Huffpost Spain
BLOG

Los artículos más recientes y el análisis de la actualidad a través de las firmas de El HuffPost

Luke van Ratingen Headshot

Así es tener 14 años en el año 2016

Publicado: Actualizado:
CHICO ADOLESCENTE
GETTY IMAGES
Imprimir

Así es mi vida con 14 años. No soy un niño ni soy un hombre. Estoy ahí entre medias. En una especie extraña de limbo. A veces tengo pensamientos muy infantiles. Pero, otras veces, los pensamientos me pillan por sorpresa y hacen que me pregunte: "¿Es así como piensa un hombre?".

Tener 14 años significa que eres medio maduro. La gente empieza a respetarte, pero aún puedes hacer el tonto y ser un niño. En cierto modo, se tiene lo mejor de los dos mundos.

Puedes molestar a los profesores sin llegar a tener problemas serios con ellos porque siguen pensando que "solo somos niños". Una vez, toda mi clase se puso de acuerdo para no contestar a ninguna pregunta de ningún profesor durante todo el día. El profesor se volvió loco de frustración. Cuando sea mayor, no podré liarla así. Se esperará de mí que sea maduro en todas las situaciones.

Todos queremos ser los más altos, los más rápidos, los más listos y los más guais.

Con 14 años, tengo toda la vida por delante. Cosa que me produce entusiasmo y miedo a partes iguales. Es una etapa de evolución: una transición de niño a adulto. Una etapa en la que intentas ser el adolescente perfecto y sacar buenas notas, hacer el mejor tiempo en los 200 metros (o en cualquier deporte que te apasione), tener el mejor perfil de Instagram, la mayor cantidad de "me gusta" en Facebook. Es una etapa en la que lo que define a una persona no son sus actos, sino el número de seguidores que tiene. Pero todos queremos ser los más altos, los más rápidos, los más listos y los más guais. Todo eso concentrado en un cuerpo y un alma que solo llevan vivos 14 años.

Además, estás hasta arriba del estrés que provocan las relaciones personales, los estudios y la cruda realidad de que este mundo es un completo desastre. Cuando encendemos la televisión, siempre nos ciegan las mismas noticias horribles: asesinatos, terroristas suicidas, tiroteos, niños que mueren. Sigo sin entender qué sentido tiene la guerra. Seguimos viviendo en un mundo dominado por el racismo. No me cabe en la cabeza que haya gente que juzgue a los demás por su color de piel.

Como si se tratara de un camino bifurcado, a los 14 llegas a un punto en el que tienes que tomar decisiones. Hay demasiada presión como para equivocarse.

En tu cabeza, un angelito te dice que vayas a clase, pero tu parte diabólica piensa: "Por una vez no va a pasar nada... ¿de verdad quieres seguir siendo el ojito derecho del profe?".

Por ejemplo, puedes estar en la parada de autobús y que tu amigo te diga: "¿Y si no vamos a clase y pasamos el día en la playa?". Imagínate la presión en ese momento. En tu cabeza, un angelito te dice que vayas a clase, pero tu parte diabólica piensa: "Por una vez no va a pasar nada... ¿de verdad quieres seguir siendo el ojito derecho del profe?".

A medida que pasa el tiempo, la presión de grupo va siendo cada vez más intensa. Los niños de 14 años nos preparamos para el futuro, en el que puede que haya drogas o alcohol, y todos volveremos a pasar por esos dilemas morales, pero con cosas que tendrán peores consecuencias que saltarse un día de clase.

Queda tener la esperanza de que la infancia te haya dado la fortaleza suficiente como para lidiar con cualquier cosa que la vida te ponga por delante.

A nadie le gusta hablar de la pubertad. Pero es una realidad cuando se tienen 14 años. Cuando das el estirón te das cuenta de lo que mola ser alto.

La fase del cambio de voz me parece bastante interesante. Es una sensación rara. Hace poco estaba hablando con una chica muy guapa. Pensé que la cosa iba bien hasta que me salió un gallo y empecé a sonar como una criatura alienígena que intentaba comunicarse con una mezcla de tonos graves y agudos; a partir de ahí fue una caída en picado.

Tener 14 años implica experimentar cambios de humor locos. Hay momentos en los que te sientes en una nube, pero luego hay días en los que estás por los suelos. Y luego está todo ese sinsentido del vello en el que no quiero meterme.

Con 14 años, la familia es una parte muy importante de mi vida. Son mis padres los que me quieren y me llevarán a la cama si me quedo dormido en el sofá viendo una película. Intentan empatizar con lo que estoy pasando pero la verdad es que ellos pasaron la adolescencia hace mucho tiempo y sus recuerdos están bastante difusos. Además, las cosas han cambiado un montón desde que ellos tenían mi edad. ¿Cómo habrían sido si hubieran tenido internet en los viejos tiempos? ¿Habrían sido unos adictos al iPad o habrían resistido a la tentación? ¿Habrían mentido en las redes sociales, habrían fingido que la vida les sonreía cuando en realidad no era maravillosa en absoluto?

Tengo suerte de contar con amigos divertidos y considerados, tanto chicos como chicas. Practico atletismo y hace poco competí en los International Children's Games, en Taiwán, y conocí a gente genial allí, especialmente a niños canadienses y a alemanes. Los echo de menos aunque haya tenido poco tiempo para conocerlos.

Mis amigos se preocupan por mí, me tienen entretenido y sé que estarán ahí para mí en los momentos en los que no quiera compartir mis problemas con mi familia.

Con 14 años tengo mis propios sueños, que para mí son únicos. Quiero lograr un montón de cosas, ser médico cuando sea mayor y hacer del mundo un lugar mejor a mi manera. Pero en solo cuatro años más seré adulto. Quiero disfrutar de mi juventud sin preocuparme por el futuro. No sé si es bueno o malo que mi infancia se vaya a acabar pronto.

Este post fue publicado originalmente en la edición australiana de 'The Huffington Post' y ha sido traducido del inglés por Lara Eleno Romero.