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Las 50 fases de la falta de sueño

02/03/2015 07:18 CET | Actualizado 01/05/2015 11:12 CEST
Sarah Bregel

Mi yo embaraza se había imaginado que el bebé número dos sería el bebé fácil, el bebé dormilón. Pero me temo que estaba equivocada. ¡Ya sé cómo acunarlo!, pensé. ¡Conozco todas las técnicas! Sé todo sobre el sonido ambiental y la sobreestimulación. ¡Ya lo tenemos pillado! Bah... ja, ja, ja. Lo único que pillamos fue un bebé de ocho meses que nunca duerme. Ni envuelto en mantitas, ni en el asiento del coche de última generación ni en la sillita de paseo. Tengo un hijo que mira absolutamente todo y que levanta la cabeza para observar a su alrededor al menor crujido, aunque lleve horas y horas sin dormir. Tengo un hijo que lucha contra el sueño como nadie, que se queda frito durante diez minutos y luego da guerra toda la noche. Tengo un hijo que se despierta gritando al segundo en el que el pezón sale de su boca o su cuerpo toca algo que carece de pulso. Ahora que he vivido un periodo tan intenso de falta de sueño con este niño, sé lo importante que es dormir. El sueño puede repararte o romperte. Estar meses sin dormir te puede destrozar la vida y dejarla como una jaula de hámster: hecha mierda.

Éstas son las 50 fases del insomnio. Y lo digo por experiencia...

1. Empiezas a llevar al niño al colegio sin sujetador, a pesar de que los pechos se te van para todos lados.

2. Ducharse se convierte en algo del pasado o en lo único que hacer durante el día para salir del abismo. Hasta que todo el mundo empieza a gritar y te das cuenta de que no merecía la pena.

3. Todo lo que hace tu marido te molesta.

4. Todo lo que NO hace tu marido te molesta.

5. Empiezas a entender la capacidad de los caballos para dormir de pie.

6. Quedarse dormido en el baño parece una buena opción. Hasta que, de nuevo, todo el mundo empieza a gritarte.

7. Colocas la mitad del lavavajillas antes de darte cuenta de que los armarios están llenos de platos sucios y asquerosos.

8. Tienes una pila de 18 libros sobre el sueño en la mesita de noche.

9. Estás demasiado cansada como para leértelos.

10. Tratas de convencerte a ti misma de que todos los capítulos de Angelina Ballerina que tu hija ve son educativos.

11. Consideras la opción de contratar a un coach del sueño, pero cuelgas cuando te das cuenta de que no sabes qué número has marcado.

12. Por desesperación, dejas que tu hijo llore mientras tú sollozas y devoras medio cartón de vino.

13. Pero te sientes tan culpable por dejar que el bebé llore que te quedas toda la noche despierta pensando en sus niveles de cortisol que, seguramente, estén por las nubes.

14. Empiezas a mandar mensajes de texto, por Facebook o e-mail a cualquier persona (incluidos completos desconocidos) que haya pasado por lo mismo que tú para que te dé palabras de ánimo.

15. Eliminas "vestirme" de tu lista de tareas diarias.

16. En un día, 32 personas te recuerdan lo bien que han dormido.

17. En ese mismo día, 28 personas te recomiendan que lleves al niño en un portabebés de tela y te miran con ojos de sorpresa cuando les dices que lleva sin dormirse así desde que tenía cuatro meses.

18. 12 personas al día te dicen que dejes que el bebé llore.

19. 50 personas al día te dicen que disfrutes "cada minuto", aunque ni siquiera puedas pararte a pensar en lo que son los minutos.

20. Te instalas aplicaciones en el móvil pensando que quizás la falta de sueño sólo es un hito en el desarrollo del bebé.

21. Borras la aplicación cuando te das cuenta de que no es un hito del desarrollo lo que mantiene a tu hijo despierto. Ha estado así de despierto desde que nació.

