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Aprovechemos el ejemplo de Michelle Obama para igualar oportunidades

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Foto: EFE

Hace una par de semanas, Michelle Obama habló en Washington ante quienes asistíamos a las Reuniones de Primavera del FMI y del Banco Mundial sobre un tema de enorme vigencia y que bien vale la pena compartir.

La primera dama de Estados Unidos se presentó ante nosotros para lanzar internacionalmente un notable programa que está en marcha desde el año pasado en su país. Se trata de Let Girls Learn ("Dejemos que las niñas aprendan"), una iniciativa que incluye cooperación para educación, empoderamiento y liderazgo, salud y nutrición, prevención de la violencia de género y prevención del matrimonio temprano o forzoso, entre otros.

Los expertos en desarrollo sostienen -y en esto no hay diferentes escuelas de pensamiento- que la educación es uno de los medios más eficaces para fomentar el desarrollo económico. Basta sólo un dato para graficar con elocuencia lo anterior y su impacto en la población femenina: un estudio del Banco Mundial estableció que el ingreso asalariado de por vida de una mujer aumentaba en un 18% por cada año de asistencia a la escuela secundaria.

Otro estudio subraya que el elemento fundamental en la igualación de oportunidades para los niños en general, en América Latina está dado por el nivel educativo de la madre. En efecto, se trata del factor clave que puede contribuir notablemente a superar la brecha de oportunidades que aún existe en nuestra región.

Hoy por hoy, en el mundo hay 62 millones de niñas que no asisten a la escuela (la mitad de ellas son adolescentes; el fenómeno también se conoce en nuestro continente como "deserción escolar".

La CEPAL es concluyente en cuanto a que las mujeres que han cursado la educación secundaria alcanzan réditos mayores en los mercados laborales en comparación con los varones.

Estas muchachas tienen pocas oportunidades económicas y son más vulnerables al VIH/Sida, al embarazo temprano y a variadas formas de violencia. Lamentablemente, es América Latina donde la iniciación sexual de las niñas es más prematura en el mundo, 22% de las menores de quince años, según datos de UNICEF. Pero cuando una niña recibe una educación de calidad, es muy probable que encuentre una forma digna de ganarse la vida, que críe a una familia sana y educada, y que mejore la calidad de vida de ella misma, de sus familiares y de su comunidad.
En el caso de las jóvenes, la asistencia a la educación secundaria está directamente relacionada con matrimonios y embarazos más tardíos, con menores índices de mortalidad materna e infantil, con tasas de natalidad más bajas y con menores índices de VIH/sida.

Diversos estudios llevados a cabo en Latinoamérica durante los últimos quince años demuestran que las políticas tendentes a que las jóvenes accedan a la educación secundaria han sido exitosas y, en la actualidad, son más las niñas (55%) que acceden a educación secundaria y terciaria que los varones (49%) en áreas urbanas, según datos de Naciones Unidas. No obstante, estos indicadores se revierten cuando se habla de las áreas rurales y de menores ingresos.

Haciéndose eco de la iniciativa de Michelle Obama, el Banco Mundial pretende reservar un total de 2.500 millones de dólares durante los próximos 5 años para promover su iniciativa global por más educación femenina en naciones de bajos ingresos. Vincularse a esta iniciativa de Let Girls Learn o complementar políticas propias con recursos de instituciones como FONPLATA, debe ser considerado como una oportunidad para nuestros países y así profundizar sus políticas de inclusión educativa en las regiones más desfavorecidas y postergadas, donde aún no se llegó.

La CEPAL, por su parte, es concluyente en cuanto a que las mujeres que han cursado la educación secundaria alcanzan réditos mayores en los mercados laborales en comparación con los varones, de modo que las políticas tendentes a retener en la escuela a las niñas también contribuyen a reducir las brechas salariales entre ambos sexos.

El desafío vale la pena. En tiempos de austeridad económica, se trata de una inversión de alto rédito, ya que el impacto en materia de equidad a medio plazo ha de contribuir a un cambio estructural en la generación de oportunidades. Extender la educación secundaria, de las niñas en particular, lo justifican totalmente.