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El Barça logra amansar a las fieras de Celtic Park

03/10/2013 17:57 CEST | Actualizado 02/12/2013 11:12 CET

El FC Barcelona tomó el acreditado santuario céltico con un ejercicio lleno de paciencia y saber estar. Jamás se descompuso por más que su rival se atrincherara para defender su bastión. Los azulgranas evidenciaron un día más su versión camaleónica, ésa que sin desarrollar el fútbol que se hacía con Guardiola sirve igualmente para batir a contrarios impetuosos, bravos y con una hinchada envidiable.

Un Celtic Park de una solemnidad tan majestuosa como la de la Plaza de San Pablo en el Vaticano cuando el Sumo Pontífice celebra una misa; un campo donde la afición parece jugar un papel igual o más importante que los once guerreros de verde y blanco. Los hombres de Neil Lennon no desistieron nunca, alentados por una hinchada magnífica, ni siquiera cuando se quedaron con diez hombres por la expulsión de un Brown al que se le cruzaron los cables y pateó los riñones de Neymar tras derribarlo. Una expulsión tan justa como inoportuna. Fue el momento en el que el Barça vio claro el destino de la confrontación. Ya no había había vuelta atrás. No podía conformarse con un pacto de no agresión, había que lograr que los católicos sacaran la bandera blanca.

Las batallas en las trincheras, sin embargo, en un terreno plagado de trampas dificultaban la tarea. El sufrimiento para ganar aquí se da por sentado. Una plaza donde salir con las dos orejas y el rabo es cuasi una utopía. El Celtic, a pesar de su inferioridad numérica aumentó su prestancia a base de casta y vigor, y Valdés tuvo que sacar a Forrest un balón a bocajarro. En la jugada posterior, a Mulgrew le faltaron centímetros para encontrar el arco culé.

Cuando la balanza se decantaba hacia el bando local, llegó una contra iniciada por Busquets con un balón largo que amortiguó Neymar, lo aguantó y se lo cedió en profundidad a Alexis, quien oteó a Fábregas en el área pequeña, retrasó el balón y el nueve postizo culminó la acción con un gran testarazo.

Corría el minuto 76 de partido y el nueve mentiroso, ese que se asoma al área sin complejos, adelantaba al cuadro azulgrana. El plan de Martino surtía efecto. Los números le respaldan. Incluso el juego dejó algunas pinceladas de lo que puede llegar a ser este Barça.

El Barça mantuvo su patrón de juego, moldeando poco a poco la victoria ante un rival digno, que mantuvo la fe (que no el fuelle) hasta el final; moviendo la pelota y filtrando pases intermedios para las llegadas de los delanteros. A Neymar solo le faltó acertar en el remate, neutralizado por un excelente Forster una y otra vez.

Hasta Iniesta dibujó alguna fantasía oculta en este inicio de temporada. El respetable, cabal y bonachón, le aplaudió como a los buenos actores cuando se baja el telón. Martino introdujo a Song para cerrar el duelo.

Fue la noche en la que Neymar, al que aún no le han salido los dientes en Europa, demostró por qué está llamado a ser el mejor del mundo. En ausencia del número uno se echó el equipo sobre sus hombros para llevarlo a conquistar un puerto de categoría especial, de esos que puntúan doble y dan maillots de la montaña.

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