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03/02/2015 18:23 CET | Actualizado 05/02/2015 11:28 CET

Dónde está el exceso de sal que consumes cada día

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Debes tomar cinco gramos de sal al día. Es la recomendación que la Organización Mundial de la Salud (OMS) establece para los adultos en su guía sobre consumo de sal y sodio de 2013 (en el caso de los niños la cifra baja a los tres gramos si son menores de 7 años, y a los cuatro si están entre los 7 y los 10 años). Sin embargo, la mayoría de los españoles, y lo más probable es que tú también, sobrepasan este límite. Según datos publicados por la Sociedad Española de Hipertensión-Liga Española (SED-LEHLA), el consumo de sal en España es el doble de lo recomendado por la OMS para mantener los valores de presión arterial en niveles aceptables. Es decir, utilizamos una media de 9,8 gramos diarios. Y lo peor es que en la mayoría de las ocasiones no somos conscientes. Porque, ¿sabrías decir dónde está esa sal extra que consumes cada día?

"El problema de la sal no es tanto la que nosotros añadimos a la comida sino la que llevan algunos alimentos en su composición", explica la doctora Nieves Martell, presidenta de la SEH-LEHLA. Cinco gramos de sal equivale a una cucharadita de café y nadie que cocina en casa utiliza tanto en la elaboración de un menú diario. "La sal no sólo está en nuestra mano (salero), sino también en los propios alimentos de forma natural (un 80% del sodio procede de productos no manipulados como la leche, el pescado, los huevos o la carne) o añadida en productos procesados. Entre un 20% y 30% del consumo de sal añadida procede del salero, y el resto (del 70% al 80%) de este otro tipo de alimentos", continúa la especialista. Esta sal envasada la encontramos en embutidos, alimentos enlatados (atún, anchoas, espárragos...), precocinados y snacks como encurtidos o frutos secos.

Este hecho es lo que hace especialmente complicado descubrir en qué medida estamos cumpliendo con las recomendaciones de la OMS o si nos estamos excediendo como así ocurre, tanto en España como en la mayor parte del mundo. Además las etiquetas de los alimentos no lo ponen demasiado fácil. Hasta el mes de diciembre, cuando entró en vigor la nueva norma para el etiquetado de alimentos envasados, se hablaba en términos de sodio en lugar de sal, lo que complicaba el cálculo. Porque... ¿cuánta sal aporta una bolsa de patatas fritas con 0,6 g. de sodio? "La sal está compuesta de cloruro sódico, de forma que para calcular la cantidad de sal que hay en un alimento debemos multiplicar la cantidad de sodio por 2,5", explica Martell. Así, en este caso, estaríamos hablando de 2,25 gramos de sal por cada 100 gramos de patatas fritas de bolsa.

DÓNDE SE ESCONDE LA SAL

Esa bolsa de patatas es un buen ejemplo de la cantidad de sal que consumimos cada día entre los alimentos envasados del supermercado. Pero igual que se cuela en los snacks, se encuentra en las latas de atún que se añade a la ensalada, en las aceitunas o en el pan de molde del desayuno. Está en todas partes y sólo hay que ver esta galería de fotos para comprobarlo. También puedes visitar la web del Plan Cuidate Más de la AESAN.

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"Ésa es la cuestión, aunque comamos en casa y reduzcamos el consumo de comida rápida o precocinada, seguimos ingiriendo sal en productos enlatados", explica la doctora Martell, quien insiste que hasta tratando de comer sano (sin grasas, sin azúcares...) podemos pasarnos con la sal. "Una simple ensalada hecha con atún (de lata), aceitunas y espárragos, a la además se le añade sal, podría aportar casi cuatro gramos, lo que significa que estaríamos consumiendo en un solo plato casi la cantidad diaria recomendada", explica.

