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¡Basta ya! La ONU tiene que hacer que paren los bombardeos sobre hospitales

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Imagen del hospital de Alepo tras el bombardeo

Excelencias, damas y caballeros,


El miércoles pasado, el Hospital Al Quds de Alepo fue bombardeado con ataques aéreos. Al menos cincuenta personas, entre hombres, mujeres y niños volaron en pedazos. Entre ellos, en el transcurso de estos ataques, murió uno de los últimos pediatras que quedaban en la ciudad. Fue una sucesión de ataques aéreos asesinos.


En los últimos 10 días, la ciudad de Alepo ha sufrido casi 300 ataques aéreos. Los civiles han sido bombardeados repetidamente. ¿Qué son las personas en las guerras de hoy? Apenas un producto, una materia prima, estén vivos o muertos.


En las guerras de hoy, los pacientes y los médicos son objetivos considerados legítimos. Las mujeres, los niños, los enfermos, los heridos y sus cuidadores están condenados a muerte. Hay que poner fin a estos ataques.


El pasado 3 de octubre de 2015, nuestro hospital en Kunduz, en Afganistán, sufrió un brutal ataque por parte de Estados Unidos. Fui a Kunduz y una de los sobrevivientes, una enfermera de MSF cuyo brazo izquierdo fue arrancado durante el bombardeo, me explicó algo que aún me persigue estos días.


Me dijo que cuando comenzaron los enfrentamientos en Kunduz, MSF subrayó ante el personal del hospital que el centro era un lugar seguro.


"Nosotros les creímos," aseveró. "¿Usted sabía que nos bombardearían?"


Le respondí que hasta el 3 de octubre, yo también creía que el hospital era un lugar seguro. Algo que ahora ya no puedo afirmar sobre las instalaciones médicas que están en primera línea de un conflicto.

Ya no podemos asumir que, ante un conflicto, los hospitales en pleno funcionamiento y los pacientes que luchan por sus vidas están fuera del alcance de los enfrentamientos.


En Afganistán, República Centroafricana, Sudán del Sur, Sudán, Siria, Ucrania y Yemen, los hospitales son bombardeados de manera rutinaria. Son atacados, saqueados o incendiados. El personal médico se siente amenazado. Los pacientes se esconden bajo sus camas.


Los ataques a comunidades y a los centros de salud se describen como errores, se niega la evidencia o, simplemente, la noticia se recibe en silencio. En realidad, son ataques indiscriminados y desproporcionados contra poblaciones civiles en entornos urbanos. Y, en el peor de los casos, son puros actos de terrorismo.


Los efectos de los ataques contra los centros de salud van mucho más allá del rastro de heridos y muertos. No solo destruyen una tarea destinada a salvar vidas, a dar atención médica y a proporcionar cuidados a la salud. Hacen la vida imposible. Punto.


El pasado 26 de octubre de 2015, un ataque aéreo de la coalición liderada por Arabia Saudí alcanzó un hospital de MSF en Haydan, en el norte de Yemen, dejando al menos 200.000 personas sin un centro de salud de referencia donde recibir cuidados.


Fue la primera de las tres estructuras de MSF parcial o totalmente destruidas en Yemen durante un período de tres meses. Los ataques a las instalaciones médicas de MSF ofrecen una exacta visión sobre la brutalidad de la guerra.


Los ataques a otros hospitales y clínicas -y también escuelas, mercados, lugares de culto- se han convertido en una rutina. Los trabajadores de la salud locales cargan con el peso de estos abusos. Estamos ante un callejón sin salida. Un callejón mortal.


Ya no podemos asumir que, ante un conflicto, los hospitales en pleno funcionamiento y los pacientes que luchan por sus vidas están fuera del alcance de los enfrentamientos. Porque los hospitales y los pacientes han sido arrastrados hasta el campo de batalla.


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Imagen de un joven tras el bombardeo del hospital en Kunduz, en Afganistán, 2015


En Jasim, una ciudad en el sur de Siria, los ciudadanos han protestado frente a un hospital. Quieren tratar de evitar su reapertura. Ellos saben bien lo que ocurre con los hospitales en funcionamiento.


