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La UE y nuestra seguridad colectiva: ¡juntos somos más fuertes!

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VOLKSWAGEN UE
AFP
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Los ciudadanos europeos se enfrentan a un desafío de seguridad heterogéneo al que deben responder más unidos que nunca, sea cual sea el veredicto del referéndum británico. Les corresponde situar la seguridad colectiva en la base de la construcción europea, valorando sus progresos recientes y registrándolos en una visión movilizadora de conjunto.

1.(Re)colocar la seguridad colectiva en la base de la construcción europea

El entorno de la UE está plagado de amenazas que pueden repercutir tanto en nuestras fronteras como en nuestros territorios: la guerra en Siria, el caos en Libia, el terrorismo islamista, la agresividad rusa, etcétera. Estas amenazas provocan una demanda ciudadana de seguridad que puede generar la tentación de replegarse si los líderes nacionales y europeos pierden el control de la situación y no demuestran bien que la unión hace la fuerza, también en materia de seguridad.

La construcción europea se ha podido iniciar porque los europeos temían por su seguridad, amenazada por su propensión secular a matarse y por el expansionismo soviético: algo nuevo en este himno al miedo que ahora debe reactivarse en un contexto marcado por las incertidumbres que provocan el cambio climático, la economía de locos, el flujo migratorio anárquico y, sobre todo, marcado por las amenazas contra la seguridad de los bienes y de las personas.

La aspiración de los pueblos a su seguridad debería ser una parte importante de una agenda que reuniera a todos los países de la UE, expuestos a varios tipos de amenazas cuyos orígenes no sólo se encuentran en el este o en el sur de nuestras fronteras, sino también en nuestro territorio, donde han nacido la mayoría de terroristas. Ni que decir tiene que esa agenda de seguridad tiene como objetivo movilizar a Reino Unido, el principal actor diplomático y militar que, aunque no sea miembro del espacio Schengen, participa en la cooperación policial y judicial europea porque es interdependiente del continente.

La agenda europea de las próximas semanas ofrece muchas oportunidades para incluir a la seguridad colectiva en el centro de este renacimiento de la construcción europea: la presentación de una nueva estrategia europea de seguridad por parte de Federica Mogherini, la revisión de la estrategia de la OTAN en la cumbre de Varsovia y el proyecto de un libro blanco europeo sobre la defensa promovido por Jean-Claude Juncker y Michel Barnier, entre otros. Este renacimiento parece aún más prometedor porque se apoya en el reciente uso de las nuevas herramientas de seguridad comunes capaces de representar el valor añadido de la UE a ojos de sus ciudadanos.

2. Mejorar el uso de las herramientas de seguridad colectiva europeas

La activación de la cláusula de asistencia mutua en virtud del artículo 42.7 del Tratado de la Unión Europea (TUE) tras los atentados terroristas que tuvieron lugar en París el 13 de noviembre de 2015 refleja la voluntad colectiva europea de hacer frente conjuntamente a las agresiones armadas en un Estado miembro: sobre todo, se ha empleado para llevar a cabo acciones militares conjuntas contra el Estado Islámico, además de para reforzar la cooperación policial entre los países más expuestos.

La activación de las cláusulas de salvaguardia del acuerdo de Schengen conllevó la vuelta temporal de los controles en las fronteras nacionales de algunos países de la UE; el uso de la orden de detención europea ha permitido el rápido traslado de terroristas de un país a otro; el endurecimiento de la legislación europea sobre el comercio de armas va a complicar el paso a la acción; y la adopción y la puesta en marcha del sistema de registro de los pasajeros aéreos ("passenger name record") dota a los europeos de otra valiosa herramienta de lucha contra el terrorismo y la delincuencia organizada.

La creación de centros de registro de refugiados y migrantes ("hotspots") en Grecia y en Italia no sólo refleja una solidaridad europea económica y técnica muy necesaria, sino que además reduce la desconfianza hacia la eficacia de los controles efectuados en las fronteras exteriores del espacio Schengen, también en lo que a detección de terroristas se refiere.

La UE ya ha empleado otras herramientas disponibles para hacer frente a la inestabilidad de sus alrededores: sanciones comerciales y financieras contra Rusia tras su invasión de Crimea, puesta en marcha de una solidaridad energética con respecto a los países de Europa central y de Ucrania para reforzar su seguridad de abastecimiento, aumento de la ayuda europea a países como Turquía para que refuercen su lucha contra la delincuencia organizada, etc.

3. Reforzar la arquitectura europea de seguridad colectiva

Las autoridades nacionales y europeas deben proyectarse más allá de las emergencias que han tenido que afrontar desde hace unos años para promover una visión conjunta de la arquitectura europea de seguridad colectiva, combinando varios pilares complementarios en nuestro territorio, en nuestras fronteras y en nuestros alrededores.

Son estas autoridades las que tienen que trabajar por crear la figura de un fiscal europeo que pueda actuar de forma eficaz a la hora de perseguir criminales y terroristas, movilizando rápidamente los aparatos policiales y judiciales de los Estados miembros; son ellas las que deben promover la plena cooperación de los servicios policiales en el marco de una Europol consolidada y la comunicación efectiva de los datos recogidos por los servicios nacionales de información, creando una cultura europea de intercambio complementaria a las cooperaciones bilaterales.

Las autoridades nacionales y europeas deberían transformar Frontex en un verdadero Cuerpo europeo de guardia de fronteras, que debe dotarse de medios logísticos y humanos autónomos e intervenir para consolidar la confianza mutua entre los Estados miembros no sólo en periodos de crisis.

También deben poner más en común sus medios militares para protegernos mejor: más solidaridad en la financiación de las operaciones europeas exteriores a través del mecanismo Athena; uso efectivo de los grupos de combate y nuevas colaboraciones en materia de armamento a través de enlaces industriales y pedidos conjuntos; una estrategia gradual que aspire a lograr una cooperación estructurada permanente en materia de defensa por los Estados voluntarios; y, finalmente, un aumento y mejor coordinación de los gastos e inversiones militares, para evitar las duplicaciones y mejorar la fuerza de choque de los europeos. Este sobresalto militar constituye una condición sine qua non para contar con los medios para actuar en nuestros alrededores y en el mundo y no dejar que nuestra seguridad dependa de los aliados estadounidenses -indispensables pero deseosos de retirarse y, por tanto, favorables al principio del pilar europeo de la Alianza atlántica-.

Por último, deben ser las autoridades nacionales y europeas las que completen esta estrategia de seguridad por medio de acuerdos y partenariados que pongan en marcha las herramientas tradicionales de la UE -ayuda financiera, cooperación técnica, apertura comercial, etc.- para no depender exclusivamente de las virtudes del soft power frente a las crisis y guerras en nuestro entorno.

Todos los países de la UE tienen el objetivo de reforzar la seguridad colectiva europea, incluido el Reino Unido, que podrá participar de forma más eficaz como miembro de la UE. Tanto en materia de seguridad como en otros desafíos globales, David Cameron tiene motivos para destacar que juntos somos más fuertes.

Este texto ha sido escrito conjuntamente por Jacques Delors, presidente de la Comisión Europea entre 1985 y 1994, Antonio Vitorino, presidente del Instituto Jacques Delors, Yves Bertoncini, director del Instituto Jacques Delors, Pascal Lamy, ex director general de la OMC, y Enrico Letta, ex primer ministro italiano.

El post fue publicado originalmente en la edición francesa de 'The Huffington Post' y ha sido traducido del francés por Irene de Andrés y Marina Velasco