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14/11/2014 17:10 CET | Actualizado 14/11/2014 17:12 CET

Enfadados somos más feos: el estrés te hace menos guapo

A estas alturas de la vida deberíamos preocuparnos más por la expresión en sí misma que por las líneas que ésta puede generar. Porque, como comprenderás, esas marcas faciales no saldrán si tú haces un esfuerzo por no caer en el remolino del enfado; de lo contrario esa expresión cabreada, amargada y crispada por los nervios acabarán convirtiéndose en el peor enemigo... de tu belleza.

¿Qué se puede hacer para evitarlo? De primeras, olvídate de las cremas-milagro: lo importante de primeras es evitar que la cara se encoja, es decir, cuando fruncimos el ceño, crispamos los labios o tensamos la mandíbula. ¡Relájate!

"La cara es el espejo del alma", repiten a diestro y siniestro. Y razón no les falta: cualquier indicio de malestar en nuestro organismo (cambios hormonales, estrés y otras situaciones psicológicas que te alteran) hace que nuestra piel de la voz de alarma y nos avise (como si no nos diésemos cuenta por nosotros mismos) en forma de irritaciones, sequedad, falta de luz en el rostro, arrugas marcadas…

“¡¿Por qué?!” Te preguntarás. Pues bien, todo tiene su explicación: el estrés supone una tensión que ralentiza el ciclo celular, entorpeciendo las funciones que tiene la piel para protegerse, mantener la hidratación y oxigenarse. Durante estos periodos, los tratamientos cosméticos que utilizamos normalmente no parecen surtir efecto alguno. Por eso, la piel necesita un tratamiento de choque que la reanime, una inyección de energía que normalice su comportamiento.

En estos casos (cuando el consejo de ‘tomarse la vida con más calma’ ya no es ni lo más mínimamente factible), lo ideal es tratar las irritaciones con cosméticos especiales para pieles sensibles y, en el caso de luchar con las arrugas de expresión prematuras, puedes buscar una especialista en gimnasia facial que te ayude a liberar el rostro.

“Para paliar la crispación que va por dentro pero se trasluce por fuera en gestos involuntarios, la única salida es serenarse. Eso que parece tan fácil de decir pero es tan difícil de hacer, tiene que llevarse a cabo libremente, sabiendo que es lo mejor para ti. Sin obligarse. Eso sí, poniéndolo en la práctica con gestos concretos”, explica María Garrigues Walker (dueña del centro Walkernine). Por eso, varias veces al día trata de relajar la cara con tres respiraciones profundas seguidas, “eso te ayudará a serenarte y a descontraer la cara”, añade. “Hazlo muy despacio y con los ojos cerrados, que parta desde el corazón, no desde el mecanismo”.