Estamos frente a una epidemia de ataques a las estructuras de salud, lo que impide llevar a cabo nuestra labor principal de prestar atención médica y salvar vidas. Y hasta la fecha, nuestros repetidos llamamientos para que se lleven a cabo investigaciones independientes sobre estos ataques no han sido atendidos.


La rendición de cuentas empieza con la investigación de los hechos, de forma independiente e imparcial. Los autores de los ataques no pueden ser, a su vez, investigadores, jueces y jurados. Pero no se equivoquen: nosotros vamos a seguir denunciando los ataques a las estructuras sanitarias. Siempre.


Vamos a hablar en voz alta y con la fuerza que da el testimonio en el terreno. La medicina no debe ser un oficio mortal. Los pacientes no deben ser atacados o sacrificados en sus camas. Nosotros, los médicos, hacemos un juramento cuando nos unimos a la profesión médica.


Nos comprometemos a tratar a cada persona, independientemente de lo que son, independientemente de su religión, su raza, o de qué lado luchan. Incluso si son combatientes heridos, o si están etiquetados como criminales o terroristas.


Los hospitales no deben ser atacados, y los grupos armados tampoco deben entrar en las estructuras de salud a la fuerza, a la búsqueda y captura de pacientes. Dar la espalda a estos principios básicos es dar la espalda a la base de la ética médica.

No vamos a dejar atrás a los pacientes. Y no vamos a permanecer en silencio. Pedir o dar asistencia sanitaria no debe ser una sentencia de muerte.


La ética médica no puede ser enterrada por la guerra. La neutralidad de la atención médica en tiempo de guerra no puede ser erradicada por los intereses de un Estado, algo que se da especialmente en épocas de lucha contra el terrorismo y de lucha contra la insurgencia. Son momentos de turbios enfrentamientos.


La naturaleza de la guerra puede haber cambiado, pero las reglas de la guerra no deben hacerlo.


Ustedes son los responsables de proteger la paz y la seguridad. Sin embargo, cuatro de los cinco miembros permanentes de este Consejo de Seguridad están asociados, en distinta gradación, con diversas coaliciones responsables de diferentes ataques a estructuras de salud en el último año. Estas son la coalición liderada por la OTAN en Afganistán, la coalición dirigida por Arabia Saudí en Yemen, la coalición respaldada por Rusia y la coalición en Siria.


Ustedes deben ser un ejemplo para todos los estados.


Repito: estos ataques deben pararse. La resolución que hoy se discute no debe quedarse en mera retórica. Esta resolución no puede terminar como tantos otras -incluyendo las referentes a Siria en los últimos cinco años-: violadas de forma rutinaria, con total impunidad.


En Siria, donde los ataques a la salud suceden de manera sistemática, se niega cínicamente la atención médica en las zonas sitiadas.


Asuman sus obligaciones. Deben garantizar la protección de la prestación de asistencia sanitaria en caso de conflicto. Deben dar apoyo a la obligación que tienen los trabajadores de la salud de ofrecer tratamiento a todos los enfermos y heridos sin discriminación.


El doctor Maaz, el pediatra asesinado en Alepo la semana pasada, murió por salvar vidas.


Hoy, aquí, queremos recordar su humanidad y valentía. Un homenaje que se extiende a los pacientes, a las enfermeras, a los médicos, a las comunidades y a todo el personal de MSF atrapado en las zonas de conflicto.


Por su bien: deben transformar la presente resolución en acción. Deben volver a comprometerse -sin ambigüedades- en el cumplimiento de las normas acordadas en caso de guerra.


Esta resolución debe llevar a todos los estados y actores no estatales a detener estas carnicerías. También debe presionar a sus aliados para que pongan fin a los ataques a las estructuras sanitarias y a las poblaciones en zonas de conflicto.


No vamos a dejar atrás a los pacientes. Y no vamos a permanecer en silencio. Pedir o dar asistencia sanitaria no debe ser una sentencia de muerte.


Ustedes serán juzgados, no por sus palabras de hoy, si no por sus acciones.


Su labor acaba de empezar.


Hagan que esta resolución salve vidas.


Gracias.


Este post fue publicado originalmente en 'The World Post'