22. Después de tu quinta llamada histérica, tu hermana, que ha ido y ha venido, al final decide que nunca tendrá hijos porque: "Definitivamente, no, no puedo con esto".

23. Escribes a un coach del sueño para ver cómo funciona la cosa.

24. Le dices a tu marido que nada funcionará y que todo es culpa tuya porque estabas demasiado estresada durante el embarazo y porque de vez en cuando comiste queso brie.

25. Dejas de sacarte el pecho a cada instante y de intentar que el niño se duerma en cualquier lugar que no sea encima de ti y aceptas que duerma contigo en la cama.

26. La gente te dice que nunca podrás sacar al niño de tu cama, que tomará el pecho hasta que entre al colegio y que acabarás divorciándote.

27. Le dices a tu hija que se calle 18.564 veces al día.

28. Ella se ofende, se pone a lloriquear cada dos por tres y comienza su propia regresión del sueño.

29. Te pasas las noches intentando conseguir que la gente duerma, tan pendiente por si alguien se despierta que olvidas que tú también tienes que dormir. Tus días comienzan a las 3 de la mañana y sobre las 7.30 te parece que ya es medianoche.

30. Vuelves a abandonar el hábito de dormir con el bebé cuando te das cuenta de que así tampoco duerme. Lo que hace es, literalmente, morderte, obligándote a probar posturas cada vez más incómodas.

31. Sobre las 6 de la mañana, te sientes como si hubieras pasado por la lavadora. Tienes unas ganas terribles de cerrar los ojos, justo cuando se supone que deberías empezar el día...

32. Con lo único que sueñas es con dormir.

33. La gente te dice que meter al bebé en tu cama es la mejor forma para que duerma y que a ellos siempre les ha funcionado.

34. Empiezas a recolectar números de teléfono de médicos para que tu marido se anime a hacerse la vasectomía.

35. El café te da ganas de vomitar.

36. No beber café te da náuseas.

37. Empiezas a rezar a diario.

38. Escuchas de fondo a tu marido, que también está rezando.

39. Te dices a ti misma que "esto pasará" 25 veces al día.

40. Haces planes de ir a clase de yoga aunque estés cansada.

41. Cancelas tus planes cuando te das cuenta de que estás hecha polvo, al borde del colapso, y de que por muchos ejercicios de relajación que hagas, no llegarás a sentirte ni medio bien.

42. Te quedas en casa de tu madre porque tu marido tiene que trabajar fuera UN DÍA MÁS. Quizá así se ahorra que le llames en mitad de la noche llorando al otro lado de la línea.

43. Intentas distraerte y olvidar el hecho de que él está durmiendo tranquilamente sin que nadie le dé golpes en el pezón ni le chille al oído.

44. Te planteas darte a la bebida, pero te das cuenta de que no sería una borrachera cachonda como las que solías tener. Entonces, ¿qué sentido tiene?

45. Finalmente, miras tu correo electrónico, respondes al coach del sueño y sientes una pizca de algo parecido a la esperanza.

46. Pasas una noche relativamente decente y te planteas cancelar la cita con el coach y ahorrar ese dinero que, para empezar, no tienes.

47. Pasas una noche terrible y te gastas el dinero.

48. Consigues que el bebé se duerma por primera vez en mucho tiempo y piensas que ha sido la mejor inversión de tu vida.

49. Lo celebras con una buena copa de vino tinto, pero te quedas dormida antes de acabártela.

50. Duermes durante tres horas ininterrumpidas y sientes que te puedes comer el mundo. En ese momento, te preguntas cómo es posible que no fueras muchísimo más productiva antes, cuando, sorprendentemente, podías dormir siete u ocho horas CADA NOCHE por regla general.

El post se publicó originalmente en el blog de Sarah Bregel, The Mediocre Mama. Puedes unirte a su comunidad de Facebook o seguirla vía Twitter en @SarahBregel.

Este artículo fue publicado anteriormente en la edición estadounidense de 'The Huffington Post' y ha sido traducido del inglés por Marina Velasco Serrano.

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