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Cómo cargarse a un ministro en siete pasos

13/11/2013 17:50 CET | Actualizado 13/01/2014 11:12 CET

Primer criterio unánime entre exministros y fontaneros: "Los presidentes del Gobierno no están dispuestos nunca a dar la sensación de que la opinión pública influye en sus decisiones". Así que si queréis que Wert se vaya del Gobierno, dejad de pedirlo directamente. Hay que buscar otras tretas. ¿Qué factores tienen que confluir para que un presidente se cargue a uno de sus ministros? Desde luego, que sea el peor valorado no es un argumento válido, porque al final el más despreciado en las encuestas protege al resto de ministros desgastados. Segundo criterio unánime: "Es muy fácil nombrar a un ministro y muy difícil cesarlo", suscriben los consultados. Existe un manual no escrito, en el que el orden de los factores no altera el producto y que hemos podido pulsar entre quienes lo han padecido.

1.- El análisis coste-beneficio

Un ministro será cesado cuando el presidente perciba que el desgaste le está empezando a perjudicar personalmente. "Lo más importante es la opinión sobre el cuestionado que tiene el presidente, sobre todo en un Gobierno con mayoría absoluta, porque en un Gobierno de coalición los condicionamientos son diferentes", dice el presidente del Congreso, Jesús Posadas, quien durante tres años fue ministro de Aznar. Recuerdan sus subordinados que Posadas, ante propuestas arriesgadas de sus secretarios de Estado, respondía jocosamente "esto lo defendéis porque a vosotros solo os pueden cesar los viernes en el Consejo de Ministros y a mi cualquier día de la semana". La realidad demuestra que al final el contagio acaba tocando a todo el Ejecutivo: "Es lo que pasó con Cascos y el Prestige. Ni tan siquiera Rajoy salió indemne", dice un diputado nacionalista.

2.- El calendario

El presidente tiene que vestir el cese del molesto personaje. Nunca va a echarle en solitario. Lo habitual es que busque una excusa en el calendario, ya sean citas electorales o hitos parlamentarios. En este caso las elecciones europeas de mayo proporcionan un argumento que justificaría una crisis de Gobierno, aunque en la lista de Bruselas no quepa más que un ministro. Cabe otra oportunidad más temprana: "Con la presión tan fuerte que hay en el caso de Wert, Rajoy no lo va a hacer ahora mismo, pero el día que se apruebe definitivamente la LOMCE, y haya cumplido su cometido, podría prescindir de él", apunta sin convicción Manuel Chaves, exvicepresidente de Zapatero. Esto fue precisamente lo que hizo Zapatero con la ministra de Educación, María Jesús San Segundo, que a las 24 horas de aprobarse la LOE fue cesada.

3.- La cartera que desempeñan

La cartera de Educación es una fuente histórica de conflictos. Partimos de una materia sensible, que en ningún momento de la transición se ha resuelto con un alto grado de satisfacción. Los estudiantes y los padres, los sindicatos y el impacto social la convierten en dinamita. "No hay más que recordar a Felipe González y Maravall. El entonces ministro de Educación era uno de los ideólogos de referencia del presidente, además de amigo. Pero el Cojo Manteca pudo con todo eso", recuerda uno de los miembros de aquel Gobierno. "Se nos han olvidado las movidas de Esperanza Aguirre en su etapa de ministra de Educación, pero fueron muy gordas", apostilla un diputado popular que estuvo en el Gabinete de Aznar.

4.- La personalidad del presidente

"Con Rajoy se puede sobrevivir eternamente. Los cambios no van con su personalidad", dice cargado de razón un popular. "Aznar y Zapatero compartían criterios exóticos a la hora de elegir Gobiernos. Tantas mujeres, un ministro catalán en tal cartera, una ministra embarazada a Defensa... La razón por la que lo hacen, para ocupar más líneas en la historia", afirma un exministro socialista. "Estos nombramientos un poco a la ligera funcionan muy bien en la prensa el primer mes, pero cuando se convierten en un lastre, lo complicado es deshacerse de ellos. Deberíamos actuar con mayor normalidad a la hora de la salida, sin convertirlo en un drama, ser más british", defiende un fontanero del PP.

5.- La personalidad del ministro

Ser una estrella tiene sus inconvenientes. Los propios compañeros son los primeros que te critican si te pierden las boutades, las gracias y la prepotencia, como es el caso de Wert y Montoro. Eso sí, si el ministro cuestionado pasa a su lado mientras desmenuzan sus paridas, no tienen problema en palmearle la espalda y con una enorme sonrisa saludarle. La risa involuntaria o paratimia del ministro de Hacienda cuando anuncia medidas y recortes, ha sido uno de los asuntos más criticados por sus colegas, al igual que la españolización de los niños catalanes de Wert.

6.- Factores externos, corrupción o escándalos

Sobre el papel, la teoría dice que la corrupción es determinante. Fue el caso de Vicente Albero, ministro de Agricultura con Felipe González, que no declaró una inversión de 20 millones de pesetas en el despacho de Manuel de la Concha. Este criterio no es aplicable a Rajoy. Los deportivos de lujo aparcados en el garaje de Ana Mato, los viajes y las fiestas de cumpleaños pagados por la trama Gürtel, no han sido suficientes para cambiar el criterio del presidente. Resistir, resistir y resistir, es la consigna de Rajoy. "Hay un asunto personal que puede dinamitar a Wert. Y es que él mismo se vea en la tesitura de tener que cesar a su secretaria de Estado, y pareja sentimental, Montserrat Gomendio", apunta con suma discrección un colega de Wert. El divorcio de Gomendio está en los tribunales y en la prensa como consecuencia de su importante fortuna.

7.- El vacío de los otros ministros

Ser un outsider es un activo en contra. Wert, Morenés y Margallo no son pata negra del partido. Pero Morenés no toca las narices a nadie y Margallo es amigo íntimo del presidente, mientras que Wert resulta un prepotente a sus propios colegas del Consejo de Ministros. "Como todo el mundo sabe que no te van a cesar a ti solo, los demás comienzan a apartarse de tu lado para evitar acompañarte en la caida. Se produce un vacío a tu alrededor, sutil pero vacío", explica un socialista recordando los últimos tiempos de Mª Teresa Fernández de la Vega, a la que tenían muchas ganas.

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