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¿Llevas una dieta sana de imágenes?

18/03/2017 22:46 CET | Actualizado 19/03/2017 09:45 CET
Y.D.

De un tiempo a esta parte "comer sano" se ha convertido en toda una filosofía de vida. A la hora de elegir un restaurante ya no sólo nos fijamos en la calidad y originalidad de sus platos sino también en que sean saludables. Sin embargo, no hacemos lo mismo cuando elegimos una cadena de televisión, vamos al cine o navegamos por internet. ¿Te has preguntado si las imágenes que consumes te aportan beneficios? ¿Cuidas tu cerebro o le atiborras de contenidos basura que entorpecen y obstruyen su capacidad crítica y creativa? Hagamos un análisis de la dieta de imágenes española. El resultado hará que más de uno y de una quiera salir corriendo al gimnasio... de imágenes.

Echando un vistazo rápido a la parrilla mediática nos encontramos con el primer problema: la falta de variedad. La programación actual es el mismo alimento cocinado con distintas salsas. Algunas veces hasta se solapan programas de una misma temática, como "Master Chef", "Top Chef", "Pesadilla en la cocina" y "Esta cocina es un infierno", que consiguen que el salón de nuestra casa huela a fritanga las 24 horas. O presentadores que hacen dobletes y tripletes conduciendo varios programas. Como el omnipresente Jorge Javier Vázquez, al que sólo nos falta encontrar en nuestro álbum familiar, o Alberto Chicote, que lo mismo te organiza la cesta de la compra que se coge un vuelo a Bangkok (o lo simula). Esto hace que las opciones sean escasas y deja a los espectadores con poca o ninguna capacidad de elección. Como decían nuestras abuelas: hay lentejas, si quieres las comes y si no las dejas.

Además de la falta de diversidad, la televisión hoy tiene otro gran hándicap: que prioriza entretener a informar o estimular. Entretenerse no es nada negativo si lo haces de vez en cuando, el peligro está cuando todo lo que consumes es entertainment. El Fast Thinking (haciendo una analogía con la comida rápida) se compone de contenidos divertidos y fáciles de digerir que llegan a todo tipo de público sin profundizar en nada. Basar nuestra dieta de imágenes en programas como "Mujeres y Hombres y Viceversa", "Sálvame" o "Gran Hermano" tiene unos efectos tan nocivos para nuestra salud mental como alimentarse sólo a base de hamburguesas. Estos programas enganchan con facilidad porque son muy atractivos visualmente (tienen muchos colores, cambios de cámara, escenas sexuales) y potencian el contenido emocional (peleas, gritos, romances, cotilleos...). Podrían llamarse el glutamato de la televisión, porque aportan mucho sabor, pocos nutrientes y son altamente adictivos. Ante estos programas nuestro cerebro no se esfuerza lo más mínimo, pone el modo pasivo y se deja llevar. Los efectos secundarios son devastadores: nos volvemos menos críticos, más manipulables, perdemos capacidad de atención y evitamos el esfuerzo. El "si no me gusta cambio de canal" se extiende a otras facetas de nuestra vida para eludir el compromiso y quedarse siempre en lo superficial.

Analizando las cuotas de pantalla podemos hacernos una idea aproximada de cómo es nuestra pirámide de imágenes (y si nuestra mente está en forma o necesita rehabilitación urgente). Los contenidos que más vemos son precisamente los que pertenecen al Fast Thinking. Las peleas y los cotilleos componen nuestro principal alimento y "Sálvame" (con un 21% de share) nos lo sirve a diario con tres sabores: Naranja, Limón y Deluxe. En esta franja se encuentran también los talent shows como "Tu cara no me suena todavía" o "Got Talent", que registran las cuotas más altas llegando al 24%. Los realities tipo "Gran Hermano", que se reproducen como los gremlins, rondan el 18% de share. Los partidos de fútbol también se englobarían en este grupo (alcanzando el 21%) y algunos morning shows que ofrecen un poco de todo, como el de Ana Rosa Quintana (19%). En la zona media de nuestra pirámide estarían las series de televisión, los informativos, los concursos y los late shows como "El Hormiguero", con cuotas de entre el 12% y el 17%. Los programas menos vistos son los que requieren más atención, tocan temas sociales y políticos o profundizan. En esta línea se encuentran espacios como "El Objetivo", "La Aventura del Saber", "Informe semanal", documentales y reportajes periodísticos, que se mueven entre el 1% y el 8% de share.

¿Tienen las cadenas obligación de ofrecer contenidos diversos al público o basta con darles más de lo que ya consumen? ¿En qué medida somos libres para decidir qué es lo que nos gusta o estamos condicionados por las imágenes que vemos? Algunos estudios demuestran que estos contenidos de consumo fácil producen un efecto anestesiante, que a su vez conduce a no querer salir de lo que ya conocemos. Elegir una dieta variada de relatos audiovisuales es vital para ejercitar nuestra capacidad crítica y reflexiva. Una de las consecuencias del Fast Thinking es la pérdida de juicio moral, preferimos decir "todo vale" antes que detenernos a pensar si algo está bien o está mal. Algunas personas han dejado de tener televisor en sus casas y prefieren elegir contenidos a la carta en internet. Esta podría ser una buena solución siempre y cuando no pidamos en el nuevo restaurante la misma hamburguesa de siempre. Divertirse probando cosas nuevas, poniéndose a prueba y asumiendo riesgos es algo que se puede ejercitar. Una vez que enseñes a tu cuerpo a que estas actividades también producen adrenalina y dopamina, ya no verás los viejos programas igual. Tu mente te lo está pidiendo a gritos... ¿A qué esperas para empezar?

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