La buena noticia en este asunto de la sal escondida viene de la panadería. A finales de 2008, la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) puso en marcha un plan para bajar la cantidad de sal en la población, en el que se incluyeron campañas de comunicación y que se unió a una estrategia anterior para reducir cantidad incluida en el pan. De 2004 a 2009, el contenido bajó un 25%, pasando de 22 a 16,3 gramos por kilo de harina.

POR QUÉ IMPORTA TANTO

Pasarse por sistema en el consumo de sal es más preocupante de lo que a priori podríamos pensar. Como apunta la SEH-LEHLA, la ingesta excesiva de sal no se puede eliminar por los riñones, se acumula en nuestra sangre atrayendo el agua e incrementando el volumen de sangre circulante. Esto puede aumentar la tensión arterial y por tanto el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares, accidentes cerebrovasculares, cardiopatías coronarias e insuficiencia renal, apuntan desde la web de la OMS. "Son problemas muy serios de salud. Una de cada tres muertes que se producen al año en España son de origen cardiovascular", apunta Martell.

A nivel global (un 75% de la población del planeta toma el doble de lo aconsejado), los datos son igual de alarmantes. La Organización Mundial de la Salud recoge en su web que en 2012, "las enfermedades causaron casi 17,5 millones de muertes; es decir, tres de cada 10. De estas, 7,4 millones se atribuyeron a la cardiopatía isquémica, y 6,7 millones, a los accidentes cerebrovasculares".

Estas alarmantes cifras son las que hacen que sea tan importante controlar el consumo de sal y no exceder esos cinco gramos diarios recomendados. Pero eso no tiene que significar la eliminación de este producto de la dieta: el consumo mínimo debería ser de dos gramos al día. "El consumo de sal es necesario para nuestro cuerpo, ya que controla la cantidad de agua del cuerpo, regula los fluidos, y ayuda a transmitir los impulsos nerviosos, un exceso de sal es altamente perjudicial para nuestra presión arterial”, aclara Marvell.

EQUILIBRAR LA SAL

Queda claro entonces que la sal en exceso es perjudicial para nuestro organismo, pero tampoco debemos quedarnos cortos. ¿Cómo hacer entonces para equilibrar el consumo?

"La sal que añadimos a los alimentos no es lo que debería preocuparnos tanto como la sal añadida", continúa Marvell. Para esta especialista, la clave está en equilibrar: "Mi recomendación es no introducir los cuatro alimentos del grupo duro —enlatados, encurtidos, precocinados y embutidos— en el menú diario. Lo mejor es elegir uno al día", recomienda. Si calculamos un gramo de sal por cada uno (atendiendo a los datos aportados en la galería de fotos), esto significaría que consumimos en añadidos un mínimo de cuatro gramos de sal al día y que quedaría para sal de salero y de los otros productos como pan o leche sólo un gramo, y eso es demasiado poco.

Asimismo, recuerda la importancia de incrementar en la dieta la cantidad de productos frescos, "que contienen menos sal, menor cantidad de grasas saturadas y mayor cantidad de potasio, exponente básico de la dieta cardiosaludable", e insiste la importancia de no añadir ésta cuando el plato ya esté terminado o intentar sustituirla por otras especias que le den sabor. Otro truco sería lavar las conservas vegetales y legumbres antes de utilizarlas y en los restaurantes, pedir que nos sirvan la salsa separada del plato, para sólo añadir la cantidad deseada.

"Una apuesta segura es elegir alimentos frescos frente a los transformados, mucho más ricos en sal, que a menudo utilizan como conservante", añade en esta línea el doctor Francisco M. Adán Gil, autor de las guías informativas y presidente de la Fundación Española del Corazón. Y recomienda otros trucos como sazonar los platos con limón y especias, entre otros muchos, resumidos en el siguiente decálogo incluido en la guía informativa Menos sal es Más salud.

http://www.clubdelhipertenso.es/index.php/sala-de-prensa/1-notas-de-prensa/231-los-espanoles-consumen-unos-10-gramos-de-sal-al-dia-el-doble-de-la-cantidad-recomendada-por-la-oms-

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