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El Brexit y sus cinco salidas

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Foto: REUTERS

Tenemos ya empacho de #Brexit cuando solo han pasado tres semanas, eso sí, intensamente plagadas de duelo e inmolaciones públicas, en las que hemos visto cómo Reino Unido y Europa pasaban por todas las fases de una crisis que describía la Dra. Kübler-Ross (negación, ira, negociación, depresión y finalmente, aceptación).

Pero no nos engañemos, la cuestión ya no es si el Reino Unido abandonará o no la Unión Europea, sino cómo hará la salida.

Y las salidas, como comenté en el artículo El Brexit, ¿hecatombe Jurídica?, podrían ser cinco:

1.- Hacerse los noruegos: es decir, permanecer en el EEE (Espacio Económico Europeo); una forma de participar en el mercado de la Unión sin tener que estar tan Unidos.

2.- Hacerse los suizos: si la opción del EEE resultara demasiado asfixiante, y como hizo Suiza vía referéndum, sería preferible volver a la vieja y conocida AELC (Asociación Europea de Libre Comercio). Sería como volver al lugar donde más cómoda ha estado Gran Bretaña históricamente, junto a Austria, Dinamarca, Noruega, Portugal, Suecia, Suiza, Finlandia, Islandia y Liechtenstein.

3.- Hacerse los turcos: buscar algo similar al tratado de Ankara, es decir, un espacio común para la libre circulación de mercancías, personas y capitales con restricciones acordadas taxativamente.

4.- Echarse a la mar: volver a izar el pabellón británico a lo largo y ancho del mundo con una intención fundamentalmente mercantil, sin mayores pretensiones de alianza o unión pero muy pendientes de Estados Unidos y los viejos aliados de la Commonwealth. Como miembro de la OMC (Organización Mundial del Comercio) y un agente fundamental en la negociación de los tratados de la TTIP (Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión), esta sería una situación muy cómoda para el Reino Unido.

5.- Seguir tejiendo redes: la realidad es que nunca han dejado de hacerlo, ni con las Américas, ni con Asia, ni con África, ni con Oriente Medio. El Reino Unido es un ejemplo para la diplomacia mundial, que le ha permitido mantener una hegemonía mercantil y financiera envidiable. En este escenario, seguirá tejiendo una red de acuerdos comerciales bilaterales con la UE o con cada uno de los países que la componen, tejiendo una compleja tela de araña para sus exportaciones e importaciones.

En cualquier caso, la decisión del Brexit, apoyada mayoritariamente, o al menos por una mayoría democráticamente aceptable del pueblo británico, no nos extraña del todo a quienes vivimos y trabajamos allí. Es una decisión que obedece fundamentalmente al deseo del Reino Unido de mantener su idiosincrasia desde la plena consciencia de que su mayor fortaleza es poder seguir siendo una potencia independiente de carácter mercantil, financiera y jurídica, además de lingüística, y para ello necesita independencia en la toma de decisiones que afectan a estas áreas.