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Diario de una 'startup': los riesgos y el coste de oportunidad (3)

03/07/2017 19:00 CEST | Actualizado 09/07/2017 10:34 CEST

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En el primer capítulo de esta serie mencioné el hecho de que varios de los más notorios creadores de startups empezaron muy jóvenes, antes incluso de acabar sus estudios universitarios. Se podrían dar numerosos contraejemplos de empresarios más mayores que tuvieron éxito, pero no deja de ser sorprendente que no haya más emprendedores a partir de ciertas edades.

Una razón obvia para que ello sea así es que los universitarios suelen ser solteros y están libres de cargas familiares como ya señalé, lo que les permite una dedicación plena a la tarea de crear una empresa. Lo que los americanos llaman overhead (costes generales de funcionamiento) es casi siempre menor a los 25 que a los 35, si uno carga con un churumbel y una hipoteca.

Es decir, mucha gente puede estar dispuesta a asumir riesgos personalmente, y no solamente es socialmente aceptable asumir riesgos personalmente, sino que cierta toma de riesgos acarrea cierta respetabilidad. Ahora bien, lo que no es nunca respetable es transferir ese riesgo a los demás, y especialmente a los hijos de uno.

El alpinista Kilian Jornet asegura que a menudo le llaman loco, pero en general sus hazañas deportivas despiertan la admiración del resto de los mortales. Sin embargo, si las ascensiones al Everest las hiciera acompañado de un crío de seis años no le llamarían ya loco, sino cosas mucho peores, y puede que tuviera incluso que responder ante la justicia por tanta temeridad.

La cuestión de los riesgos para aquellos que quieran crear una empresa teniendo niños a su cargo es pues peliaguda, aunque a diferencia de Jornet, creando una startup nadie se esté jugando literalmente su pellejo ni el de sus críos. La otra cuestión que sin embargo frena a algunos potenciales emprendedores es relativamente más fácil de computar y se trata del coste de oportunidad.

Si a estas alturas del año que viene mis perspectivas de generar ingresos al año siguiente son tan magras como las actuales es posible que me eche para atrás. Es decir, en mi caso riesgos calculados, bastantes. Valentía, relativamente poca.

El coste de oportunidad (llámemosle C) de crear una startup se traduce a menudo en los ingresos a los que uno renuncia para crear la empresa, por lo que se puede calcular de forma relativamente sencilla como C = A - B1, en el que A eran los ingresos del emprendedor el año anterior a crear la startup y B1 los ingresos del emprendedor en el año de creación de la startup. Si como es mi caso, el emprendedor era un asalariado cuyos ingresos provenían casi exclusivamente de su sueldo S (A = S) y las expectativas de generar ingresos netos durante el primer año de actividad de la startup son prácticamente nulas (B1 = 0), el coste de oportunidad C = S, siendo S mi último sueldo anual.

Calcular correctamente el valor de C será importante para negociar con posibles socios y ajustar el nivel de gastos del año siguiente a la creación de la empresa, pero no tiene absolutamente nada que ver con la valentía ni con el riesgo, creo yo. Razonemos por el absurdo: la mayoría de personas de entre 20 y 40 años que he identificado como emprendedores típicos ganarían más dedicándose a la prostitución (ingresos B1 según esta hipótesis) que ejerciendo sus actuales empleos con ingresos equivalentes a A. Sin embargo, la mayor parte de nosotros no consideramos que la prostitución sea una actividad profesional deseable, por lo que las personas que no nos dedicamos a esa ocupación no solemos ser tachadas de valientes (yo aún diría más: a menudo ocurrirá lo contrario).

Además, si el emprendedor tiene un colchón suficiente, es decir, pongamos unos ahorros equivalentes a S (es mi caso), puede incluso lanzarse a crear una startup manteniendo sustancialmente un nivel de vida similar al que acostumbraba el año anterior, eso sí, sacrificando una parte considerable de unos ahorros acumulados probablemente a lo largo de años.

En todo caso, el emprendedor deberá computar si el coste C se compensa ya sea porque puede asumirlo sin grandes estropicios para su economía doméstica o por la satisfacción que la nueva ocupación le va a reportar con respecto a la anterior de mayores ingresos. Mucho más complicado será evaluar el coste C en relación a los potenciales ingresos posteriores a la creación de la startup en el segundo año y siguientes que llamaremos B2.

Cuando Hernán Cortés desembarcó en las costas de México en 1519, inutilizó sus naves asegurándose que los ingresos B2 de quienes le acompañaban serían de 0 en el caso de dar marcha atrás, por lo que la alternativa a seguir adelante con la expedición era la muerte tanto para el conquistador como para sus hombres.

No es la vía que he elegido yo, que me he dado la posibilidad de dar marcha atrás al pedir una excedencia de un año. Si a estas alturas del año que viene mis perspectivas de generar ingresos al año siguiente son tan magras como las actuales es posible que me eche para atrás. Es decir, en mi caso riesgos calculados, bastantes. Valentía, relativamente poca.

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