La Grecia de la que nació Europa no habita fosilizada en los museos ni tampoco subsiste recreada en las metopas y columnas de nuestros edificios oficiales. Aquella Grecia que todavía nos seduce sigue viva en los griegos de hoy. La helenidad clásica no es un trampantojo. Está en la piel del país real, en su lengua, costumbres y cultura. Patrick Leigh Fermor vivió muchos años atrapado por la susurrante ondulación del Egeo, al sur del mítico Peloponeso, y no dudó en afirmar en Mani que: "Lo más impresionante y revelador de los rostros helenos... son los ojos. Detrás de ellos parece hallarse, enroscada, toda la historia griega". Pues bien, esa historia que se enreda en los pliegues de la mirada helénica es también nuestra historia, la historia de Europa. Esta "verdad viva", de la que hablaba Seferis, sigue firme y enérgica en la identidad actual de una nación esencialmente europea ya que conecta milagrosamente la tradición helénica y la modernidad.
A pesar de los avatares sufridos después de más de dos milenios de agitada historia, Grecia sigue siendo la Grecia hablaba y escrita por boca y pluma de Hesiodo, Píndaro o Sócrates. Es posible que esta circunstancia no impresione a quienes otorgan carnets de europeidad de acuerdo con el abecedario de las agencias de calificación. Pero es indudable también que, por mucho énfasis contable que pongan los llamados "hombres de negro" al dictaminar quiénes son dignos de Europa y quiénes no, lo que nadie puede discutir - al menos desde hace dos milenios y medio- es que fue un europeo llamado Esquilo quien proclamó que: "Aun en medio de los mayores males, conceded a vuestra alma el goce que a diario se os ofrece en la vida; entre los muertos las riquezas no sirven de nada".
Que Europa no puede serlo sin Grecia, lo explica Odysseas Elytis cuando dice: "Soy griego no sólo por casualidad sino también orgánicamente, desde la perspectiva de que habito el mismo paisaje inalterable homérico y llevo en mi sangre a Platón". De ahí que no pueda entenderse nuestro continente sin contar con la Grecia de hoy, que es la actualización de la que fertilizó Occidente cuando puso en marcha una paideia que sigue nutriendo los fundamentos de lo que somos como europeos. Se equivocan quienes reprochan a los griegos haber condicionado la estabilidad de la quebradiza arquitectura institucional de Bruselas. Nuestros vecinos han sido el espejo en el que todos los europeos hemos reflejado plásticamente la hybris de una hipermodernidad capitalista que ha sacado a la luz el abismo que se esconde cuando se renuncian a los límites.
Un consejo final para los navegantes de la literatura que comparten, con Borges, que leer es siempre una de las actividad más resignadas, civiles e intelectuales que estén al alcance de cualquiera. Ciudades a la deriva, de Stratís Tsircas, una fascinante trilogía escrita en los años 60 por uno de los últimos griegos alejandrinos que, como Kavafis, despidió la milenaria helenidad egipcia. Y es que entre la oscuridad de los relatos que se solapan como una anticipación de nuestro devenir, se trazan también los surcos de una débil esperanza.
Es el parafraseo de una cita que leí hace muchísimos años en el prólogo escrito por un predecesor de su actual cargo a un libro de H.P. Lovecraft . .
Por último, quería lanzar unas preguntas al viento como quien manda un mensaje en una botella con una muy débil esperanza .
Mañana al parecer se va a aprobar una ley a propuesta de CIU para "tipificar la violencia urbana como delito y fortalecer la seguridad en manifestaciones" :
¿Es necesario transformar a los ciudadanos en delincuentes de forma que pueda resultar prácticamente aleatoria? Se han visto fotografías de ancianas llevadas en vilo por las fuerzas de seguridad. Mientras, las protestas han sido todas bastante pacíficas, lo que considerando el lógico enfado, dice mucho a favor de los ciudadanos.
¿Es necesario ponerse la venda antes de una muy hipotética herida?
Es una verdadera pena que en estos momentos tan críticos el Estado piense principalmente en blindarse ante sus ciudadanos.
Las urnas hablan, las griegas lo hicieron, las de hoy y las ya eternas en sus odas, y es casi la única participación que nos ha quedado a los ciudadanos.
También se participa últimamente mucho en movimientos de protesta que surgen más o menos espontáneos en las redes sociales con acciones más o menos provechosas y reacciones en muchas ocasiones demasiado contundentes.
Pero vuelvo a insistir en la reflexión, los ciudadanos quieren participar en lo que sea que vendrá, estamos ante una crisis sistémica, y muchas cosas deben ser repensadas.
No se pueden pedir esfuerzos, que se antojan inútiles y abusivos, y además pasividad ante la incertidumbre que parece abatirse sobre nuestras cabezas.
He visto este artículo hoy. Me alegra que el señor Lassalle vea surcos de esperanza, yo no me siento optimista a corto ni a medio plazo ¿los bueyes del sol? No sé.
Habría que poner los medios necesarios para mejor utilizar los recursos, los monetarios, pero sobre todo los humanos. Y metodologías de participación social. Pero no sé si estamos preparados, ni los ciudadanos, ni sobre todo la clase política.
Respecto a Borges, leer es poder viajar por mil mundos sin moverse de la butaca.y al levantarnos puede que el mundo en que se encuentra esa butaca haya cambiado ligeramente.
Felices lecturas.
la ultramodernidad, de venir, lo hará tras la renuncia al chopped.
+ChoppedNO
Su artículo me parece precioso. Creo que no es de recibo que se esté planteando o se haya planteado la posibilidad del abandono del euro, que significa situarse fuera del proyecto de Unificación europea, de un país, Grecia, en cuyo "solar" nacieron nuestras esencias más "caras" como europeos. Si a los responsables de que Grecia haya caído en un "pozo económico", se les trasladara a la Atenas actual y se les enseñara el Ágora, donde paseando Platón, Aristóteles, sus discípulos, con la palabra pusieron las simientes de nuestro pensar europeo, de nuestra civilización, a lo mejor esto les haría reflexionar en el buen sentido.
Me permito aconsejarle una obra maravillosa: "Paideia. Los ideales de la cultura griega", de Werner Jaeger, autor alemán, precisamente. De la misma nacionalidad que Jürgen Habermas, filósofo contemporáneo nuestro, uno de los más firmes europeístas, que es plenamente consciente de lo que nos estamos jugando con esta crisis política,económica y moral.