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Carta a Donald Trump: Soy veterana de combate y transexual. Y no soy una carga

29/07/2017 14:52 CEST | Actualizado 29/07/2017 15:49 CEST
guvendemir via Getty Images

Me llamo Tomi Kay. Prefiero no mencionar mi nombre de nacimiento, ya que aún no me he cambiado legalmente de nombre. Serví en el Ejército de los Estados Unidos desde 2008 hasta 2015 como técnico de armas. Mi labor era asegurarme de que todas las armas de fuego estuvieran en buenas condiciones para su uso. También hacía reparaciones. Alcancé el rango de cabo especialista. Estuve en la 101.ª División Aerotransportada (la división de asalto aéreo), en la 1.ª División de Caballería y en el Tercer Regimiento de Caballería Acorazada, en ese orden. Mi primer y único despliegue en operaciones de combate fue en la provincia de Gazni (Afganistán), donde serví valientemente con mis hermanos en armas durante nueve largos meses. Durante mis 7 años de servicio en activo, me concedieron 10 medallas, participé en incontables escuelas militares y fui despedida con honores tras decidir no renovar.

También soy transexual.

Decidí unirme al Ejército a los 19 años para encontrarme, por entonces, conmigo mismo, y asegurarme de que mi identificación como transexual era real y no solo una "fase". Nací en Nueva York y estaba en el colegio a 25 kilómetros de las Torres Gemelas cuando sucedió el 11S. Me dolió profundamente contemplar esa catástrofe desde la ventana de mi clase y juré que me alistaría en el Ejército en cuanto tuviera la edad requerida.

Cuando estaba en el Ejército, le confesé mi secreto a una persona en la que confiaba y acabó contándoselo a todos los miembros de la unidad. Sufrí su acoso y tuve que soportar innumerables rumores que iban circulando sobre mí. Al menos tuve claro, después de soportar todas la vejaciones y un ambiente hipermasculinizado, que era transexual, de modo que decidí asumirlo en el verano de 2015 y explorar abiertamente mi identidad de género. Empecé a contárselo a mi familia y amigos en otoño de 2016 y empecé mi transición a mujer en enero de 2017 a través del sistema sanitario del Departamento de Asuntos de los Veteranos de los Estados Unidos.

Cuando estaba en el Ejército, le confesé mi secreto a una persona en la que confiaba y acabó contándoselo a todos los miembros de la unidad.

Y aquí estoy hoy escribiendo esto, a los seis meses del proceso de transición, feliz por fin y muy orgullosa de mi sistema sanitario, que me ha ayudado a convertirme en la mujer que soy a día de hoy. Lo único que me haría aún más feliz es poder servir en el Ejército siendo yo misma, de modo que las declaraciones de nuestro presidente (Donald Trump) me han dejado destrozada. El trabajo militar es lo único que conozco, y servir junto a mis hermanos patriotas por amor a nuestro país y a nuestras libertades fue la experiencia más gratificante de mi vida y volvería a repetirla de nuevo.

Trump está echando leña al fuego de la transmisoginia al dar por hecho que todos los transexuales buscan pasar por el quirófano, algo que no es cierto, ya que es una cuestión de preferencias y de cómo afecta a cada cual la disforia de género. Voy a hablar por mí misma: soy una mujer transexual que ha decidido no someterse a ninguna operación, de modo que el argumento de los costes sanitarios es una patraña. Actualmente me estoy medicando con espironolactona para bloquear la testosterona, aunque su uso principal es para la hipertensión. También me han recetado parches transdérmicos de estradiol, que se usa para tratar algunos síntomas de la menopausia. Eso es todo. No sé a qué enormes gastos sanitarios se refiere Trump, ya que estoy segura de que hay un montón de militares ahora mismo que toman medicamentos para la hipertensión y estradiol.

Me resulta demoledor saber que fui lo suficientemente valiente como para arriesgar mi vida por este país y que ya no me lo permitirán.

Uno de los principales motivos que convierten al Ejército de los Estados Unidos en uno de los más poderosos del mundo radica en que alistarse es voluntario. Las personas que escogen ponerse en peligro para servir a su país es porque realmente quieren estar ahí. Es un orgullo ponerse ese uniforme día tras día.

No he experimentado nada mejor que formar parte del Ejército de los Estados Unidos y enfrentarme a lo desconocido para mantener a raya a aquellos que quieren hacer daño a mi país. Me resulta demoledor saber que fui lo suficientemente valiente como para arriesgar mi vida por este país y que ya no me lo permitirán. Voté por Hillary Clinton y no pierdo la esperanza de que llegue a la presidencia alguien que luche para sacar adelante los derechos de las personas del colectivo LGTBQ y mejorar nuestra calidad de vida.

Tomi

Este post fue publicado originalmente en el 'HuffPost' Estados Unidos y ha sido traducido del inglés por Daniel Templeman Sauco.

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