco tienen un riesgo de padecer, como los fumadores, un descenso de sus capacidades mentales. Y todavía más grave, se ha visto que ese mismo humo del tabaco afecta al cerebro de los niños y adolescentes de una forma todavía no bien conocida, pero que claramente se expresa en un menor rendimiento escolar cuando estos se comparan con niños que están libres de esa situación.

Y una continuación final de cuanto acabo de señalar sobre las consecuencias del tabaco en los demás, refiere al daño en los propios hijos o nietos del fumador, no en tanto que sufran el humo del tabaco del padre, sino en tanto que heredan los genes modificados de ese padre fumador y que pueden repercutir en su propia salud futura. Y esto último no lo sabe la gente. Hay estudios mostrando que los fumadores, sobre todo aquellos que comenzaron a fumar alrededor de la pubertad y la adolescencia, pueden marcar sus genes de forma que su función cambia y que estos genes marcados pueden pasar a la descendencia y ser expresados en los hijos y también en los nietos afectando a la salud de estos. Lo mismo ocurre con el consumo de otras drogas. O con la ingesta de ciertos alimentos. La idea revolucionaria que se desprende de todo esto es que lo que uno hace, creyendo que solo él es el recipiendario de los daños posibles causados, ya no es así, pues es claro que puede repercutir en la descendencia por vía de la herencia.

La ciencia actual nos lleva a comprender que ya no somos seres individuales y separados de los demás y que por tanto, como antes se creía, podemos por ejemplo fumar en el pico de una montaña y pensar que esto solo afecta a uno mismo. Hoy sabemos que mucho de lo que uno hace, hasta en el mismo desierto, puede afectar a su propia descendencia. De modo que no somos unidades separadas e independientes en el mundo, sino que somos cuentas o nudos que forman parte de esa red biológica que se llama epigenética.

Y pensar que hay responsables públicos de altura en España que en estos momentos todavía dicen que "Fumar es una opción libre de cada uno..." ¡Por favor, señor presidente del Gobierno, ponga usted un científico en su vida política!"

Nota: El autor de este artículo ha publicado el libro ¿Se puede retrasar el envejecimiento del cerebro?, Alianza Editorial (Madrid 2012), en el que están referenciados los estudios mencionados aquí.

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